viernes, 25 de mayo de 2018

Cuidarnos, cultivarnos, culturizarnos


CUIDAR-NOS – CULTIVAR-NOS – CULTURIZAR-NOS
Joaquín Benito Vallejo






La principal función que hemos de realizar los seres vivos –humanos- es nuestro cuidado personal  y el de quienes  nos rodean.

Cuidarnos mutuamente – cuidarme yo, cuidar a los otros, cuidar que haya un entorno cuidador social, política y económicamente viable y responsable.  Que el cuidado sea un derecho humano y que se establezcan los requisitos  necesarios  para que esto se lleve a cabo bajo la protección de la ley.
El cuidado implica cultivo y cultura de uno mismo y de los demás. Cuidar-se - cultivar-se - culturizar-se - educar-se / cuidar-nos - cultivar-nos - culturizar-nos - educar-nos.

 El tacto y el contacto corporal son la base del autocuidado y del cuidado a los demás. El cuidado debería ser una de las leyes de la vida, de igual modo que lo descubrieron los animales como dice Eibl-Eibesfeld, cuidarnos, atendernos, darnos, estar, ser, con nosotros, con los demás –conectados- en nuestras necesidades, afectos, conocimientos, apetencias.

 Del cuidado deviene el cultivo que ya es cuidar para dar frutos, para crecer y engrandecerse: preparar la semilla y el ambiente, sembrar, regar, desbrozar, madurar, cosechar / estimular, estudiar, investigar, aprender, enseñar, compartir, dar, recibir, desarrollar las facultades corporales y mentales, los sentidos, los sentimientos, las emociones, el conocimiento, las facultades humanas como la colaboración, el altruismo, la empatía en interrelación con los demás. 

Y de cultivo deriva cultura que es el conjunto de aprendizajes y conocimientos acumulados por las generaciones una tras otra en la sociedad y la convivencia en común.
Estas premisas u objetivos generales requieren explicaciones previas y posteriores. Sobre lo que entendemos por cuidado. Sobre cuáles son los requisitos previos  -y los resultados- para el cuidado y del cuidado  –1º la conexión- / estar en conexión consigo mismo y con los demás / 2º  sobre las prácticas concretas que requiere el cuidado de sí mismo, de los otros y por extensión lógica y necesaria, de toda la humanidad.

En primer lugar, cada persona debe cuidar de sí mismo y organizar su vida. Es autónoma y responsable de ello. Significa esto, que nadie  puede  ni  debe hacerlo por ti. Solo la experiencia propia nos conducirá a ser nosotros mismos, no los consejos de los demás. Esto implica que yo no debo meterme en la vida de los demás ni decirles cómo debe ser. El propio ser y la vida de cada uno depende de él mismo una vez que tiene el vínculo afectivo reafirmante seguro, su compromiso y su responsabilidad consigo mismo y con los demás. Si quiere ser libre y autónomo, si no quiere depender de nadie ni ser su esclavo. Puede que la dependencia y la esclavitud le procuren algunos beneficios y comodidades, pero le acarrea un gran perjuicio: no ser él. Elegir la esclavitud y la ignorancia no es nunca una decisión consciente y autónoma, es por el contrario el resultado de la educación castradora, aquella que impide hacerse y desarrollarse como ser humano íntegro.

Los componentes de una pareja han de cuidarse mutuamente en igualdad. Ambos componentes debe cuidar de sus crías también en igualdad. Los padres cuidan a los hijos, los hijos cuidarán luego a los padres. Cuidamos de los amigos, de los familiares, de los compañeros, de los vecinos…, de los paisanos, de quienes más necesidades tienen.

El cuidado de los hijos implica el cuidado y conocimiento previo de sus padres. De haberse desarrollado ellos íntegramente. El niño necesita en principio afecto, seguridad, reconocimiento, referencias claras. Las tareas de cuidado realizadas con él deben ser hechas con afecto, atención, contacto, empatía, responsabilidad. Pero el cuidado no debe ser atosigante, ni sobreprotector, debe haber espacio y tiempo para que el niño sienta y decida desde la más tierna infancia. Para que se respeten sus deseos, inclinaciones, gustos, decisiones. Capacitarle para decidir y para que él mismo progresivamente realice sus propias tareas de auto- cuidado. Y a su tiempo vaya poniendo en marcha el desarrollo de todas sus capacidades sensoriales, motrices, perceptivas, cognitivas, etc.

El cuidado básico es el corporal y afectivo al que se van superponiendo todos los cuidados: físicos, psíquicos, sociales, educativos.  El cuerpo es lo más esencial y total que poseemos, todo está en el cuerpo y brota del cuerpo. Se expande desde el cuerpo, se proyecta desde el cuerpo.

Los cuidados corporales, la higiene, -lavarse, acicalarse, masajearse, embellecerse…-, nos conectan con nosotros mismos y nos hacen crecer, madurar  y conocernos si no se hacen de modo rutinario y mecánico. Es una  forma básica de estar en contacto consigo mismo. Habitar el propio cuerpo. Todas esas labores activan las neuronas, amplían la imagen corporal, desarrollan los movimientos básicos –el esquema corporal- nos procuran la autonomía, nos llevan a ser los gestores de nuestras acciones, a tomar las decisiones precisas, nos centran y relajan.  Cuidarse es amarse. El cuidado personal se amplía en el cuidado del hábitat, su limpieza, su embellecimiento, su idiosincrasia, habitar el espacio, hacerlo propio, investirlo, acomodarlo, hacerlo agradable, acogedor, hospitalario, cálido, amable. El hábitat es un reflejo de nuestra personalidad, una prolongación de nuestro cuerpo. Por ello es un derecho fundamental tener un espacio propio, tanto como es un derecho tener un cuerpo, donde poder estar y manifestarse libremente, satisfaciendo las necesidades básicas naturales desde la higiene, la comida, el reposo, el ocio, el estudio…

(Fouccault nos dice que el cuidado de uno mismo era en el mundo greco-romano, el modo mediante el cual la libertad individual era pensada como ética. Para conducirse bien, para practicar la libertad como era debido, era necesario ocuparse de sí, cuidar de sí, a la vez que era necesario para conocerse. La ética, en tanto que práctica reflexiva de la libertad, ha girado en torno a este imperativo fundamental: "cuida de ti mismo". Uno no puede cuidar de sí sin conocer-se. El cuidado de sí es el conocimiento de sí, pero es también el conocimiento de un cierto número de reglas de conducta o de principios que son a la vez verdades y prescripciones. El cuidado de sí supone hacer acopio de estas verdades: y es así como se ven ligadas la ética y el juego de la verdad. Es necesario que se hayan aprendido los principios de una forma tan constante que, cuando vuestros deseos, vuestros apetitos, vuestros miedos se despierten como perros que ladran, el Logos hable en vosotros como la voz del amo que con un solo grito sabe acallar a los perros. Es decir, que el cuidado conlleva el control de su propio cuerpo y sus necesidades auténticas. En nuestras sociedades, por el contrario, ocuparse de uno mismo ha sido denunciado casi espontáneamente como una forma de egoísmo o de interés individual en contradicción con el interés que es necesario prestar a los otros o con el necesario sacrificio de uno mismo. Sin embargo, para cuidar –o amar- a los otros es necesario previamente cuidarse –o amarse- a sí mismo.)
(Así era a groso modo como yo pensaba en mi juventud: cuidarse a sí mismo, acicalarse, eso sí, en demasía, era signo de narcisismo extremo, de pijería, como diríamos hoy, porque en el mundo hay demasiados problemas como para estar solo en uno mismo. Sin embargo, mi parecer hoy ha cambiado como puede verse.)
Hay una parte del cuidado que es personal, de gestión propia y autónoma, y otro cuidado que debe ser compartido y cogestionado con los otros con los que convivimos.

En otros ámbitos o a la vez, el cuidado ha de ser mutuo –yo cuido de ti, de vosotros- / tu - vosotros cuidáis de mí. Aunque hay momentos en que el cuidado es más bien de unos –los más capacitados, fuertes, vitales...- hacia otros –los más desprotegidos-.

El cuidado es esencial en las etapas más frágiles de la vida: infancia y vejez y en los momentos más vulnerables: enfermedad, pérdida, discapacidad…,

El cuidado se convierte en cultivo y cultura desde lo físico, corporal, estimulante, psíquico, espiritual, emocional, mental, expresivo, relacional, educativo, creativo…

Forma la parte más esencial de la auto-organización de la persona: cuidarse a sí mismo –y de la co-gestión con los demás: cuidar el entorno –la casa, el barrio, la ciudad, el país, el mundo- y las personas que en él convivimos. No existen límites ni fronteras, estamos todos de viaje en esta nave llamada tierra, cuyo viaje es casi eterno, -aunque nosotros nos bajemos en la próxima estación- tenemos que dejárselo cuidado para quienes se suban en la próxima, a nuestras generaciones venideras. Y este tren en el que viajamos llamado tierra, es un entorno eco-político-social donde todos tenemos los mismos derechos, personas, animales, plantas.
Y quienes tenemos los mayores deberes somos los seres humanos, porque de los seres vivos somos los únicos conscientes y los mayores depredadores. Mientras que el ecosistema se regula solo, el ser humano lo está desregulando, acabando con su forma de vida con muchos otros seres vivos.

Y es co-organizativo porque hay tareas que implican a varias personas, las correspondientes a los espacios comunes, tareas comunes, servicios comunes, la política común.

También, cuidar-nos es cultivar-nos, culturizar-nos. Transmitirnos todos los legados, conocimientos, artes, descubrimientos que las generaciones anteriores nos han ido dejando. Respetar este legado. Tener sentido de la historia, de dónde venimos y a dónde vamos. Tener metas y proyectos. Tener sentido de lo que hacemos. Movernos con sentido, responsabilidad y compromiso
.
El amor, -la necesidad de atención, cuidado, respeto…, es esencial para la formación y desarrollo del ser humano.  Mientras que su carencia rompe la unidad del ser, su posible armonía y equilibrio, su salud, porque es esencial al organismo vivo.

El cuidado entonces implica comprensión, respeto, autonomía, solidaridad, empatía, colaboración, compromiso…. El cuidado implica estar con, acompañar afectivamente re-afirmativamente.

Y por lo tanto, implica cambiar las leyes sociales y políticas donde el centro de la vida sea la persona y no el trabajo. El trabajo es hoy la excusa para no cuidarnos. Por ello hay que cambiar la sociedad. Lo que nos llevará hacia la utopía que hay que empezar a construir desde el presente para llegar al futuro.

Como todo está montado respecto a la ley del trabajo, todas son justificaciones para valorar el trabajo. Y toda la vida se orienta hacia el trabajo, su consecución y su valoración en el mercado. Así es la educación, el aprendizaje, la realización personal, la valía, el poder, la influencia. Todo queda condicionado por el trabajo. De modo que  nos esclavizamos –y nos justificamos- agarrados a  una falsa idea. Con ello, nos desrealizamos, nos frustramos, nos convertimos en malvados. No atendemos a los hijos porque hay que trabajar. No atendemos a los padres ancianos porque hay que trabajar. Vivimos para trabajar, no trabajamos para vivir. El dinero que se acumula no se disfruta porque no hay tiempo para el disfrute. O nos morimos antes de poder hacerlo. ¡Cuántas falsas justificaciones encierra el trabajo! No nos educan para estar con los demás atendiéndoles, cuidándoles, por lo tanto, el cuidado y la atención se ven luego como una pesada carga. No estamos educados para cuidar. Y por todo ello también, hay que reivindicar la Renta Básica, para poder disponer de lo básico para vivir, sin depender del trabajo alienante. Es también falso que en tal caso el hombre se hiciera un vago. Porque el ser vivo goza de estímulos para vivir por el mero hecho de ser vivo. Es una necesidad innata, instintiva, porque viene en sus genes la exploración del entorno, y el desarrollo de todas sus potencialidades. Al contrario, es la ideología capitalista –la que nos convierte en mercancía- la que castra los estímulos innatos y las capacidades inscritas en los genes.

Implica por tanto que la economía esté al servicio de las personas, que el estado prevea los fondos para que el cuidado y la cultura sean los principales objetivos, que todos tengan cubiertas sus necesidades físicas, psíquicas, sociales, relacionales, educativas, profesionales, asociativas, creativas, participativas, colaborativas. Y las motive y las impulse con todos sus medios y recursos.

Implica que nadie esté desatendido, que nadie no tenga a nadie, para cuidarle y atenderle. Que haya personas preparadas profesionalmente, afectivamente, para atender a las otras personas. Se requieren redes de atención y cuidado intergeneracional.

Considero que la principal función del ser humano es estar conectado consigo mismo  y con quienes le rodean. El hecho de  ser vivo implica estar conectado con el medio entorno que nos rodea, del cual su elemento fundamental son los demás seres vivos. No estar conectado es no sentir sus propias necesidades ni poder satisfacerlas, por tanto.

Esta doble conexión conlleva, es la premisa para, el cuidado, la atención, la comprensión, el respeto y la empatía entre otras cosas para su realización. Formarse como persona. Desarrollar todas sus potencialidades. Ser mejor. Disfrutar de la vida con los demás.


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