miércoles, 26 de octubre de 2022

LA BONDAD


LA BONDAD

 

Además del saber y del conocimiento por cuanto nos rodea, hay que establecer e implantar la bondad en la vida humana desde el nacimiento.


La bondad, es el más alto grado de la inteligencia humana, como opinan muchos neurólogos. 

Sin embargo, muchas escuelas y educadores pretenden implantar y desarrollar el talento como la mayor excelencia, olvidándose quizá, de la bondad, porque es el talento lo que vende, pero no la bondad. 

La inteligencia se puede utilizar para hacer el bien o para hacer el mal. 

Los psicópatas son sumamente inteligentes, exclusivamente en beneficio propio, para producir el mal en los demás. 

Ambas cualidades y/o capacidades, maldad y bondad, están inscritas en nuestros genes como posibilidad, en caso contrario no podrían desarrollarse. 

Pero solo la educación y la convivencia con los demás en colaboración, destapa la bondad y anula la maldad. 

La maldad, solo podría ser un resquicio o derivado de un mecanismo de defensa propio ante una ofensa o ataque, -luego no sería maldad propiamente dicha-, mientras que la bondad es genética porque es una salvaguarda de la vida, anexa a la colaboración y a la cooperación con los demás, mediante la cual las diversas especies han prosperado, así como la evolución misma de la vida, en contra de la tergiversación que se hace de Darwin, diciendo que triunfa y sobrevive el más fuerte. 

La bondad es la base de un cerebro sano, mientras que la maldad es el sello de un cerebro enfermo. Ambas actitudes contrapuestas son el resultado de la forma de vida, y ambas son educables, o producto de la educación recibida. 

 

La bondad ha de residir en los principios de la educación, que se refleja fundamentalmente por la convivencia con los padres y las personas allegadas al niño en sus relaciones. 

Hay que educar en general a la sociedad y a los humanos para desarrollar la bondad. Ese sería el bien más alto. 


¿Pero qué es la bondad? ¿es ser tonto, dejarse engañar? O el “buenismo” como se dice ahora. No. El buenismo es un peyorativo, casi un insulto o “ir de bueno” “hacerse el bueno”, hacer obras de caridad, ir de caritativo, como un cartel que se pone uno, no. - 

La bondad puede definirse como la ayuda desinteresada hacia el otro. Basada en la generosidad, la amabilidad, la ternura, la atención, el cuidado, la compasión, la fraternidad. 

Esos son los tejidos que confeccionan el manto de la bondad. La bondad es el culmen de todas ellas, su resultado. 

Desarrollar la bondad es comportarse con el otro de una manera desinteresada consigo mismo. Ofrecerle ayuda, colaboración, apoyo en lo que necesite sin ninguna condición o beneficio para sí mismo. Incluso con alguna repercusión negativa para el bondadoso: hacer algo por el otro, aunque a mí me acarree algún malestar o perjuicio. 


Es “darse” a sí mismo sin pedir nada a cambio. Ella es la contraposición de la maldad, que infringe sufrimiento al otro con o sin ánimo de lucro. Que engaña o seduce o utiliza al otro en beneficio propio, material o psicológicamente. Para ser o tener más, negando, ocultando, difamando o perjudicando al otro.

 

Desarrollar la bondad es tratar a los demás con respeto. Reconocer al otro que no soy yo, como ser humano integro, independiente, distinto a nosotros, con todos los derechos. 

Reconocer que puede tener defectos como nosotros, pero no darlos la importancia que no se merecen. 

Nadie es perfecto, lo tenemos que saber por nosotros mismos, tenemos manías, nos enfadamos a menudo sin razón, no nos portamos bien con la gente, entonces ¿Por qué no se lo reconocemos a los otros? Nosotros no somos los perfectos y ellos los imperfectos y amargados. 

Demos vuelta a la tortilla, veamos a ellos como nos vemos a nosotros, tan solo eso para empezar. Reconozcamos que nos equivocamos, que metemos la pata, confesemos que somos agresivos o que no somos todo lo correctos y amables que podríamos y deberíamos ser, y de esta manera entenderíamos a los demás.

 

La bondad ha de ser educada y cultivada desde el nacimiento, con una conducta ejemplar por parte de padres y educadores

Establecer la ayuda mutua y la colaboración en nuestros comportamientos. De niños, hay que reconocerlo y tenerlo en cuenta, ya somos así, queremos ayudar siempre, y nos queremos unos a otros, pero a medida que crecemos cambíamos de idea por lo que vemos y nos inculcan nuestros semejantes. 

Estos comportamientos innatos deben desarrollarse, no dejarlos que se pudran, porque los exponemos a tóxicos sociales y los cuidamos mal. 

Igual que la colaboración y la ayuda, la bondad debe ser desarrollada con la misma ejemplaridad de los padres y los educadores desde la escuela infantil, y los siguientes estadios de desarrollo, sin permitir que se estropeen, debe desarrollarse también la acción más básica, pero quizá menos entendible de saber hablar y escuchar, haciendo de las escuelas centros de debate y de exposiciones personales sobre todos los aspectos de la convivencia y de la vida en general. 

Lo mismo que en la familia, no descalificar al niño, sin respetar sus deseos y opiniones, -como también se les hace a los viejos, en la casa y en las residencias-, donde todo se rige por ordenanzas con la idea de que el niño o el viejo no pueden opinar, porque carecen de esa facultad, unos porque no la han alcanzado todavía y otros porque ya la han perdido. 

De ese modo se establece la jerarquía y la desigualdad, así como el desprecio al otro, origen de la frustración. 


La primera desrealización es no considerar válida a una persona: niño, viejo, inmigrante, sirviente, etc., por tener un oficio más bajo, por edad o por estudios o cultura, lo cual es vivido como un desprecio, una humillación, una falta de respeto hacia su persona y su ser. 

Lo cual genera a su vez, una frustración y un malestar psicológico por impedir el desarrollo de sus deseos, opiniones, o acciones

 

Enseñarnos a hablar, expresar nuestros sentimientos y nuestras ideas, sin interrumpir y calumniar al otro debe ser básico en la familia y en la escuela, antes, mucho antes de abordar otros aprendizajes que se consideran serios y necesarios. 

Hablar y respetar al otro es básico. Primero para que aprendamos a expresarnos, porque solo podemos aprenderlo, haciéndolo. 

Es desarrollar una capacidad básica de las más importantes y esenciales. Expresar los sentimientos y expresar las ideas y conocimientos. 

Segundo, respetando al otro. Hablar es dar razones, es no insultar, o ponerle adjetivos despectivos, para infravalorarle y desprestigiarle, cuando no estamos de acuerdo con sus opiniones, cuando tenemos otros puntos de vista u otras ideas. 

En realidad, muchas veces cuando insultamos al otro o le despreciamos, es porque no tenemos argumentos para rebatir sus ideas, nos sentimos inferiores, y la única arma que nos queda es el insulto. 

Cuando se emplea la fuerza es porque no se tiene habilidad o recurso para hablar y poderse entender. 

Cuando los padres pegan a los hijos, es que carecen de recursos para rebatirle y expresarse. En el fondo, les domina el complejo de inferioridad. 

Cuando hablamos, estamos desarrollando nuestro pensamiento, y desarrollando nuestra forma de pensar. Estamos también desarrollando nuestra capacidad de comprensión hacia los demás.

 

Los actos malos o buenos hacia los demás se visualizan y se entienden mejor cuando los realizamos claramente con nuestra acción, con nuestro propio cuerpo hacia el suyo, físicamente, pero pasan más desapercibidos en el habla y la conversación, porque no se consideran actos propiamente dichos de bondad o maldad, o porque no nos han enseñado a hablar y escuchar. 

Hemos tenido que aprender esas dos tareas, ambas entrelazadas y dependientes una de otra, en la vida diaria, considerada como todos los actos de nuestra vida, como defensas o ataques, erróneamente. 


Ese es el gran problema de raíz: que hemos aprendido a SER nosotros mismos, intentando colocarnos sobre los demás. 

En lugar de la colaboración, la ayuda mutua y el respeto, creemos que los demás son unos enemigos contra los que hay que luchar para que nosotros podamos ser. 

La sociedad nos ha enseñado esto, sí, porque los poderes ocultos sociales, se sienten beneficiados si los ciudadanos luchamos entre nosotros, no contra ellos. 

Por esa razón, consideramos que el “malo” es el otro, el inmigrante, el extranjero, los de nuestra clase, porque creemos que ellos nos quitan el pan.

 

El comienzo de la bondad está tanto en el lenguaje como en la acción. 

Deberían enseñarnos a hablar, a escuchar, a entendernos unos con otros, en la familia y en la escuela, a la vez que a colaborar y a ayudarnos.

 

Saber hablar respetando al otro. Saber explicarse, dando las razones y los datos necesarios. Escuchar al otro, no interrumpirle. No juzgarle en su explicación. No interpretar. Si no lo entiendo, antes de juzgar, volver a pedir que me lo explique mejor. y, al final, irnos sin descalificar. No poner la guinda, dejando dicha la última palabra como una sentencia. 

No intentar demostrar lo mucho que creemos saber. 

Callar. Hemos de aprender a callar. 

Y siempre poner de estandarte por delante, que el otro no es mi enemigo, sino un amigo, un igual, con el que colaborar.

Pero, sin llegar a ser realmente maldad intencionada, el “mal comportamiento” es producto de no haberlo aprendido, y de sentirnos nosotros mismos humillados, menospreciados u ofendidos por los demás, por una especie de complejo de inferioridad, de frustración y des-realización personal. De concebir al otro como un contrincante. 

 

Ya sabemos que nuestra sociedad y educación son agresivas y machistas. Nos han inculcado que si no nos defendemos somos débiles y cobardes. 

Nos han enseñado a agredir antes de serlo, como prevención, como defensa. 

Pero todo aquel que agrede con actos o con palabras, aparte de haberlo aprendido, arrastra un complejo de inferioridad, por lo que agrede para sentirse grande y hacerse respetado o temido. 

O le han enseñado que para hacerse respetar hay que comportarse de esa manera, con superioridad y agresividad. 

No estoy de acuerdo. La mejor defensa ante un ataque es pedir perdón, en lugar de agredir o insultar. 

Es el significado metafórico del ejemplo de Jesús: cuando te den una bofetada, pon la otra mejilla.

 

 Siempre recordaré la respuesta de un amigo estando en la mili, cuando al salir del comedor dejamos la puerta abierta, y el soldado encargado de la cocina salió vociferando, insultándonos por no haber cerrado la puerta. Yo me quedé atónito, pasmado, pero mi amigo se volvió y se volcó en perdones, a la vez que se dirigía hacia la puerta para cerrarla. Entonces la reacción del soldado vociferante ¿cuál fue? Pedir perdón él. 


Además de desarrollar y practicar la bondad empezaremos por analizarnos a nosotros mismos si lo que hacemos diariamente se ajusta a esa definición, lo cual puede ser muy difícil, pero que se va haciendo cada vez más fácil a medida que lo practicamos, es tomar consciencia de todos nuestros actos, descubrir en que nos hemos equivocado, y tratar de ponerlo en práctica que es aún más difícil. 

Escuchemos a los demás. Ellos son el espejo en el que tenemos que mirarnos. 

Cuando hacemos o decimos algo, preguntemos a los demás qué han visto. No creamos que lo hemos hecho bien, preguntemos a los demás su opinión. Quizá nos encontremos con la sorpresa de que lo que nosotros creíamos una obra maestra, a los otros les parezca una infamia. 

Tampoco tenemos que dar la razón a los otros en lo que digan, pero al menos nos sirve para meditar y para adoptar otro comportamiento entre lo que decimos o hacemos y lo que el otro interpreta, intentando que sea acorde una cosa con la otra. 

 

Cuando nos sugieren o nos dicen directamente que nos hemos portado mal con ellos. Cuando creemos que los otros tienen la culpa de lo que pasa, demos la vuelta a nuestro comportamiento, hagámoslo de otra manera, pensemos cómo hacerlo para que el otro no se sienta herido, para que no responda agresivamente o a la defensiva. 

Cambiemos nuestra forma de relacionarnos. 

 

(Lo primordial es entendernos a nosotros mismos. Si somos mezquinos, celosos, vanos, codiciosos, eso es lo que creamos en torno nuestro. Ese es nuestro estilo de vida, lo que generamos, lo que sembramos, lo que producimos. - Krishnamurti – El conocimiento de uno mismo)

 

 

Generalmente no escuchamos al otro. Antes de responder ya le estamos preguntando o cuestionando otra cosa. O queremos que nos responda lo que nosotros tenemos concebido previamente. Y si no es como nosotros queremos le echamos la culpa.


O, le interrumpimos y le contamos nuestra pena o preocupación. O nos enredamos en contarle otras cosas que no vienen a cuento. Es decir, nos salimos del tema inicial y nos vamos por otras veredas, que no importan. 

¿le estamos dando la paliza al vecino o al amigo con chismes que al otro no le interesan, siempre estamos proyectando nuestro ego o nuestros temores sobre los demás? 

¿Para sentirnos importantes, para llamar la atención, porque necesitamos que nos escuchen, qué más? 

Damos nuestra opinión, a veces nuestro veredicto, para sentirnos importantes, para demostrar al otro lo que sabemos, de lo que somos capaces, que no somos tontos, que no nos dejamos engañar, que somos más listo que los demás, que los otros son unos maleducados, que no nos tienen respeto… 

Demos la vuelta a todos estos comportamientos. Hablemos lo imprescindible, lo necesario, contestemos a las preguntas sin dar veredictos. 

No creamos necesario dar nuestra opinión, ni mostrar nuestra sapiencia. 

A los demás no les interesa para nada ni les aporta nada. 

Todo es producto del egoísmo, del individualismo competitivo y narcisista, en definitiva, de nuestra propia frustración, de la falta de realización personal.

Y de que, nos sentimos malheridos desde nuestra infancia.

 

 

(Soñamos con una sociedad mundializada, la gran casa común, la Tierra, en la que los valores estructurantes se construirán en torno al cuidado de las personas, sobre todo de las diferentes, de las que la naturaleza o la historia han tratado mal, los desposeídos, los excluidos, los niños, los ancianos, las plantas, los animales, los paisajes, con nuestra madre Tierra. 

L. Boff – El cuidado esencial-)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 26 de enero de 2022

Expresión Corporal - Danza Creativa - Educación -Terapia - Teatro - ALFA INSTITUT : DANZA CREATIVA - Realizarse como ser

Expresión Corporal - Danza Creativa - Educación -Terapia - Teatro - ALFA INSTITUT : DANZA CREATIVA - Realizarse como ser: Realizarse como ser a través de la danza creativa Joaquín Benito Vallejo Desde la más tierna infancia debe hacerse Danza:...
esde la más tierna infancia debe hacerse Danza: 
DANZA CREATIVA

La danza creativa conlleva la realización de toda la constelación del SER: bio-psico-física-sensorial-perceptiva-emocional-cognitiva-relacional-expresiva-creativa

Realizarse como SER por la Danza, en base a la Educación Integral Libre.


¿Qué es realizarse como ser?
Satisfacer sus impulsos biológicos innatos y desarrollar sus capacidades y potencialidades naturales. Este punto implica cumplir una serie de premisas sin las cuales no se puede realizar:

1.    El cumplimiento de la necesidad básica del amor, igual a afecto, cuidado, comprensión, protección, respeto, seguridad, confianza … -expuesto en haptonomía y otros apartados-; 

2.    Posibilitar la madurez e independencia

jueves, 26 de noviembre de 2020

EDUCAR PARA SER





Hay que educar para vivir, no para trabajar.

Hay que educar en el presente no para el futuro.
Hay que educar para ser no para tener.

 El principal aspecto que debe desarrollar la educación es posibilitar ser uno mismo. Pero lo que cada uno es, no viene dado de antemano por los genes, tiene que construirlo uno mismo progresivamente mediante su experiencia y su aprendizaje.

Educar para SER implica desarrollar todas las potencialidades corporales, sensoriales, cognitivas, emocionales, expresivas, creativas, comunicativas..., para así poder conocer aquellos aspectos con los que uno se siente más identificado y realizado según sus destrezas y capacidades.

La primera base, raíz y cimiento del SER, es el propio cuerpo. Como capacidad física y también como capacidad de sentir, de percibir, de experimentar, de ser consciente, de comunicarse con los demás. A través del desarrollo de estas capacidades, va creciendo y madurando la identidad personal, el psiquismo y la participación social.

El primer objeto de afinación, de experimentación y de conocimiento es el propio cuerpo, lo que conduce al conocimiento de sí mismo, que significa conocerse corporal, psicológica y socialmente.

Pero, el cuerpo no se afina sino relacionándose con los demás y actuando sobre el entorno que nos rodea.

Luego, paralelo al primer objetivo de conocimiento: el cuerpo, va apareciendo el conocimiento de la realidad exterior. No se puede conocer la realidad del entorno sin conocer la realidad del propio cuerpo, no se puede sentir ni comprender a los demás sin sentirse a sí mismo. Cuerpo – yo – individuo - / realidad externa – sociedad, se retroalimentan mutuamente.

El cuerpo es un microcosmos y una microsociedad. Hay que entender y tratar al cuerpo y al movimiento, como una totalidad en la que se fusiona lo universal y natural con lo particular y social.

La unidad cuerpo-mente-comunicación debe ser cultivada de un modo íntegro.

El cuerpo no es nunca un elemento exclusivamente material. No es una masa de carne sin más. Es carne con afectos, con sentimientos, con proyectos, con deseos, con sueños, con ilusiones, y también con frustraciones.

Todo está impreso en el cuerpo. La estructura corporal refleja cómo se es psíquica y socialmente. El cuerpo es la materia donde se imprime lo psicológico y el modo de relacionarnos con los demás.

Es una materia plástica que se moldea constantemente por las actuaciones mentales y sociales.

El cuerpo físico necesita para su supervivencia el afecto de los demás, en mayor grado que la alimentación. Sin la relación con los demás no puede vivir. El aislamiento y la incomunicación es la enfermedad más grave que nuestro cuerpo puede sufrir. Mata los afectos, las ilusiones, conduce a la demencia y a la muerte orgánica.

Hasta hace relativamente poco tiempo, esta concepción integral del cuerpo, del movimiento y de la persona, no era tenida en cuenta y, por tanto, no se desarrollaban prácticas educativas globales que abarcasen todos estos aspectos. Actualmente existen muchas técnicas corporales que se plantean potenciar los aspectos psíquicos y la comunicación, pero siguen siendo minoritarias.


Nuestro método corporal pretende integrar los aspectos físicos, los psíquicos y aquellos otros relativos a la comunicación.

Potenciar la salud corporal, despertar la sensibilidad, ser más autónomos a la vez que más abiertos y disponibles para los demás, desarrollar la propia investigación y la creatividad.

viernes, 20 de noviembre de 2020

LA EDUCACIÓN COMO CASTRACIÓN y DOMESTICACIÓN

 



LA EDUCACIÓN COMO CASTRACIÓN y DOMESTICACIÓN
Joaquín Benito Vallejo
¿Por qué el esclavo ama  al amo?
Diferentes causas y efectos pueden interrelacionarse  en este cometido, pero estamos seguros que el origen de todo yace en la educación represora.
 Vamos a esbozar en principio una pequeña síntesis  esquemática y genérica de la que pueden desprenderse infinidad de variantes y que posteriormente se ampliará.

(1) La educación represora, entendida ésta como la represión de los impulsos naturales innatos del ser vivo humano, que conlleva: 
(2) la frustración y anulación como SER auto organizado independiente y libre, así como de su: 
(3) desinterés y desconocimiento del mundo que le rodea; Si se genera un ser frustrado, desrealizado, lógicamente es un individuo: 
(4) egoísta, incapaz de valorar a los demás; Todo se refuerza y justifica 
(5) por la inculcación pareja de una ideología –o religión- autoritaria;

La represión de los impulsos innatos abarca un amplio campo. Reich lo restringe casi exclusivamente a los impulsos sexuales, aunque su concepto de sexualidad abarca al concepto de placer.  El campo de la sexualidad puede verse como un campo restringido, no así el placer. Todos los impulsos naturales conllevan la satisfacción del placer. El placer no está solo en su consecución sino también en el proceso para alcanzarlo.

El impulso primordial no solo del ser humano sino de todo ser vivo, es la exploración del medio entorno, porque es donde ha de vivir, alimentarse y relacionarse, el medio donde se nace y se vive.  
La capacidad de explorar forma parte de la energía vital del propio cuerpo del explorador
Es la fuerza de la vida por ser, hacer, conocer, desarrollarse, crecer, relacionarse, comunicarse, compartir. Es abrirse al mundo y a los demás. 
Esa exploración lo es todo. Explorar significa hacer, actuar y ello nos convierte en SER. -Somos porque hacemos-.
Este hacer irradia en una doble vertiente hacia adentro y hacia afuera. 
Hacia adentro, se refiere al propio ser que actúa, que explora. 
Hacia afuera se encuentra el medio que nos rodea, que es explorado.  
Por un lado conduce a hacerse a sí mismo al moverse y explorar  mientras que por el otro lleva a  conocer y desarrollar recursos para moverse en el medio ambiente donde se vive. 
Explorando el entorno se desarrollan todas las capacidades personales, corporales, sensoriales y motrices lo que significa  empoderarseadquirir un poder propio como sujeto activo.  
El ser se hace actuando. Y explorando el entorno se conoce este y se desarrollan capacidades para desenvolverse en él, adaptándolo y modificándolo. 
Explorar implica sentir, observar, experimentar, disfrutar, jugar, calcular, programar, proyectar, crear, ejecutar, evaluar, modificar…  pensar. 
Toda la exploración se realiza mediante el juego que no es más que ejercitar los impulsos naturales disfrutando con ello. 
Explorando se desarrolla el conocimiento y los propios recursos. Y a la inversa, explorando, el explorador se autorrealiza a sí mismocomo un ser independiente y distinto a los demás seres, con un poder propio. 
La exploración del entorno con el propio cuerpo, el propio movimiento, el propio sentir, la propia experimentación, genera la propia opinión respecto a ese entorno, no la opinión ni las creencias de los demás. Genera un pensamiento propio basado en la propia experimentación. 

Hay que subrayar además que el ser humano, como todo ser vivo pero en mayor medida, vive en sociedadrelacionándose con los demás seres de su propia especie. 

Luego, por una parte el entorno que explora es fundamentalmente un entorno social. Y la exploración se lleva a cabo en relación con los demás seres de su propia especie. Lo que hace y explora aun siendo hecho por uno mismo es hecho con la participación de los demás. 
Esa exploración interrelacionada  es lo que va a hacer que la propia autogestión del entorno sea en muchos casos una cogestión con los demás

Los demás nos ayudan a ser y a hacernos, nos hacen crecer mejor, nos potencian. 

La  exploración entonces, va a enseñar a relacionarse y a actuar con los demás
Va a enseñar, que a la vez que cada uno –al actuar- se empodera, se aprecia y se valora a sí mismo, también se produce un aprecio, respeto  y valoración de los demás, un compañerismo.  
Tanto la exploración del entorno como la autogestión con los demás, le va a enseñar a regular y modular sus propios impulsos naturales en relación con el entorno y con las demás personas. 
Esta regulación conducirá a un equilibrio entre el Yo y los Otros

Ni el Yo ni los Otros pueden ser menospreciados ni supervalorados, uno respecto al otro. En relación con los demás se origina la empatía, la solidaridad, la colaboración. Cada ser se hace único, independiente, distinto y sin embargo, complementario de los demás.


La represión de los impulsos innatos naturales conlleva el deterioro, si no la anulación, de todas las capacidades expuestas anteriormente en mayor o menor medida. 
Queda mermada la capacidad de hacer y por lo tanto de ser. Aparece la frustración, la incapacidad, la impotencia, la rabia o la resignación, la angustia.. Todo impulso que no es desarrollado hacia afuera actuando sobre el entorno, es dirigido entonces hacia adentro de uno mismo quemando el propio organismo y frustrando e incapacitando por tanto al propio ser. Comienza desde la cuna, con la actitud y comportamiento de los padres. Con la actitud prohibitiva de hacer o explorar: eso no se toca, eso no se hace, eso no se dice…, seguido del castigo o la agresión por hacer, tocar, decir…  y la correspondiente culpabilización. -Téngase en cuenta que esta represión comienza desde la primera infancia, cuando el niño o niña dependen para todo de los padres-. Así pues, el impulso natural de hacer es cercenado, incluso el deseo de hacer, las ganas, la motivación para hacer se ve atrofiado poco a poco. Entonces, la energía dirigida a hacer se emplea en no hacer, en acorazarse, en impedirse, en atarse, en contenerse. El acorazamiento es una defensa contra el deseo de hacer y contra el dolor que ello causa. Acorazándose se deja de sentir. Se hace uno de piedra. El cuerpo físico y mental se crispa, se contrae hasta ahogar no solo la capacidad de hacer sino el propio deseo en su raíz, y la imaginación de que el deseo y la posibilidad de hacer existe. Esto se ve ya claramente en el adulto donde el deseo, efectivamente, ni se imagina que pueda existir.

Cortar los impulsos naturales como el de exploración, conlleva la frustración y anulación como SER por un lado, mientras que en la otra dirección, hacia el medio externo, genera la pérdida de motivación e interés, por tanto, el desconocimiento,  de lo que ocurre en ese medio. Impedir la exploración es matar la curiosidad, la capacidad de sorprenderse y asombrarse.  Pierde la capacidad  de interesarse por lo que pasa en el mundo circundante, y con ello se asienta la ignorancia y la falta de opinión y crítica. No se asombra de que se vean estrellas en el cielo. No se interesa por el origen de la vida. No se estremece porque haya personas que no tengan para comer. Se cree que todo viene hecho por dios o quien sea. Que las cosas son así porque son así o deben ser así.  Que las cosas han sido así desde siempre. Desde que el mundo es mundo, y no pueden ser de otra manera. Unos son ricos y otros pobres. Unos mandan y otros obedecen.  Que se ha nacido para trabajar. La represión y el impedimento de desarrollar los impulsos naturales, que describimos de modo general como el impulso de explorar y conocer el medio entorno, ahoga el espíritu de curiosear, investigar, admirarse, asombrarse, e interesarse  por todo lo que nos rodea. Y, si la exploración del medio, significa experimentar y de la experimentación nace el contraste, la capacidad de opinar, de distinguir, de dilucidar, es decir, una actitud  y capacidad críticas, la anegación de esa capacidad conduce a la falta de crítica, de discriminación, de opinión. Con todo lo cual se asienta la ignorancia de por vida. ¡Qué mayor pérdida es, si no, la capacidad de interés, de saber, de conocer, que es adonde conduce la curiosidad primitiva infantil!

        Seguid y observad a un niño desde que nace hasta su adolescencia y juventud. El comienzo de la vida es un despliegue de acción. Todo lo quiere tocar, ver, experimentar. Todo él es un torbellino. Siente curiosidad por todo, se apasiona por ello, irradia interés y vitalidad… Hacia los 4 años vemos con estupor como todo esto se va apagando. La escuela ya acaba con el interés, empieza la rutina y la desmotivación.

Inculcación de una ideología.- La represión del deseo de hacer, -que como hemos visto, anula la capacidad de serasí como la capacidad de interesare por lo que pasa en el mundo, siembra y acrecienta la idea de una autoridad que es la que solo puede hacerA la que los demás debemos obedecer. La educación se fragua en la familia. Los padres son en primer lugar los representantes de toda autoridad. Ellos son los que saben, los que imponen las normas, los castigos, el orden que se ha de seguir. El padre es por antonomasia el símbolo y la encarnación de la autoridad. Esto implica también que la sociedad sea fundamentalmente patriarcal y machista. La imagen del padre y de la autoridad  será proyectada después sobre todo aquél que tiene un poder, un saber, una riqueza: los padres, los mayores, el maestro, el médico, el cura, el patrón, el que tiene el dinero o el poder, los que gobiernan. El alcalde, el presidente de lo que sea. El ministro, el papa. Dios en último término como máximo representante de la autoridad. Todos ellos simbolizan el orden establecido. Solamente al conseguir alguno de esos rangos se puede llegar a mandar a los que están por debajo. –Estructura jerárquica- Esa ideología implica la obediencia al orden establecido como si ella fuera la ley de la vida.  Por un lado, a la vez que  se establece el temor a la autoridad, se establece también la admiración a esa autoridad. Temer y admirar. Temo al padre y le admiro por lo que vale y representa, levanto un mito. Le temo pero quiero llegar a ser como él. De modo que tenemos que prepararnos para ser como ellos. O para estar a su lado obedeciendo e implantado a la vez, su ordenamiento, porque estando a su lado puedo conseguir favores y beneficios, incluso llegar a dar nuestra vida si su ordenanza lo necesita. La iglesia o la patria es esa arcadia por la que todos, llegado el caso, hemos de sacrificarnos. Esa ideología o religión supone la implantación también de un esquema mental rígido, cuadriculado, estrecho de aquello que hemos de pensar e incluso de sentir. De tal modo que llegamos a no poder imaginar ni concebir algo distinto a lo establecido. La ideología y la religión nos ata, quedamos al servicio de una idea. Una idea y de una creencia contraria a nuestras necesidades naturales reales. Nos sacrificamos por el jefe y la ideología. Le amamos para que nos dé sus migajas.  Nos convertimos en sus esclavos. Y podemos llegar a matar o morir por defenderlaLa ideología modifica la estructura psíquica de las personas, se reproduce y se convierte en una fuerza activa en contra de las necesidades reales –económicas y vitales- de las personas.


 Egocentrismo. Al no ser satisfechas las necesidades vitales más básicas, aquellas que nos realizan como seres humanos, desarrollamos la carencia más primigenia también: no somos nosotros, somos solo un simulacro de lo que pudiéramos haber sido. No somos independientes, no estamos autorrealizados.  Si el acto autónomo de hacer  nos empodera, ahora quedamos desempoderados, desrealizados, desposeídos. Un ser que no se ha hecho como ser no puede pensar en otros seres. No puede ser altruista. Es en el fondo un egoísta y un narcisista. Obedece al que tiene el poder pero no se preocupa de él más que en esa medida. Y a los demás, a los que no tienen el poder, intenta dominarlos, engañarlos, manipularlos. Su frustración, su no ser, su complejo de inferioridad se descarga contra los demás que puede, aquellos que son inferiores a él. A los demás se les ve como antagonistas contra los que hay que luchar. Piensa que el hombre es un lobo para el hombre y así ha de comportarse. Los demás son enemigos, contra los que hay que estar alerta y luchar. Ha de aprovecharse de los demás. Ha de subir en el escalafón a costa de los demás.


Luego, el esclavo ama al amo por que le han educado para ello. Mejor dicho, le han domesticado. En la base de todo está la represión de los impulsos vitales naturales, el de explorar el medio y conocerle a la vez que hacerse a sí mismo. Esto acarrea su frustración y desrealización como ser autónomo libre e independiente. Le hace desentenderse del mundo circundante y de los otros. Con lo cual pierde todo su interés por el mundo de donde se deriva la ignorancia, y se convierte en un individuo egoísta que solo ve a los demás como enemigos contendientes. Esto se refuerza con la inculcación de la ideología autoritaria implícita en la educación represiva autoritaria: la obediencia, el miedo, y la admiración a la autoridad. Implicando además un esquema mental rígido y cuadriculado incapaz de concebir otras formas de ser y de pensar. Esto viene reforzado a la vez con el cercenamiento de la exploración del entorno, del desinterés por el mundo, la implantación de la ignorancia, la falta de motivación por conocer, por  leer, por saber. 
Todo esto consolida la formación de ciudadanos peleles y marionetas, cuya única función en la vida es vivir para trabajar y obedecer. Aquí está ya sentado y sembrado todo el germen. 
Pero aun así, el poder despliega otros poderes para que en el transcurso se escapen los menos posibles, porque ese yugo impuesto desde la cuna puede romperse de muchas maneras. Para que esto no ocurra o se dé lo menos posible, resulta que el poder está detentado por sociópatas, gente sin escrúpulos,  sin ninguna empatía, que engañan, manipulan, mienten y roban. (Una o quizá la principal característica del sociópata es alcanzar el poder porque de esa manera cumple mejor sus necesidades de dominio y manipulación.) Gente que paradójicamente han sido también reprimidos en sus impulsos vitales primarios, pero que al contrario que la gente común han llegado a ocupar la autoridad,  porque la lucha que han desplegado para llegar arriba es mayor, disponen de más medios para ello, son más agresivos, son auténticos depredadores. 
En épocas pasadas imponían férreas dictaduras mientras que ahora han aprendido por sus manipulaciones a aparentar ser demócratas. Las leyes que imponen son más sofisticadas. Además de esto controlan los medios de comunicación, radio, televisión, prensa, etc. haciendo que estos medios solo digan las cosas que a ellos les interesan. Sin olvidar los programas estupidizantes.

 Aportaciones Bibliográficas
1.     Del acto al pensamiento – H. Wallon – Editorial Psique – Buenos Aires 1987
2.     La función del orgasmo – W Reich – Biblioteca de psicología profunda  - Editoral Paidos – Buenos Aires 1972
3.     Psicología de las masas del fascismo  - W Reich  - Editorial Ayuso – Madrid 1972



piedra y nube: LA IGNORANCIA -1- ¿Por qué el esclavo ama al amo?

piedra y nube: LA IGNORANCIA -1- ¿Por qué el esclavo ama al amo? : ¿Por qué la gente vota a quién le explota? ¿Por qué el esclavo ama ...