miércoles, 16 de mayo de 2018

Biología, Sociedad, Educación



Biología – Sociedad – Educación

Los seres vivos  -y en mayor medida los humanos- gozamos de un doble componente, lo biológico y lo social.
Ello  significa que una parte de nosotros lo traemos ya al nacer inscrito en nuestros genes, mientras que otra parte se desarrolla en y mediante la acción social.
Sobre todo a medida que se avanza en la escala de la evolución de las especies.  
El componente social es menor en los seres más primitivos  y mayor en los últimos escalones de la evolución.  Hacia atrás los seres más primitivos y primarios son más instintivos que sociales, es decir, que lo que traen al nacer es más que lo que van a aprender, lo traen ya “aprendido”. Mientras que hacia adelante, los seres superiores o últimos, traemos  una parte básica instintiva mientras que lo que vamos aprender es mayor, eso sí, en base a lo inscrito genéticamente.

El ámbito social debe ser complementario del ente biológico, -no antagónico -. Ello significa que la sociedad debe complementar la parte biológica o potencial, desarrollándola adecuadamente.

La parte biológica es la que portamos en nuestros genes al nacer como potenciales a realizar.
En estos potenciales hay una parte exclusiva de los seres humanos, otra parte más de nuestros ancestros animales dentro de la evolución de la vida, y otra parte más, únicamente personal, que solo corresponde a cada individuo en particular.
El potencial genético ha de desarrollarse mediante la colaboración social, en caso contrario, los potenciales genéticos pueden quedar inhibidos, deformados  o incluso destruidos. 

Es por esto que la sociedad es complementaria de la biología –debe serlo-. En caso contrario, la sociedad  se manifiesta como un  impedimento, una degeneración que en lugar de potenciar la realización del programa genético, lo inhibe, desvirtúa, manipula o destruye. Hay que remarcar a este respecto que el ser humano, no es plenamente humano con solo nacer, sino que su plenitud la alcanzará cuando se hayan desarrollado todas las potencialidades humanas que en él están impresas.

Lo biológico y genético corresponde a la semilla en sí misma en la que están inscritas los potenciales –el árbol, por ejemplo- en que puede convertirse.  Mientras que lo social correspondería a su cultivo –de ahí procede la palabra cultura-. 
Lo biológico necesita un ambiente adecuado así como determinadas condiciones para que se desarrolle, en caso contrario lo genético –lo potencial- no llega a hacerse  realidad, fenece. 
Si la semilla no se introduce en la tierra adecuada, no se la riega y no se le proporciona los recursos necesarios para que crezca y se convierta en el árbol que está inscrito en su interior, no será nunca nada.

Este es el símil o metáfora entre lo biológico y lo social aplicable al ser humano. Si al niño, no se le educa para que desarrolle todas sus capacidades innatas y potencialidades humanas, no llegará a convertirse  en un ser humano íntegro.
Así pues, el ser humano necesita a los demás seres que configuran el medio social, para desarrollar todos sus potenciales inscritos en sus genes, tanto como perteneciente a la especie humana como lo que le corresponderá a su individualidad y personalidad propia.

La biología y la sociedad forman una unidad común en la que una parte interfiere en la otra.
De igual forma, los individuos y la sociedad forman también una unidad común con interferencias mutuas.
De modo similar a como  la genética y la sociedad forman una unidad en la que una hace a la otra y viceversa, la sociedad está formada por individuos a la vez que los individuos están formados por la sociedad.  
Ambos son causa y efecto mutuamente unos de otros. Son los individuos los que hacen a la sociedad, y es la sociedad la que a su tiempo forma a los individuos. Y vuelven a ser los individuos los que conforman y transforman la sociedad en un bucle continuo.

 Toda sociedad tiende a transmitir e inculcar  sus normas, sus costumbres, sus tradiciones, su forma de ser y de pensar, sus mitos, sus creencias, su ideología, etc., para así, reproducirse y mantenerse ella misma viva, como un organismo vivo.

Lo hacen también los individuos aislados y lo hacen a través de las instituciones construidas  por ellos, y por los medios y recursos de que disponen.

Así, la sociedad  tiende a anclarse, -puede-,  no evolucionar o cambiar un poco según le convenga o incluso retroceder, porque quienes detentan el poder y que han construido las instituciones, les interesa que así sea en cada momento porque han adquirido una serie de  privilegios que no quieren perder, entonces según vean,  son más restrictivos o más permisivos sin que esto último implique la pérdida de sus privilegios.

Históricamente, la sociedad ha ido siendo dominada por unos pocos que son quienes detentan el poder y las instituciones que han puesto a su propio servicio, dejando a las mayorías, las condiciones  mínimas de subsistencia para vivir y para que no protesten ni produzcan altercados.

Una de las instituciones que más cumplen el papel de mantenimiento y control de la sociedad es la educación. 

Aunque hay otros medios más de suma importancia como los medios de comunicación, ya que no solo educa la escuela o la familia, sino todo el entorno.

En general, al ponerse al servicio de quienes detentan el poder,  la educación deja de ser lo que debería ser: potenciar el desarrollo de las capacidades humanas –el potencial biológico y genético- de cada individuo, para convertirse en domesticación: enseñar  a  los individuos a desempeñar  el papel que interesa a quienes mandan, reprimiendo el desarrollo de sus instintos naturales y capacidades innatas y restringiendo en general  las potencialidades que no les interesa,  para lo cual necesitan reprimir, castigar y también imponer otras formas de ser.

Es simbólicamente similar a la castración que se ejerce con los animales para amansarlos  y convertirles en medios de trabajo.
Y al no desarrollar sus potencialidades, al ser reprimidas, se forman constituciones neuróticas y deshumanizadas. El riesgo es alto para todos, pero no para el trabajo y el empresariado, parece ser. 
La sociedad se convierte así  en una cadena de transmisión de las ideas dominantes a la vez que en una degenerada fábrica de enfermos y psicópatas al impedir la satisfacción de sus necesidades vitales. Los riesgos son muchos a  niveles psicológicos y en cuanto a realización personal. Convierten a los seres humanos en autómatas, incultos, ignorantes, sin intereses ni ilusiones, autoritarios, fascistas, neuróticos, psicóticos, con enfermedades psicosomáticas diversas, estrés, narcisismo, idolatría, des-realización, frustración. 

Con ello imponen sus normas de vida y por ello mismo cada vez han ido apartándose más de desarrollar el potencial biológico de los seres humanos y han aprendido a impedir desarrollar sus potenciales reprimiéndoles, manejándoles y manipulándoles.

Han de  restringir y limitar el desarrollo de todas las capacidades del individuo y domesticar  a los ciudadanos para que acepten y reproduzcan el sistema establecido.

A pesar de todo,  nunca la sociedad  consigue mantenerse igual, progresivamente va teniendo transformaciones forzadas por los individuos que también construyen sus instancias alternativas porque no están de acuerdo con las normas dadas y establecidas.

AMOR: en busca de su definición.


AMOR: en busca de su definición.



Amar al otro no es querer al otro para mí.  Al contrario, amar al otro es quererle para sí mismo, para él. Para  que él, el otro, se potencie como ser. Como  ser distinto a mí, con sus propias características y particularidades. Por tanto, amar al otro, es posibilitarle ser él mismo, distinto a mí, con necesidades distintas a las mías.

Si querer puede significar desear  y más allá, poseer,  por el contrario, amar no puede ser concebido de tal manera. Amar no puede ser en ningún caso, apropiarse del otro, sino darse al otro, no querer al otro para mí mismo, no poseerlo. Si yo quiero al otro no puede ser en el sentido de desearlo ni poseerlo. El único significado válido sería querer al otro, en el sentido de desear que sea él mismo, que se tenga a sí mismo, que se haga a sí mismo.  Que sea independiente y libre, distinto a mí, según el desarrollo de sus potencialidades. Y como consecuencia ayudarle a ser, a tenerse, a desarrollarse.  Estar a su disposición en este sentido es darse a él.

Y en este sentido, querer al otro o desearlo, es querer o desear que esté conmigo por su excelente compañía y por su excelente ser.  Pero sin obligarlo, ni poseerlo.

(Muchas personas –madres- pueden estar de acuerdo teóricamente con esto, pero ¿qué hacen en la práctica? ¿Potencian de verdad  en sus hijos, la realización libre de sus potencialidades, sin ejercer la posesión?

Amar no es buscar en el otro lo que nos falta a nosotros mismos, no es pedir ni rogar, es dar.  Amor es dar-se, proteger, cuidar, respetar, es estar dispuesto, disponible, involucrarse, comprometerse en el desarrollo y la libertad del otro, reafirmar al otro como Ser, como dice la haptonomía-

El amor implica en 1º lugar el reconocimiento del otro como ser, único, intransferible, independiente, libre. Que no lo puedo usar para mi propio antojo, que no lo puedo utilizar para mi conveniencia. Que no puedo hacer de él lo que yo quiera. Que no puedo hacerle a mi imagen y semejanza. Que no puedo hacer de él un clon o una fotocopia mía. Que no puedo querer que sea mi sueño, mi ilusión, lo que yo deseé para mí, o lo que yo no pude ser. Que no puede ser lo que está en mi cabeza. Por lo tanto que no utilizo el chantaje con él, ni la seducción, ni la manipulación, ni el engaño ni la mentira, con la excusa de que es en su propio bien, sea un hijo, un padre, un amigo, un amante u otra persona cualquiera. El amor se basa en concebir al otro como un sujeto libre e independiente, no como un objeto o cosa a mi servicio en cualquier caso, general o particular.

El amor no se refiere  a que los demás estén a nuestro servicio y nuestro propio beneficio, sino al contrario, amar es ponerse al servicio de los demás. Ello entonces implica una serie de deberes y obligaciones más que de derechos. Estos –los derechos- deben estar en correlación con los deberes. En realidad conlleva un cuidado y un respeto mutuo. Y este cuidado y respeto, digo, implica acciones para que se cumpla, como  son la responsabilidad y el compromiso permanentes.

El amor debe ser dirigido más concretamente a las personas que más lo necesitan; niños, ancianos, enfermos, discapacitados, personas con necesidades especiales, moribundos, etc. A los hijos, familiares, amigos  o personas en general, alumnos, pacientes…
De manera especial y preponderante se refiere a las relaciones de padres a hijos pequeños, de parejas entre sí, de hijos a padres mayores, de médicos a pacientes, de profesores a alumnos, hacia enfermos, moribundos, y personas con necesidades especiales.
Y por lo tanto, debe dedicarse también a inmigrantes, desplazados por guerras o hambres. El amor no reconoce fronteras, ni patrias, ni razas. Debe dedicarse también a personas que sufren injusticias, acosos, tratas, esclavismos, violaciones y los mil modos existentes y camuflados de manipulación  y de explotación de mujeres, niños, trabajadores, olvidados de la tierra.

La concepción del amor no se dirige a la posesión  de una o unas persona determinadas  sino a su respeto, su protección y su cuidado.  El amor a los otros, su cuidado y protección con respeto, responsabilidad y compromiso se basa en el amor a la vida y a la naturaleza, y conlleva el amor a toda la humanidad, -como nos dice E. Fromm- incluso de las especies animales y vegetales,  el respeto y cuidado de la naturaleza o medio ambiente que nos ha dado la vida  y del que formamos parte. El respeto y cuidado de todo lo que nos rodea y que forma parte de nuestro medio de interrelación  entre unos y otros.

Podemos definir el amor como una unión, vínculo, ligazón o afecto, de unos con otros, de origen innato a la vez que cultivado, necesario en primer lugar para crecer y llegar a ser humanos y en general, para vivir y desarrollarnos mejor, sanos, felices, íntegros, independientes.
Esta pre-definición  nos lleva e implica estar disponibles para los demás, ser responsables, comprometidos unos con otros.
Dicha exposición si se considera cierta, nos confiere unos  “derechos” que implican a su vez otros “deberes” los cuales están entrelazados y entretejidos unos con otros.

El amor reconoce como derecho incontestable fundamental del ser humano: el derecho a su reconocimiento, por la consolidación racional de su existencia y por la confirmación afectiva de su ser desde la concepción, nos dice la haptonomía.

Las cuestiones de la felicidad humana, de la tolerancia de las diferencias, y de la facultad de desarrollar plenamente la matriz de su ser con todo su potencial creativo, de las condiciones de la responsabilidad y del placer en los encuentros interhumanos se sitúan en el centro del amor verdadero,  y de las  preocupaciones de la haptonomía,

Esa unión o vínculo llamado amor establece un estado interno de seguridad de base, vital para el ser,  a través de contactos de proximidad tranquilizadora y de confirmación afectiva, que con el trato afectuoso reafirma al otro en su ser” nos vuelve a decir la Haptonomía.

 Esta seguridad de base mediante el contacto y la proximidad puede verse claramente en el niño, pero también en el anciano, o en el enfermo de una cierta gravedad y en el moribundo, en la persona desprotegida, frágil o débil. Es la seguridad y el cuidado del que habla la teoría del apego y que puede observarse también en los animales –no solo mamíferos, sino aves también- manifestándose en que las crías se mantienen cerca de los padres, como una necesidad de protección innata, y se cobijan en ellos cuando lo necesitan.

Adquirir  una seguridad de base invita y lleva a la autonomía, la comunicación y la confianza. El desarrollo afectivo es por esta relación confirmante, fundamental y determinante para llegar a ser una persona autónoma.

sábado, 5 de mayo de 2018

LA ASERTIVIDAD


La asertividad para gente extraordinaria - Eva Bach y Anna Forés - Plataforma editorial Barcelona
Rcopilado por Joaquín Benito Vallejo

LA ASERTIVIDAD

Es como una flor: requiere cuidados y atenciones especiales; emana belleza y delicadeza pero tiene algunas espinas; requiere cultivarse y aprender unas técnicas así como el desarrollo de un arte personal; 

Es para gente extraordinaria, personas que estén dispuestas a aprender y crecer a lo largo de toda la vida. Personas que quieren hacer bien,  que son humildes, que asumen que se equivocan, que no ponen toda la responsabilidad de lo que les ocurre en los otros, que reconocen sus propias dificultades, que están dispuestas a poner algo de su parte para aumentar su propio bienestar y el de quienes le rodean,  que se miran a sí mismas y admiten sus propias limitaciones, que quieren ser felices, se alegran de que los otros lo sean, y contribuyen a ello en la medida de sus posibilidades.  

Que creen en la fuerza de las relaciones interpersonales, que quieran unir sus manos a otras manos para sembrar, recoger y compartir.

Quien tiene presente que vive y convive con otros y quiere cultivar lo exquisito. Tiene que ver con la necesidad de cuidarnos y protegernos unos a otros, generar confianza y proximidad. Contribuir al bien común a partir de la mejora propia. Actitud muy necesaria para el buen funcionamiento de las relaciones.

Implica generosidad, empatía y consideración al otro. Escuchar, conocer y considerar los sentimientos que los otros desencadenan en nosotros y los que nosotros desencadenamos en ellos.

Es un recurso para comunicar de un modo respetuoso lo que yo siento y acoger con el mismo respeto lo que sientes los otros.  Aprender  a contener y canalizar adecuadamente determinadas emociones. 
Solo tiene algo extraordinario cuando la acompañamos de un sentimiento profundamente ético y estético de la vida y de las relaciones. Lo más difícil no es su aprendizaje ni su práctica, sino la comprensión profunda de la delicadeza, la nobleza de corazón, la honestidad, la humildad, la responsabilidad, la voluntad de mejora y la consideración hacia los otros que en el fondo implica.

La asertividad como medio y recurso para un encuentro más respetuoso, honesto y humano. Favorecer el placer de comunicarnos, el reconocimiento mutuo, el afecto en las relaciones, la asunción de la propia responsabilidad.
No sirve para afirmarse uno mismo, contraviniendo los derechos del otro, encaminándose al cultivo del propio ego y al sometimiento del otro. No vale orientarlo para fines exclusivamente personales y utilizarlo para salirnos con la nuestra. Aplicándola como una mera técnica es un triste baile a solas. De ese modo no contempla la empatía ni la escucha ni sintoniza con lo que requiere la relación. Tiene que sustentarse en un sentimiento auténtico de empatía y unos valores.

Asertividad – empatía – resiliencia – serendipidad…,  son habilidades para la vida las relaciones interpersonales. 
Resiliencia y serendipidad tienen que ver con la capacidad del ser humano de crecer, madurar y transformarse con las dificultades, extrayendo algo positivo de lo desfavorable y negativo. 
Empatía y asertividad se relacionan con una idea tan buena, poderosa y llena de sentido como el descubrimiento de que no hay magia mayor que lo que suscita en nuestras vidas unas relaciones de calidad.

Empatía = capacidad de percibir, sintonizar, comprender las emociones y sentimientos de los demás.
Asertividad = competencia para expresarnos de un modo honesto, claro y respetuoso, para abrir nuestros corazones y establecer relaciones más sanas, cálidas y próximas.
Resiliencia = capacidad que tenemos para afrontar las adversidades y salir airosos y transformados positivamente.
Serendipidad = Hace referencia a los descubrimientos imprevistos. Es el don de la sagacidad, la sabiduría de convertir un hecho inesperado o adverso en buena suerte. Dar respuesta a la pregunta: ¿Qué hay de bueno en todo esto?



jueves, 26 de abril de 2018

Ambiente, emoción y ética


Ambiente, emoción y ética 
-La cultura de la sostenibilidad- Ramon Folch 
RBA Libros S.A. 2012
Recopilación por Joaquín Benito Vallejo


La idea de que el hombre es un animal racional suplanta el principio de que los hombres son simplemente inteligentes. Es lo bastante inteligente para concebir armas nucleares y lo bastante irracional como para fabricarlas.

El humano pertenece a una especie biológica, pero se cree que todo incluso el universo está organizado para él, de ese modo,  utiliza y se sirve de todas las demás especies y de todos los recursos planetarios en su propio beneficio actual. 
Somos una especie que incide sobre la globalidad a partir de ciertas destrezas culturales que no corresponden a un pensamiento biológico.

En realidad nos comportamos como una plaga, una especie oportunista y resistente a los mecanismos de defensa de las demás especies, a cuya costa crecemos  de forma rápida e incontrolada.

El problema de las plagas es que cavan su propia fosa. Al expandirse a expensas de todo acaban diezmadas a pequeños stoks residuales. Y acaban con otras especies a la vez, necesarias para mantener el ecosistema.

No nos percatamos de nada. Creemos que gobernamos el sistema, cuando es el sistema el que nos gobierna. 
Hay que frenar el boom demográfico, contener la demanda de energía fósil y redistribuir los recursos económicos.

Nuestro imperfecto pensamiento nos hace ecológicamente muy agresivos. Somos una plaga menos inteligente de lo que creemos, las leyes de la ecología nos pararán los pies, no sin dolor ni sufrimiento.

La tierra no peligra, ella se regenerará. Los  únicos que peligramos somos las especies vivas  y quienes más los humanos. Quien necesita la atmósfera, el clima, y las demás especies, somos nosotros.

Más de la mitad de las especies de vertebrados ibéricos desaparecerá en este siglo. Las mariposas y otros insectos ya lo están haciendo. No creamos que no son necesarias, cumplen papeles fundamentales en la biosfera.

No tenemos ni siquiera vergüenza para reconocer nuestra brutalidad y autodestrucción.

sábado, 21 de abril de 2018


EMOCIONES  y AMOR 


El desarrollo de la vida se basa en la comunicación. 
Esta,  además de ser la base primordial de la vida, lo es también de todo lo que ella significa en sus diversas manifestaciones y facetas y en su evolución hasta llegar al hombre.
La comunicación existente dentro de las células, en sus microscópicos elementos internos en relación con sus funciones, y  de todo el organismo vivo, en su interior y en su interrelación con el exterior del cual depende para vivir. 

La comunicación que dio lugar a la vida y ha dado lugar a la convivencia, a la sociabilidad, a la colaboración, a la repartición de tareas,  al cuidado y protección de las crías, al altruismo del grupo, a la empatía, es el prerrequisito de lo que es el amor, la emoción primordial de la vida, de la organización y del orden biológico, que nos ha llevado a la convivencia humana.

Las emociones son improntas, marcas o señales, que el ser vivo ha desarrollado en su interrelación con el entorno para conducirle por el camino de la vida. 

Las emociones nos señalan lo qué es bueno o malo para vivir, en estrecha relación con lo que nos causa placer o displacer, dolor. Para avisarnos de ello, para que huyamos o rechacemos lo que nos causa dolor y pongamos remedio a ello, para que vayamos por el camino de lo que es bueno y nos causa placer. 

Las necesidades se organizan en torno a lo que es bueno y nos causa placer. El amor es considerado la emoción primordial –según dice Maturana- la principal causante del placer de vivir y de las relaciones que se establecen con los demás, porque ella es el culmen de las adquisiciones en la sociabilidad del placer de vivir en la convivencia.  

El amor es además el mayor sostenimiento de nuestras otras necesidades primarias: La alimentación, la salud, el deseo de vivir, el cuidado, la protección, la seguridad, la confianza, la atención, el ser tenido en cuenta, el desarrollo, la integridad personal.

El más alto paradigma del amor es el de la madre por el hijo –amor biológico y social- en el que ella lo da todo a cambio de nada, a cambio de ver florecer al hijo. 
-Pero este amor podría convertirse en despótico si no le deja florecer libremente, lo que significa procurarle vivir independientemente, sin ataduras-. 

El amor desinteresado se lo ha proporcionado a la madre el propio desarrollo de la vida. El amor es biológico porque sin el amor de la madre no podríamos vivir. Necesitamos a la madre con sus cuidados para vivir, necesitamos a los otros para desarrollar nuestras capacidades.
Y el amor es social porque sin los otros no lo podríamos satisfacer. La vida ha ido dotando a los seres vivos de la necesidad de los otros. Para ello ha ido elaborando tramas de relaciones, formas de enlazarse unos con otros en dependencia mutua. Así, las crías necesitan a sus padres para poder vivir en los primeros momentos de la vida. 

A medida que las especies han ido evolucionando, estos lazos se hacen mayores, los seres son más dependientes de sus padres, pero para hacerse con ello, más independientes. 
El ser humano es el más dependiente en su nacimiento y paradójicamente,  para ser el más independiente en su madurez, ya que hasta pasados varios años desde su nacimiento no puede vivir solo, sin embargo luego llega a ser el de mayor independencia y autonomía, mientras que los otros seres vivos que nos preceden, pueden llegar a vivir con una cierta autonomía desde que nacen, pero no adquieren una independencia mayor con su desarrollo.

Pero todos, ellos y nosotros nacemos con una serie de improntas, de huellas, de marcas, de conductas para estar ligados a los de nuestra especie, ser reconocidos y con ello tener un seguro de vida. Así pues, las madres reconocen a sus crías y están disponibles para ellas, sabiendo cómo las tienen que cuidar y proteger. Y las crías gozan de conductas para demandar a sus madres sus necesidades si a estas se las olvidara. Así, el niño, llora, patalea, se incomoda, llama la atención...

Crecemos en nuestra interrelación con los otros. Los otros son el espejo, la motivación, el estímulo, los otros son el riego que nos alimenta, el sol que nos alumbra, la atención que nos tiene en cuenta. 
El amor es el resultado de la sociabilidad, de la convivencia, del altruismo, de la empatía, de ser reconocidos como seres. Todas esas condiciones fraguadas y desarrolladas en el complejo proceso de la vida y de la evolución de las especies que nos han precedido.

Por todo ello, nos dice Maturana: Nosotros, los seres humanos, somos seres biológicamente amorosos como un rasgo este de nuestra historia evolutiva. 
Esto significa dos cosas: la primera es que el amor ha sido la emoción central conservada en la historia evolutiva que nos dio origen desde hace unos cinco a seis millones de años atrás; la segunda es que enfermamos cuando se nos priva de amor como emoción fundamental en la cual transcurre nuestra existencia relacional con otros y con nosotros mismos.”

Al considerar el amor como el reconocimiento de nuestro ser por los otros, de nuestra idiosincrasia, aquello que nos hace únicos, y lo que ello conlleva: ser tenidos en cuenta, ser respetados en nuestra singularidad, su fractura, su falta, nos enferma no solo a un nivel psíquico, con depresiones, neurosis, patologías, o enfermedades mentales diversas, las sociopatías, la maldad, el desarraigo, etc.,  etc., sino físicamente también, puesto que la unidad entre el cuerpo físico y los estados mentales es obvia y reconocida, y su influencia es diversa también, desde un malestar respiratorio, una urticaria, un cáncer, o cualquier otra enfermedad. Cuando la integridad del ser se rompe su manifestación es la enfermedad.

Por ello dice Maturana que enfermamos cuando se nos priva de amor. Visto de otro modo, en psicología se sabe que todas las neurosis son el resultado de problemas de amor, -entendido el amor como lo hemos descrito-, produciendo a su vez, diversas manifestaciones somáticas. Y aún más, los niños del hospicio descritos por Spitz sufrían retrasos psicomotores graves, como resultado de la falta de amor. Son muchos los casos que podemos describir, -la pérdida de un ser querido, nuestro propio desamor manifestado como infravaloración, etc., pero ahora sigamos escuchando a Maturana:

El amor es un fenómeno relacional biológico, consistente en la clase de conductas a través de las cuales el otro surge como un legítimo otro en la cercanía de la convivencia. Si no hay amor no hay socialización genuina. Una sociedad en la que se acaba el amor entre sus miembros, se desintegra.” “Los seres vivos tienen dos dimensiones de existencia. Una es su fisiología, anatomía y estructura, la otra, sus relaciones con otros seres, su existencia como totalidad, lo que nos constituye como humanos es este dominio relacional donde se configura nuestro ser. Todo lo espiritual, los valores, la historia, la  filosofía  pertenecen al ámbito de las relaciones. El organismo existe en una armonía interna que se pierde cuando sus relaciones e interacciones dejan de ser congruentes. La negación del amor rompe esta congruencia y da origen a alteraciones fisiológicas que hacen posible alteraciones en todos los procesos homeostáticos. La mayor parte del sufrimiento humano y de las enfermedades, tienen su origen en la negación del amor.” El amor es la aceptación del otro junto a uno en la convivencia.  Es el fundamento biológico del fenómeno social. Sin amor, sin aceptación del otro junto a uno no hay socialización y sin socialización no hay humanidad. Cualquier cosa que limite o destruya la aceptación del otro junto a uno, destruye el fenómeno social”

Lo que No es amor


 Lo que NO es amor. El “enamoramiento”


No es amor lo que habitualmente se nos muestra como amor, el llamado amor romántico, eso con lo que se cocinan los sueños y las fantasías.
No es amor lo que está presente en nuestra vida cotidiana y es el caldo de cultivo con que se aliñan las películas, las novelas, las canciones, etc., etc., y nos alimentan a diario con ellas. Todo eso es mentira.

Nos engañan y nos hacen caer en la trampa porque lo estamos deseando. Y lo deseamos porque carecemos de ello.

Ese falso amor llamado amor romántico que deseamos se basa en todas o en alguna de nuestras carencias.
No somos nosotros, no estamos realizados, estamos solos, somos inseguros, nos falta lo esencial: nuestra propia vida, nuestro propio ser, nuestra realización personal, sino todo si algunas o bastantes de las causas  que configuran esa realización.
Y entonces, por esa razón, creemos, como compensación, como proyección, creemos que lo que nos falta está en el otro.

Y caemos locos por buscar la llamada media naranja, el príncipe azul, o la princesa donde creemos que yacen todos los sueños, todo lo que nuestra imaginación sedienta llama felicidad, ese personaje idílico, abstracto, indefinido, bello, perfecto que encarna nuestros  deseos, nuestra  realización, nuestros sueños, nuestro mundo feliz, una entidad abstracta desde luego, pero que es concretizada en una persona, la que creemos nos va a proporcionar lo más alto que podamos imaginar, la felicidad y tantas otras múltiples utopías irreales y fantásticas.

Lo descrito hasta aquí, son considerados en general, amores patológicos, neuróticos o narcisistas,  frutos de nuestras carencias y por lo tanto de nuestros deseos, a través de los cuales intentamos buscar nuestra propia realización en los demás.

Mezclado o camuflado como sexo pero mucho más que eso, e incluso algo distinto y más profundo, casi vital, e inconsciente por supuesto. En definitiva, buscamos en el otro lo que nos falta en nuestra raíz personal, aquello quizá que nos llegue a definir como seres humanos. Por ello es un impulso tan grande que rige nuestros anhelos y deseos y lo confundimos con amor y creemos que está en el otro.

Eso que nos falta y que buscamos en el otro no está en el otro, es una carencia vital que yace en el fondo de nosotros.

El hecho de que nos enamoremos de otra persona en sueños o en la vida real, caminando por la calle o en otro lugar idóneo, simplemente porque nos ha sonreído, nos ha mirado, o hemos interpretado un gesto dirigido hacia nosotros es un equívoco, producto de otro equívoco, una fábula, un engaño, una tergiversación, la manifestación de unas carencias internas profundas, y por lo tanto, proyectamos en el otro aquello que nos falta como si el otro fuera portador de ello.
Buscamos en el otro lo que nos falta, por ello, cuando nos mira o sonríe, vemos en ello su reconocimiento y admiración. Creemos en ello que el otro nos admira y ama. 
En realidad, salimos a la calle buscando que alguien nos mire, y como hay muchos que salen a la calle deseando que les miren, no es difícil que dos miradas que buscan, se encuentren, y entonces creamos que estamos predestinados, y que veamos en el otro, eso que estamos buscando sin descanso, eso que tanto nos falta y tanto anhelamos.
Y el otro que está buscando lo mismo por sus propias carencias también se lo cree, con lo cual se establece una locura a dos, un “amour fou”. 
En realidad lo que buscamos es la admiración, el reconocimiento, el aplauso, buscamos que nos quieran y caemos perdidos en la equivocación.
Cuando dos personas caen en esto al mismo tiempo es que ambos necesitan la admiración y el reconocimiento del otro porque ambos carecen de ello.
Y porque carecen de ello lo buscan por doquier, desesperadamente, está presente en ellos como la necesidad vital que es.
Por ello ambos caen subyugados uno en el otro. Y entonces creen,  que ambos estaban predestinados el uno para el otro. Que el otro es el agua que le sacia y le colma la sed.
A continuación entran en un periodo de locura, en el que solo ven por los ojos del otro, y no pueden estar solos sin el otro. Se le necesita de una manera vital. No pueden vivir sin él.
Pero, necesitar al otro no es amarle, es que él nos ame como una madre a su hijo del alma. Entonces decimos  -y podemos hacer-  tonterías: me muero sin ti, no puedo vivir sin ti, si me dejas me mato. Todo, necesidad del otro, de su admiración, no de amor. Estos son también mecanismos, autoengaños, para seducir al otro para que no nos deje, para que nos de todo. Hasta que nos cansemos y busquemos a otro.
Creemos ilusos que nuestra realización está en el otro. Pero lo único que se busca es la admiración, el aprecio, el reconocimiento, de su persona y de su ser.
En definitiva, buscamos al otro para que nos de la vida que no tenemos.  Para que nos de todo lo que nos falta.

No puede amar quien le falta su realización personal. Amar es dar. A quien le falta algo lo que hace es pedir, no dar, no puede dar, y si parece que da, es solo una simulación, para engañar al otro, para que el otro le de eso que tanto le falta.
Eso es lo contrario del amor, es narcisismo, egoísmo en los casos más pronunciados, pero no es amor.

(De la colección "arboles heridos")


Alberoni: “Enamoramiento y amor” – Nadie se enamora si está satisfecho al menos en parte, de lo que tiene y de lo que es.” “La predisposición al enamoramiento es el sentido profundo de no ser o de no tener nada que valga, el sentido de la nulidad. La inseguridad, la desvalorización, la fetichizacción
.
El que nuestra vida cotidiana, y todas las historias contadas, las novelas, la literatura, la canción, etc., se basen en los amores románticos, muestran y explotan nuestras carencias de amor y realización.



jueves, 19 de abril de 2018

Impedimentos para SER


Amar es estar con el otro - permitirle ser - ayudarle - protegerle - 
construir las condiciones para su desarrollo personal

¿Cuáles son las condiciones para que se dé el amor?
Que el ser humano haya alcanzado su madurez psíquica.
Que sea un ser íntegro, auto realizado, sin ataduras.

¿Cuáles son los impedimentos para ello?
La sociedad en la que vivimos, que nos impide SER simple y llanamente. 
Desde el primer momento nos ata de diversas maneras, a nivel emocional, que es la primera premisa para que se establezcan otras; la segunda, impidiendo  desarrollar todas nuestras potencialidades; la tercera, inculcándonos en su lugar formas de ser, softwars, programas de comportamiento, imitaciones, roles; cuarta, convirtiéndonos en mercancías, cosas, objetos.


La sociedad capitalista

La sociedad en la que vivimos se llama CAPITALISTA, pongamos nombres a las cosas – no nos engañemos  - no nos dejemos engañar – porque entonces nos traicionamos a nosotros mismos en nuestra raíz.

¿Se puede cambiar todo esto?

Cambiar la sociedad implica cambiarnos a nosotros mismos a la vez que a la sociedad – no puede hacerse una cosa sin la otra, van unidas.

Hay que luchar por dentro y por fuera, en nosotros mismos  y en los demás,  en las personas y en las instituciones que son las que nos impiden ser personas.
En las leyes, en las costumbres, en la cultura; en los credos y las creencias; en las ideologías; en el tuétano de nuestros huesos, en nuestras formas de ser, y en las formas de actuar, en lo establecido y en los establecimientos...

La educación
En el carácter inculcado impreso en nuestra carne, en el carácter impreso por la educación,  -más bien llamada domesticación–, en los softwars implantados en nuestro cerebro…
En nuestra realización personal  -lo que implica no solo desarrollar todas nuestras potencialidades cercenadas, castradas en la cuna-.
Sino, des-educarnos – des-acostumbrarnos – des-culturizarnos – porque ellas son las sogas que llevamos al cuello.

Re-volvernos – de rebelarnos y de volvernos a hacer – de re-volvernos las entrañas para nacer de nuevo…

Conocernos – intentar des-hacer los traumas, las ataduras, los falsos apegos, las idealizaciones, las idolatrías…
Y si no podemos porque ya están demasiado cristalizadas y quizá resulte imposible romperlas, al menos ser conscientes de ello y no transmitirlas, y no convertirnos en tiranos como fueron con nosotros, y no ser los transmisores  de sus intereses…

Para ser conscientes hemos de estar en conexión con nosotros mismos, con los demás y con la sociedad donde vivimos.

Conexión = Contacto corporal
Para darnos cuenta que cojeamos
Que nos equivocamos
Que nos engañamos
Que nos refugiamos

Para estar más seguros
Ser inconsciente es vivir en la seguridad, cómodos, ausentes, autómatas

¿¿Nos convierten en autómatas o somos nosotros quienes preferimos ser autómatas. ???  Para sentirnos más cómodos
Se renuncia a SER plenamente con los miedos, las dudas, las incertidumbres, los demonios, pero a la vez renunciamos  a los placeres que son mayores, a ser auténticos, a ser dioses…. –maldita palabra-

Estar en conexión con nosotros mismos es la base para estar en conexión con los demás  y a la inversa, porque no podemos estar con nosotros sin estar con los demás
Y esa es la base del amor 

El cuidado
Nos impiden ser y para ello nos impiden cuidarnos y cultivarnos. 
No nos dan tiempo ni herramientas ni recursos para ello.
El trabajo y el automatismo lo ocupa todo. 
Esa es la excusa para no poder hacer otra cosa.
Para no dedicar el tiempo a nosotros. 
A SERNOS, a hacernos, a con-movernos - movernos y emocionarnos con los demás.
Estamos vendidos por un cacho de pan, somos animales rumiantes, vacas, cerdos, pollos, encerrados en granjas cebándonos con golosinas y mentiras para matarnos en su beneficio. 
Mientras tanto no nos cuidamos, que es cultivarnos, que es convertirnos en seres propicios, en semillas fructíferas. 
Nos impiden ser, realizarnos, que esa es la función del cuidado, y lógicamente, impiden que dejemos realizarse a nuestros hijos, que los cuidemos, que no tengamos tiempo para ello, con lo cual carecen del vínculo primario y necesario. 
Los encerramos en guarderías porque no tenemos tiempo de estar con ellos. Y lo mismo hacemos con nuestros padres ancianos, tampoco tenemos tiempo para ellos, cuando más lo necesitan y también los encerramos en residencias para que se mueran lentamente inmensamente tristes, para que se mueran de tristeza, des-cuidados, des-atendidos,  des-amados.
Esta es nuestra creciente sociedad y así es nuestro progreso.


Biología, Sociedad, Educación

Biología – Sociedad – Educación Los seres vivos   -y en mayor medida los humanos- gozamos de un doble componente, lo biológico y lo...