domingo, 3 de septiembre de 2017

el arte de amar


Erich Fromm – El arte de amar – Una investigación sobre la naturaleza del amor-  Paidos Studio.  Barcelona 1993 -- Síntesis realizada por Joaquín Benito Vallejo
(Relacionado con el libro: educar-nos para la ternura)

 

No se trata de buscar ser amado, sino de
que tú ames a los demás.


Fromm cree que amar es un arte y como tal debe cultivarse.
Por un lado debe basarse en una teoría -unos conocimientos- y por otro implica desarrollar una práctica, dominar ambos campos. Y debe tomarse como lo más importante de la vida.

Los conocimientos han de partir de la concepción del ser humano y de su existencia. El hombre ha superado en gran parte los instintos que le unen a la naturaleza mientras ha dado lugar a la emergencia del razonamiento, implicando este, la conciencia de sí mismo, de sus semejantes, de su historia. Esto es lo que va a conferir la conciencia de su finiquitud, de su soledad y de su separatividad lo cual le produce angustia.  
 
De esa conciencia nacería el amor, como la necesidad de unión con los demás para afrontar la vida y paliar el desvalimiento, la angustia y la soledad.

El hombre intenta superar la separatividad por diferentes vías: una es por la sumisión, la otra por el dominio. Pero ambas son falsas y por ello conducen al fracaso. En ambos casos hay una dependencia de la otra persona. Y no se consigue ni la unión ni la integridad personal.

El ejemplo más típico es la simbiosis: madre hijo; marido mujer; empresario empleado; etc. etc. Siempre hay una dependencia, el que ejerce el papel activo depende del pasivo y viceversa.

 
La única fórmula auténtica es el amor: la unión con el mundo, con los otros, manteniendo y desarrollando la integridad personal.
 
El amor es conexión: consigo mismo, con los otros, con la naturaleza. En el amor yo soy uno con todos y a la vez yo soy yo mismo. Singular, independiente, limitado, moral.
El deseo de fusión interpersonal es el más poderoso del hombre, la pasión más fundamental, la fuerza que sostiene al ser humano.

 
¿A qué clase de amor  nos referimos al hablar de amor? Se trata de la solución madura al problema de la existencia, no a formas inmaduras, patológicas, neuróticas o simbióticas de estar juntos.

 La unión simbiótica entre dos la constituyen dos cuerpos distintos pero dependientes psicológicamente el uno del otro. Un componente puede ejercer el papel pasivo de sumisión –masoquista- mientras el otro activo, de dominio, -sádico-, o ambas actitudes pueden estar mezcladas de diversas formas, en todo caso ambas personas se necesitan para vivir.

 
El amor maduro, significa unión manteniendo la propia integridad e individualidad.

 
El amor se concibe como una actividad continua, no un afecto pasivo, ni un arranque súbito. Amar es fundamentalmente dar.

Dar no significa renunciar a algo, privarse o sacrificarse. Esa es la idea infantil y mercantilista: dar solo a cambio de recibir, por  lo que puede concebirse como un sacrificio y practicarlo en ese sentido.

En el campo más específicamente humano, dar es entregar lo mejor de sí mismo, no dar su vida por el otro, sino aquello que está vivo en él, su alegría, su tristeza, su interés, su comprensión, su conocimiento. Al dar de esta manera enriquece a la otra persona (p. 33) Al dar, lleva a la vida algo a la otra persona y eso se refleja a su vez en ella. Dar implica hacer de la otra persona un dador. El amor es un poder que produce amor, la impotencia es la incapacidad de producir amor. Si nuestro amor no produce amor como expresión de vida, si al amar no nos convertimos en personas amadas, entonces nuestro amor es impotente, es una desgracia.

 La capacidad de amar depende del desarrollo de la persona, de si ha superado la dependencia, el narcisismo, el deseo de explotar  a los demás o de acumular  cosas.

La capacidad de amar florece  cuando se ha adquirido la fe en sus propios valores, el coraje para confiar en sus capacidades y alcanzar el logro de sus fines. Si carece de tales cualidades tiene miedo de darse y por lo tanto, de amar.

 
El carácter activo del amor se hace evidente en el hecho de que conlleva ciertos elementos básicos comunes a todas las formas de amar: cuidado, responsabilidad, respeto, conocimiento.

 El cuidado es evidente cuando uno se preocupa por su bienestar físico, sea un niño, las flores, los animales o la naturaleza.
El amor es preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que se ama.
El cuidado y la preocupación implican otro aspecto más del amor, la responsabilidad. Esta no es algo impuesto desde el exterior, por el contrario es un acto voluntario y constituye la respuesta a las necesidades expresadas por otro ser humano.

Ser responsable significa estar listo para responder. Sentirse tan responsable por los demás como por sí mismo.

 La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominio y posesión si no fuera por otro componente del amor, el respeto.

Respeto viene de respicere = mirar. La capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse porque la otra persona crezca y se desarrolle tal como es, por sí misma, en la forma que le es propia. De modo que implica la ausencia de explotación.

Amar a otra persona es respetarla, y estar con ella tal cual es, no como yo quiero y necesito que sea para servirme o estar a mi disposición.
El respeto solo es posible si el sujeto ha alcanzado la independencia, si puede caminar sin ayuda y  sin necesidad de explotar ni de dominar a nadie. Solo puede existir sobre la base de la libertad.
Respetar a una persona sin conocerla no es posible. El cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. Y este sería vacío si no lo motivara la preocupación. Solo es posible cuando puedo trascender la preocupación por mí mismo y ver a la otra persona en sus propios términos.
Hay que comprender los estados emocionales de la persona. Comprender por ejemplo que la cólera es la manifestación de la angustia y el sufrimiento y entonces ver  a la persona como alguien que sufre no que está simplemente enojada.

 Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes. Constituyen un síndrome de actitudes que se encuentran en la persona madura, que solo desea poseer los dones que ha ganado por sí mismo, que ha renunciado a los sueños narcisistas de omnipresencia y omnipotencia, que ha adquirido humildad basada en esa fuerza interior que solo la genuina actividad puede proporcionar.

 
Para el niño el problema consiste casi exclusivamente en ser amado. El niño aún no ama, responde con gratitud a las muestras de amor. A medida que madura, el niño quiere ya dar amor, hace cosas que gusten o satisfagan a los padres para ello. La idea del amor se transforma de ser amado a amar. Se va superando el egocentrismo, la otra persona ya no es exclusivamente un medio para satisfacer sus necesidades. Las necesidades de la otra persona son tan importantes como las propias. Dar es más satisfactorio que recibir.
Al amar se abandona la prisión de soledad y aislamiento que representa el estado de narcisismo y egocentrismo. Se adquiere la sensación de unión con el otro y de compartir. Se siente la capacidad de producir amor, antes que la dependencia de recibir y de ser amado –para lo cual ha de ser pequeño, indefenso, enfermo, -o bueno-.

 
El amor infantil sigue el principio: amo porque me aman.
El amor maduro responde al principio: me aman porque amo.
El amor inmaduro dice: te amo porque te necesito.
El amor maduro dice: te necesito porque te amo.

 
El amor no es esencialmente una relación con una persona, sino una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad, no como un objeto amoroso.

Si una persona ama solamente a otra y es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor, sino una relación simbiótica o un egotismo ampliado.

El amor no está constituido por el objeto sino por la facultad.  
Amar a una sola persona es una falacia. Si amo realmente a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo la vida.

 
La clase más fundamental de amor, básica en todos los tipos de amor, es el amor fraternal. Por él se entiende el sentido de responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento con respecto a cualquier otro ser humano, el deseo de promover su vida. En el amor fraternal se realiza la experiencia de unión, de solidaridad y de reparación con todos los hombres. Todos somos uno. Las diferencias de inteligencia u otras, son despreciables en comparación con la identidad de la esencia humana.
Las diferencias están en lo superficial, lo que nos separa, si se penetra hasta el núcleo encontraremos la esencia, lo que nos une.

El amor solo comienza a desarrollarse cuando se ama a quienes no necesitamos para nuestros fines.

 Al tener compasión del desvalido el hombre comienza a desarrollar amor a su hermano, y al amarse a sí mismo, ama también al que necesita ayuda, al frágil e inseguro. La compasión implica el elemento de conocimiento e identificación.

 El amor materno hace sentir al niño la suerte de haber nacido y el amor a la vida. La tierra prometida –símbolo materno- se describe como llena de leche y miel. La leche es el símbolo del cuidado y la afirmación, mientras que la miel es el símbolo de la dulzura de la vida, el amor por ella y la felicidad. La mayoría de las madres saben dar leche, pero muy pocas pueden dar miel.

El amor entre madre e hijo es por su misma naturaleza, de desigualdad, en la que uno necesita todo y el otro se lo da. Y es precisamente por su carácter altruista y generoso que este amor es considerado la forma más elevada de amor y el más sagrado de los vínculos emocionales.
Se supone que esta actitud amorosa se encuentra parcialmente arraigada en el equipo instintivo que se encuentra también en los animales.

Se dan otros elementos psicológicos como el narcisista, en la medida en que el niño es considerado una parte de la madre.
Y otra motivación radica en el deseo de poder o de posesión. El niño desvalido sometido por entero a la voluntad de la madre constituye un enorme objeto de satisfacción para la madre posesiva y dominante.

Otra motivación más es la necesidad de transcendencia, arraigada también en el ser humano por el hecho de su autoconciencia. (p. 56) La madre se transciende en el niño. Su amor por él da sentido y significación a su vida. Pero el niño debe crecer y desarrollar una vida autónoma. Y el amor materno debe desear y alentar  ese crecimiento y separación. En esta culminación generosa del amor muchas madres fracasan.

 El amor fraterno es amor entre hermanos. El amor materno, amor por el desvalido.
Por su misma naturaleza ambos tipos de amor no están restringidos a una sola persona. Amar al hermano y amar al hijo es amar a todas las personas que lo necesitan.

 
En contraste con ambos está el amor erótico. Este es exclusivo  y no universal.  
Y es también la forma de amor más engañosa que existe. Su amor es en realidad un egotismo a dos. Son dos seres que se identifican el uno con el otro y resuelven el problema de la separatividad convirtiendo al individuo aislado en dos. En el amor erótico si es amor verdadero aman y vivencian a la otra persona desde la esencia del ser. Todos somos parte de Uno; somos Uno. El amor es un acto de voluntad, y un compromiso, de decidir dedicar nuestra vida a la otra persona.

 El amor a sí mismo está inseparablemente ligado al amor a cualquier otro ser.

Es indivisible en cuanto atañe a la conexión con los demás. No es un afecto en el sentido de que alguien nos afecte, sino un esforzarse activo arraigado en la propia capacidad de amar que tiende al crecimiento y la felicidad de la persona amada.
Es la realización y concentración del poder de amar. Amar a otra persona implica amar al hombre como tal. La persona egoísta desea todo para sí mismo, no siente placer en dar, solo en tomar.
El egoísmo y el amor a sí mismo son opuestos. El individuo egoísta no se ama, en realidad se odia. Se siente necesariamente infeliz y ansiosamente preocupado por arrancar a la vida las satisfacciones que él se impide tener.
La ávida preocupación por los demás como la que muestra la madre protectora por su hijo no obedece a un amor excesivo por el niño sino a que debe compensar su total incapacidad de amarlo. (p. 65) La “generosidad” de la madre impide que los hijos la critiquen.

(Meister Eckhart:
Si te amas a ti mismo, amas a todos los demás como a ti. Mientras ames a otra persona menos que a ti, no lograrás realmente amarte, pero si amas a todos por igual incluyéndote a ti, los amarás como una sola persona.


-III EL AMOR Y SU DESINTEGRACIÓN EN LA SOCIEDAD OCCIDENTAL CONTEMPORANEA-

El amor es un fenómeno raro en nuestra sociedad, en su lugar hay múltiples formas de pseudo amor, que son otras tantas formas de desintegración del amor.
A consecuencia de las características del capitalismo el hombre está enajenado de sus semejantes y de la naturaleza.
El hombre se parece al de “Un mundo feliz” de Huxley. Es feliz divirtiéndose y consumiendo sin conciencia alguna.

Los autómatas no pueden amar.

El amor como satisfacción sexual recíproca y el amor como trabajo en equipo -relaciones aceitadas entre personas que son extrañas toda su vida- y como un refugio de la soledad constituyen las formas normales de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea, de la patología del amor socialmente determinado.

Hay muchas formas individualizadas de la patología del amor que ocasionan muchos sufrimientos y son consideradas neuróticas.

 
Algunas de ellas son las siguientes:

La condición básica del amor neurótico radica en que uno de los componentes ha permanecido ligado a la figura de un progenitor y transfieren a la persona “amada” en la vida adulta, los sentimientos, expectativas y temores que una vez tuvieron frente al padre o la madre.

Tales personas no han superado el patrón de relación infantil y lo repiten en las relaciones afectivas en la vida adulta.
La persona sigue siendo afectivamente una criatura de dos, cinco o doce años.
En los casos más graves esa inmadurez emocional conduce a perturbaciones en sus relaciones sociales. (p. 94)

Un tipo de relación neurótica amorosa frecuente se refiere a hombres que en su desarrollo emocional han permanecido fijados a una relación infantil con la madre.

Siguen sintiendo como niños; quieren el amor, el cuidado, la admiración, etc., de la madre… porque están desvalidos. Suelen ser afectuosos y encantadores cuando tratan de que una mujer les ame. Pero su relación con la mujer, como en general con toda la gente, es superficial. Su finalidad es ser amados, no amar. No pueden.

Suele haber mucha vanidad e ideas grandiosas más o menos soslayadas.

Otra forma más grave de la patología es la fijación a la madre de una forma más profunda e irracional.

 Aquí el deseo no consiste, hablando simbólicamente, en volver a los brazos protectores de la madre y  a su pecho nutricio, sino a sus entrañas. Si la naturaleza de la salud mental consiste en salir de las entrañas al mundo, la naturaleza de la enfermedad mental es la atracción a introducirse de nuevo en las entrañas maternas, lo que equivale a ser arrebatado de la vida.

Tales fijaciones se producen en la relación con madres absorbentes –y destructivas-, bien en nombre de la protección o del  deber, quieren mantener al niño o al adulto dentro de ellas, respirar por ellas, vivir por ellas, no debe ser independiente sino un eterno inválido –o un criminal-.

Esa actitud absorbente y destructiva constituye el aspecto negativo de la figura materna.  La madre puede dar vida y también puede tomarla. Es ella quien revive y ella quien destruye. En las imágenes religiosas como la diosa hindú Kali y el simbolismo onírico encontramos los dos aspectos opuestos de la madre.

En los casos en que la relación principal se establece con el padre, la patología neurótica es distinta. Puede ser “buen padre” y a la vez autoritario. Cuando está complacido con la conducta del hijo le elogia y le hace regalos mientras que cuando no le gusta se aleja de él y le reprende.

El hijo se comporta frente al padre como un esclavo. Su finalidad solo es complacerlo y cuando lo logra se siente satisfecho, pero cuando no lo logra se siente rechazado y abandonado.

En los años posteriores las relaciones con figuras paternas simbólicas, -profesores, jefes, etc.-, serán similares a las del padre real, viviendo en altibajos según le vaya con el padre simbólico.

Suelen tener éxito en su carrera profesional ya que son afanosos y dignos de confianza si encajan con la figura paterna. Con las mujeres pueden ser distantes y también protectores.

Más complicada es otro tipo de perturbación neurótica basada en las relaciones paternas de distinto tipo, que se produce cuando los padres no se aman pero no manifiestan signos exteriores de insatisfacción.

Al mismo tiempo su alejamiento les quita espontaneidad en la relación con los hijos.

El hijo nunca está seguro de lo que los padres sienten o piensan. Como consecuencia el hijo se retrae en su mundo propio, tiene ensoñaciones, permanece alejado, sus relaciones posteriores se basarán en la misma actitud. La retracción da lugar al desarrollo de una angustia intensa, de un sentimiento de no estar, y suele llevar a tendencias masoquistas.

Otra forma de pseudo amor que frecuentemente se describe en películas y novelas es el amor idolatrado.  Si una persona no ha alcanzado el nivel de yoidad, de realización personal, de desarrollo de sus propios poderes, tiende a idealizar a la persona amada. Está enajenada de sus propios poderes y los proyecta en la otra persona. Este amor suele describirse como el gran y verdadero amor pero solo demuestra el vació y la desesperación.

Otra forma más de pseudo amor es el amor sentimental.  El amor romántico. Solo se experimenta en la fantasía y no en la realidad con otra persona. Se encuentra en la gratificación amorosa sustitutiva que se experimenta con películas, novelas y canciones de amor. Toda la insatisfacción de amor y realización personal se hallan en el consumo de estos productos.

Hay diversos modos más de amores neuróticos, todos ellos enraizados en la falta de realización personal.

El amor solo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias propias. Entendido así el amor es un desafío constante: moverse, crecer, trabajar juntos…donde hay conflicto, armonía, alegría, tristeza.

El hecho fundamental es que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos.
 

-IV LA PRÁCTICA DEL AMOR- 

Solamente se puede aprender algo, practicándolo.
No se trata de dar recetas. Amar es una experiencia personal que solo podemos tener por y para nosotros mismos.

La práctica de cualquier arte contiene una serie de requisitos independiente del arte que sea, como son los siguientes: disciplina, concentración, paciencia, preocupación, bases previas.

Disciplina: prácticas diarias.

Concentración: desarrollar la capacidad de estar solo, condición indispensable para desarrollar la capacidad de amar.

Práctica diaria - Concentrarse en todo lo que uno hace: leer, escuchar música, contemplar un paisaje. Estar en el momento presente plenamente. Las cosas toman una nueva dimensión. Evitar las conversaciones triviales. Que se experimente lo que se habla. No hablar con clichés. Sentir lo que se dice.

Evitar las malas compañías: gente viciosa, destructiva, deprimente, venenosa, zombis, triviales… Comportarse de otra manera distinta a  como lo hacen ellos, con sinceridad, no seguir su rollo. Concentrarse en la relación con otros, escuchar. Tener el tesón de un niño aprendiendo a caminar. Hacerse sensible a uno mismo.

Conexión. Serenidad atenta vigilante. –Como el conductor con el coche y la carretera.

Como la madre con el niño- Ser sensible con el otro. Conectado. Receptivo, alerta, atento. Ser consciente. Preguntarse: qué ocurre, por qué me pasa esto? Para ser sensible con uno mismo, hay que conocer y sentir a los demás. Emular e inculcar valores espirituales, no la posesión, ni la riqueza, ni la banalidad.

 Superación del propio narcisismo. Desarrollar la capacidad de ver a la gente de forma objetiva, tal y como son, no por los propios deseos y temores, no por su utilidad o peligro. No ver el mundo exterior como símbolo del mundo interior. No pensar mal de los demás. La facultad de pensar objetivamente es la razón, la actitud emocional correspondiente a la razón es la humildad. Utilizar la razón objetiva solo es posible si se ha alcanzado la humildad, si se ha emergido de los sueños omniscientes de la infancia.

El amor depende de la ausencia de narcisismo y requiere el desarrollo de la humildad, la objetividad y la razón.
Toda la vida debe estar dedicada a esa finalidad. Si quiero aprender el arte de amar debo esforzarme por ser objetivo en todas las situaciones y hacerme sensible a la situación a la que no soy objetivo.

La capacidad de amar depende de la capacidad de superar el narcisismo y la fijación incestuosa a la madre, al clan –familia, patria-… 

Depende de nuestra capacidad de crecer, de desarrollar una orientación productiva en nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos.

Para ese despertar se necesita a su vez la fe. No es la fe irracional de creer en una persona o idea a la que uno se somete, sino la fe racional como una convicción arraigada en la propia experiencia mental y afectiva. La cualidad de certeza y firmeza que poseen nuestras convicciones.

Es un rasgo caracterológico que penetra toda la personalidad y no una creencia. Arraiga en la actividad productiva intelectual y emocional. Es un importante componente del pensamiento racional. Grandes científicos como Galileo, Copérnico, Newton, estaban imbuidos de una gran fe en su razón. Si la fe irracional es la aceptación de algo solo porque así lo afirma una autoridad o la mayoría, por el contrario, la fe racional tiene sus raíces en una convicción independiente basada en el propio pensamiento, experiencia y observación productiva a pesar de la opinión de la mayoría.

En la esfera de las relaciones humanas la fe es una cualidad indispensable de cualquier amistad o amor significativos.

Tener fe en otra persona es estar seguro de su confianza e inmutabilidad de sus actitudes fundamentales, de la esencia de su personalidad y de su amor.   En igual sentido tenemos fe en nosotros mismos, en nuestra existencia, en nuestro yo, en el núcleo de nuestra personalidad, en nuestra propia identidad.

Si no tenemos fe en la persistencia de nuestro yo, nuestro sentimiento de identidad se verá amenazado y nos haremos dependientes de otra gente cuya aprobación se convierte entonces en la base de nuestro sentimiento de identidad.

Solo la persona que tiene fe en sí mismo puede ser fiel a los demás pues solo ella puede estar segura de que será en el futuro igual que es hoy y que sentirá y actuara como ahora espera hacerlo.

Es importantísimo que la persona de mayor influencia en el niño tenga fe en sus  potencialidades. La presencia de esa fe determina la diferencia entre educación y manipulación. Educación significa ayudar al niño a realizar sus potencialidades. (e-ducere = conducir o extraer algo que existe potencialmente) Lo contrario es manipulación, basada en la ausencia de fe, del desarrollo de las potencialidades, y en la convicción de que el niño será como es debido solo los adultos le inculcan lo que es deseable y suprimen lo que parece indeseable.

La fe en los demás culmina en la fe en la humanidad.

 
Equidad significa no engañar ni hacer trampas en el intercambio de artículos  o servicios así como en el intercambio de sentimientos. La práctica del amor debe comenzar por reconocer la diferencia entre equidad y amor.

Algunos autores piensan que la sociedad capitalista es incompatible con el amor ya que aquella está regida por el principio del egoísmo.

El principio en el que se basa la sociedad capitalista y el principio del amor son incompatibles pero en su aspecto concreto la sociedad es muy compleja que deja resquicios y permite una cierta disconformidad. La gente capaz de amar constituye una excepción y el amor es un fenómeno casi marginal. Los que se preocupan seriamente por el amor como única respuesta racional al problema de la existencia humana deben llegar a la conclusión de que para que el amor se convierta en un fenómeno social y no en una excepción marginal, nuestra estructura social necesita cambios importantes y radicales. La sociedad debe organizarse de tal forma que la naturaleza social y amorosa del hombre no esté separada. Que esa necesidad haya sido oscurecida no quiere decir que no exista. Analizar la naturaleza del amor es descubrir su ausencia general en el presente y criticar las condiciones sociales responsables de ello. Tener fe en la posibilidad del amor como un fenómeno social  y no solo excepcional es tener una fe racional basada en la comprensión de la naturaleza misma del hombre.

 


 

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