el arte de amar


Erich Fromm – El arte de amar – Una investigación sobre la naturaleza del amor-  Paidos Studio.  Barcelona 1993
Síntesis realizada por Joaquín Benito Vallejo

 

No se trata de buscar ser amado, sino de que tú ames a los demás.

Fromm cree que amar es un arte y como tal debe cultivarse. Por un lado debe basarse en una teoría -unos conocimientos- y por otro implica desarrollar una práctica, dominar ambos campos: teoría y práctica. Y debe tomarse como lo más importante de su vida.

Los conocimientos han de partir de una concepción del ser humano y de su existencia. Fromm parte de que el hombre desciende de los animales, por lo tanto tiene mucho de ellos, pero también algo que le diferencia y que le confiere su esencia humana. Ha superado en gran parte los instintos que le une a la naturaleza mientras ha dado lugar a la emergencia del razonamiento, implicando este, la conciencia de sí mismo, de sus semejantes, de su historia. Esto es lo que va conferir la conciencia de su finiquitud, de su soledad, de su separatividad lo cual le produce angustia. Y de esa conciencia nacería el amor como la necesidad de unión con los demás para afrontar la vida y paliar el desvalimiento, la angustia y la soledad.

El deseo de fusión interpersonal es el más poderoso del hombre, la pasión más fundamental, la fuerza que sostiene al ser humano.
 
¿A qué clase de amor nos referimos al hablar de amor? Se trata de la solución madura al problema de la existencia, no a formas inmaduras, patológicas, neuróticas o simbióticas de estar juntos.
La unión simbiótica entre dos –la más común es la de la madre con el hijo- la constituyen dos cuerpos distintos pero dependientes psicológicamente el uno del otro. Se necesitan uno a otro. Un componente puede ejercer el papel pasivo de sumisión –masoquista- mientras el otro activo, de dominio, -sádico-, o ambas actitudes pueden estar mezcladas de diversas formas, en todo caso ambas personas se necesitan para vivir.

El amor maduro, al contrario, significa unión manteniendo la propia integridad e individualidad.


El amor se concibe como una actividad continua, no un afecto pasivo, ni un arranque súbito. Amar es fundamentalmente dar. Dar no significa renunciar a algo, privarse o sacrificarse. Esa es la idea infantil y mercantilista: dar solo a cambio de recibir, por  lo que puede concebirse como un sacrificio y practicarlo en ese sentido.

En el campo más específicamente humano, dar es entregar lo mejor de sí mismo, no dar su vida por el otro, sino aquello que está vivo en él, su alegría, su tristeza, su interés, su comprensión, su conocimiento. Al dar de esta manera enriquece a la otra persona (p. 33) Al dar, lleva a la vida algo en la otra persona y eso se refleja a su vez en ella. Dar implica hacer de la otra persona un dador. El amor es un poder que produce amor, la impotencia es la incapacidad de producir amor. Si nuestro amor no produce amor como expresión de vida, si al amar no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, es una desgracia.

La capacidad de amar depende del desarrollo de la persona, de si ha superado la dependencia, el narcisismo, el deseo de explotar  a los demás o de acumular  cosas. La capacidad de amar florece  cuando se ha adquirido la fe en sus propios valores, el coraje para confiar en sus capacidades y alcanzar el logro de sus fines. Si carece de tales cualidades tiene miedo de darse y por lo tanto, de amar.

 
El carácter activo del amor se hace evidente en el hecho de que conlleva ciertos elementos básicos comunes a todas las formas de amar: cuidado, responsabilidad, respeto, conocimiento.

 
El cuidado es evidente cuando uno se preocupa por su bienestar físico, sea un niño, las flores, los animales o la naturaleza. El amor es preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que se ama.
El cuidado y la preocupación implican otro aspecto más del amor, la responsabilidad. Esta no es algo impuesto desde el exterior, por el contrario es un acto voluntario y constituye la respuesta a las necesidades expresadas por otro ser humano. Ser responsable significa estar listo para responder. Se siente tan responsable por los demás como por sí mismo.

La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominio y posesión si no fuera por otro componente del amor, el respeto.

Respeto viene de respicere = mirar. La capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse porque la otra persona crezca y se desarrolle tal como es, por sí misma, en la forma que le es propia. De modo que implica la ausencia de explotación.

Amar a otra persona es respetarla, y estar con ella tal cual es, no como yo quiero y necesito que sea para servirme o estar a mi disposición.

El respeto solo es posible si el sujeto ha alcanzado la independencia, si puede caminar sin ayuda y  sin necesidad de explotar ni de dominar a nadie. Solo puede existir sobre la base de la libertad.

Respetar a una persona sin conocerla no es posible. El cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no  los guiara el conocimiento. Y este sería vacío si no lo motivara la preocupación. Solo es posible cuando puedo trascender la preocupación por mí mismo y ver a la otra persona en sus propios términos.

Hay que comprender los estados emocionales de la persona. Comprender por ejemplo que la cólera es la manifestación de la angustia y el sufrimiento y entonces ver  a la persona como alguien que sufre no que está simplemente enojada.


Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes. Constituyen un síndrome de actitudes que se encuentran en la persona madura, que solo desea poseer los dones que ha ganado por sí mismo, que ha renunciado a los sueños narcisistas de omnipresencia y omnipotencia, que ha adquirido humildad basada en esa fuerza interior que solo la genuina actividad puede proporcionar.

 
Para el niño el problema consiste casi exclusivamente en ser amado. El niño aún no ama, responde con gratitud a las muestras de amor. A medida que madura, el niño quiere ya dar amor, hace cosas que gusten o satisfagan a los padres para ello. La idea del amor se transforma de ser amado a amar. Se va superando el egocentrismo, la otra persona ya no es exclusivamente un medio para satisfacer sus necesidades. Las necesidades de la otra persona son tan importantes como las propias. Dar es más satisfactorio que recibir. Al amar se abandona la prisión de soledad y aislamiento que representa el estado de narcisismo y egocentrismo. Se adquiere la sensación de unión con el otro y de compartir. Se siente la capacidad de producir amor, antes que la dependencia de recibir y de ser amado –para lo cual ha de ser pequeño, indefenso, enfermo, -o bueno-.


El amor infantil sigue el principio: amo porque me aman.
El amor maduro responde al principio: me aman porque amo.
El amor inmaduro dice: te amo porque te necesito.
El amor maduro dice: te necesito porque te amo.

 
El amor no es esencialmente una relación con una persona, sino una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad, no como un objeto amoroso.

Si una persona ama solamente a otra y es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor, sino una relación simbiótica o un egotismo ampliado.

El amor no está constituido por el objeto sino por la facultad.  

Amar a una sola persona es una falacia. Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida.

La clase más fundamental de amor, básica en todos los tipos de amor, es el amor fraternal. Por él se entiende el sentido de responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento con respecto a cualquier otro ser humano, el deseo de promover su vida. En el amor fraternal se realiza la experiencia de unión, de solidaridad y de reparación con todos los hombres. Todos somos uno. Las diferencias de inteligencia u otras, son despreciables en comparación con la identidad de la esencia humana.

Las diferencias están en lo superficial, lo que nos separa, si se penetra hasta el núcleo encontraremos la esencia, lo que nos une.

El amor solo comienza a desarrollarse cuando se ama a quienes no necesitamos para nuestros fines.


Al tener compasión del desvalido el hombre comienza a desarrollar amor a su hermano, y al amarse a sí mismo, ama también al que necesita ayuda, al frágil e inseguro. La compasión implica el elemento de conocimiento e identificación.


El amor materno hace sentir al niño la suerte de haber nacido y el amor a la vida. La tierra prometida –símbolo materno- se describe como llena de leche y miel. La leche es el símbolo del cuidado y la afirmación, mientras que la miel es el símbolo de la dulzura de la vida, el amor por ella y la felicidad. La mayoría de las madres saben dar leche, pero muy pocas pueden dar miel.

El amor entre madre e hijo es por su misma naturaleza de desigualdad en la que uno necesita todo y el otro se lo da. Y es precisamente por su carácter altruista y generoso que este amor es considerado la forma más elevada de amor y el más sagrado de los vínculos emocionales. Se supone que esta actitud amorosa se encuentra parcialmente arraigada en el equipo instintivo que se encuentra también en los animales.

Se dan otros elementos psicológicos como el narcisista, en la medida en que el niño es considerado una parte de la madre.

Y otra motivación radica en el deseo de poder o de posesión. El niño desvalido sometido por entero a la voluntad de la madre constituye un enorme objeto de satisfacción para la madre posesiva y dominante.

Otra motivación más es la necesidad de transcendencia arraigada también en el ser humano por el hecho de su autoconciencia. (p. 56) La madre se transciende en el niño. Su amor por él da sentido y significación a su vida. Pero el niño debe crecer y desarrollar una vida autónoma. Y el amor materno debe desear y alentar  ese crecimiento y separación. En esta culminación generosa del amor muchas madres fracasan.

El amor fraterno es amor entre hermanos. El amor materno, amor por el desvalido. Por su misma naturaleza ambos tipos de amor no están restringidos a una sola persona. Amar al hermano y amar al hijo es amar a todas las personas que lo necesitan.

En contraste con ambos está el amor erótico. Este es exclusivo y no universal. Y es también la forma de amor más engañosa que existe. Su amor es en realidad un egotismo a dos. Son dos seres que se identifican el uno con el otro y resuelven el problema de la separatividad convirtiendo al individuo aislado en dos. En el amor erótico si es amor verdadero aman y vivencian a la otra persona desde la esencia del ser. Todos somos parte de Uno; somos Uno. El amor es un acto de voluntad, y un compromiso, de decidir dedicar nuestra vida a la otra persona.

El amor a sí mismo está inseparablemente ligado al amor a cualquier otro ser. Es indivisible en cuanto atañe a la conexión con los demás. No es un afecto en el sentido de que alguien nos afecte, sino un esforzarse activo arraigado en la propia capacidad de amar que tiende al crecimiento y la felicidad de la persona amada.

Es la realización y concentración del poder de amar. Amar a otra persona implica amar al hombre como tal. La persona egoísta desea todo para sí mismo, no siente placer en dar, solo en tomar.

El egoísmo y el amor a sí mismo son opuestos. El individuo egoísta no se ama, en realidad se odia. Se siente necesariamente infeliz y ansiosamente preocupado por arrancar a la vida las satisfacciones que él se impide tener.

La ávida preocupación por los demás como la que muestra la madre protectora por su hijo no obedece a un amor excesivo por el niño sino a que debe compensar su total incapacidad de amarlo. (p. 65) La “generosidad” de la madre impide que los hijos la critiquen.

(Meister Eckhart: Si te amas a ti mismo, amas a todos los demás como a ti. Mientras ames a otra persona menos que a ti, no lograrás realmente amarte, pero si amas a todos por igual incluyéndote a ti, los amarás como una sola persona.

(Relacionado con el libro: educar-nos para la ternura)

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