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miércoles, 26 de octubre de 2022

LA BONDAD


LA BONDAD

 

Además del saber y del conocimiento por cuanto nos rodea, hay que establecer e implantar la bondad en la vida humana desde el nacimiento.


La bondad, es el más alto grado de la inteligencia humana, como opinan muchos neurólogos. 

Sin embargo, muchas escuelas y educadores pretenden implantar y desarrollar el talento como la mayor excelencia, olvidándose quizá, de la bondad, porque es el talento lo que vende, pero no la bondad. 

La inteligencia se puede utilizar para hacer el bien o para hacer el mal. 

Los psicópatas son sumamente inteligentes, exclusivamente en beneficio propio, para producir el mal en los demás. 

Ambas cualidades y/o capacidades, maldad y bondad, están inscritas en nuestros genes como posibilidad, en caso contrario no podrían desarrollarse. 

Pero solo la educación y la convivencia con los demás en colaboración, destapa la bondad y anula la maldad. 

La maldad, solo podría ser un resquicio o derivado de un mecanismo de defensa propio ante una ofensa o ataque, -luego no sería maldad propiamente dicha-, mientras que la bondad es genética porque es una salvaguarda de la vida, anexa a la colaboración y a la cooperación con los demás, mediante la cual las diversas especies han prosperado, así como la evolución misma de la vida, en contra de la tergiversación que se hace de Darwin, diciendo que triunfa y sobrevive el más fuerte. 

La bondad es la base de un cerebro sano, mientras que la maldad es el sello de un cerebro enfermo. Ambas actitudes contrapuestas son el resultado de la forma de vida, y ambas son educables, o producto de la educación recibida. 

 

La bondad ha de residir en los principios de la educación, que se refleja fundamentalmente por la convivencia con los padres y las personas allegadas al niño en sus relaciones. 

Hay que educar en general a la sociedad y a los humanos para desarrollar la bondad. Ese sería el bien más alto. 


¿Pero qué es la bondad? ¿es ser tonto, dejarse engañar? O el “buenismo” como se dice ahora. No. El buenismo es un peyorativo, casi un insulto o “ir de bueno” “hacerse el bueno”, hacer obras de caridad, ir de caritativo, como un cartel que se pone uno, no. - 

La bondad puede definirse como la ayuda desinteresada hacia el otro. Basada en la generosidad, la amabilidad, la ternura, la atención, el cuidado, la compasión, la fraternidad. 

Esos son los tejidos que confeccionan el manto de la bondad. La bondad es el culmen de todas ellas, su resultado. 

Desarrollar la bondad es comportarse con el otro de una manera desinteresada consigo mismo. Ofrecerle ayuda, colaboración, apoyo en lo que necesite sin ninguna condición o beneficio para sí mismo. Incluso con alguna repercusión negativa para el bondadoso: hacer algo por el otro, aunque a mí me acarree algún malestar o perjuicio. 


Es “darse” a sí mismo sin pedir nada a cambio. Ella es la contraposición de la maldad, que infringe sufrimiento al otro con o sin ánimo de lucro. Que engaña o seduce o utiliza al otro en beneficio propio, material o psicológicamente. Para ser o tener más, negando, ocultando, difamando o perjudicando al otro.

 

Desarrollar la bondad es tratar a los demás con respeto. Reconocer al otro que no soy yo, como ser humano integro, independiente, distinto a nosotros, con todos los derechos. 

Reconocer que puede tener defectos como nosotros, pero no darlos la importancia que no se merecen. 

Nadie es perfecto, lo tenemos que saber por nosotros mismos, tenemos manías, nos enfadamos a menudo sin razón, no nos portamos bien con la gente, entonces ¿Por qué no se lo reconocemos a los otros? Nosotros no somos los perfectos y ellos los imperfectos y amargados. 

Demos vuelta a la tortilla, veamos a ellos como nos vemos a nosotros, tan solo eso para empezar. Reconozcamos que nos equivocamos, que metemos la pata, confesemos que somos agresivos o que no somos todo lo correctos y amables que podríamos y deberíamos ser, y de esta manera entenderíamos a los demás.

 

La bondad ha de ser educada y cultivada desde el nacimiento, con una conducta ejemplar por parte de padres y educadores

Establecer la ayuda mutua y la colaboración en nuestros comportamientos. De niños, hay que reconocerlo y tenerlo en cuenta, ya somos así, queremos ayudar siempre, y nos queremos unos a otros, pero a medida que crecemos cambíamos de idea por lo que vemos y nos inculcan nuestros semejantes. 

Estos comportamientos innatos deben desarrollarse, no dejarlos que se pudran, porque los exponemos a tóxicos sociales y los cuidamos mal. 

Igual que la colaboración y la ayuda, la bondad debe ser desarrollada con la misma ejemplaridad de los padres y los educadores desde la escuela infantil, y los siguientes estadios de desarrollo, sin permitir que se estropeen, debe desarrollarse también la acción más básica, pero quizá menos entendible de saber hablar y escuchar, haciendo de las escuelas centros de debate y de exposiciones personales sobre todos los aspectos de la convivencia y de la vida en general. 

Lo mismo que en la familia, no descalificar al niño, sin respetar sus deseos y opiniones, -como también se les hace a los viejos, en la casa y en las residencias-, donde todo se rige por ordenanzas con la idea de que el niño o el viejo no pueden opinar, porque carecen de esa facultad, unos porque no la han alcanzado todavía y otros porque ya la han perdido. 

De ese modo se establece la jerarquía y la desigualdad, así como el desprecio al otro, origen de la frustración. 


La primera desrealización es no considerar válida a una persona: niño, viejo, inmigrante, sirviente, etc., por tener un oficio más bajo, por edad o por estudios o cultura, lo cual es vivido como un desprecio, una humillación, una falta de respeto hacia su persona y su ser. 

Lo cual genera a su vez, una frustración y un malestar psicológico por impedir el desarrollo de sus deseos, opiniones, o acciones

 

Enseñarnos a hablar, expresar nuestros sentimientos y nuestras ideas, sin interrumpir y calumniar al otro debe ser básico en la familia y en la escuela, antes, mucho antes de abordar otros aprendizajes que se consideran serios y necesarios. 

Hablar y respetar al otro es básico. Primero para que aprendamos a expresarnos, porque solo podemos aprenderlo, haciéndolo. 

Es desarrollar una capacidad básica de las más importantes y esenciales. Expresar los sentimientos y expresar las ideas y conocimientos. 

Segundo, respetando al otro. Hablar es dar razones, es no insultar, o ponerle adjetivos despectivos, para infravalorarle y desprestigiarle, cuando no estamos de acuerdo con sus opiniones, cuando tenemos otros puntos de vista u otras ideas. 

En realidad, muchas veces cuando insultamos al otro o le despreciamos, es porque no tenemos argumentos para rebatir sus ideas, nos sentimos inferiores, y la única arma que nos queda es el insulto. 

Cuando se emplea la fuerza es porque no se tiene habilidad o recurso para hablar y poderse entender. 

Cuando los padres pegan a los hijos, es que carecen de recursos para rebatirle y expresarse. En el fondo, les domina el complejo de inferioridad. 

Cuando hablamos, estamos desarrollando nuestro pensamiento, y desarrollando nuestra forma de pensar. Estamos también desarrollando nuestra capacidad de comprensión hacia los demás.

 

Los actos malos o buenos hacia los demás se visualizan y se entienden mejor cuando los realizamos claramente con nuestra acción, con nuestro propio cuerpo hacia el suyo, físicamente, pero pasan más desapercibidos en el habla y la conversación, porque no se consideran actos propiamente dichos de bondad o maldad, o porque no nos han enseñado a hablar y escuchar. 

Hemos tenido que aprender esas dos tareas, ambas entrelazadas y dependientes una de otra, en la vida diaria, considerada como todos los actos de nuestra vida, como defensas o ataques, erróneamente. 


Ese es el gran problema de raíz: que hemos aprendido a SER nosotros mismos, intentando colocarnos sobre los demás. 

En lugar de la colaboración, la ayuda mutua y el respeto, creemos que los demás son unos enemigos contra los que hay que luchar para que nosotros podamos ser. 

La sociedad nos ha enseñado esto, sí, porque los poderes ocultos sociales, se sienten beneficiados si los ciudadanos luchamos entre nosotros, no contra ellos. 

Por esa razón, consideramos que el “malo” es el otro, el inmigrante, el extranjero, los de nuestra clase, porque creemos que ellos nos quitan el pan.

 

El comienzo de la bondad está tanto en el lenguaje como en la acción. 

Deberían enseñarnos a hablar, a escuchar, a entendernos unos con otros, en la familia y en la escuela, a la vez que a colaborar y a ayudarnos.

 

Saber hablar respetando al otro. Saber explicarse, dando las razones y los datos necesarios. Escuchar al otro, no interrumpirle. No juzgarle en su explicación. No interpretar. Si no lo entiendo, antes de juzgar, volver a pedir que me lo explique mejor. y, al final, irnos sin descalificar. No poner la guinda, dejando dicha la última palabra como una sentencia. 

No intentar demostrar lo mucho que creemos saber. 

Callar. Hemos de aprender a callar. 

Y siempre poner de estandarte por delante, que el otro no es mi enemigo, sino un amigo, un igual, con el que colaborar.

Pero, sin llegar a ser realmente maldad intencionada, el “mal comportamiento” es producto de no haberlo aprendido, y de sentirnos nosotros mismos humillados, menospreciados u ofendidos por los demás, por una especie de complejo de inferioridad, de frustración y des-realización personal. De concebir al otro como un contrincante. 

 

Ya sabemos que nuestra sociedad y educación son agresivas y machistas. Nos han inculcado que si no nos defendemos somos débiles y cobardes. 

Nos han enseñado a agredir antes de serlo, como prevención, como defensa. 

Pero todo aquel que agrede con actos o con palabras, aparte de haberlo aprendido, arrastra un complejo de inferioridad, por lo que agrede para sentirse grande y hacerse respetado o temido. 

O le han enseñado que para hacerse respetar hay que comportarse de esa manera, con superioridad y agresividad. 

No estoy de acuerdo. La mejor defensa ante un ataque es pedir perdón, en lugar de agredir o insultar. 

Es el significado metafórico del ejemplo de Jesús: cuando te den una bofetada, pon la otra mejilla.

 

 Siempre recordaré la respuesta de un amigo estando en la mili, cuando al salir del comedor dejamos la puerta abierta, y el soldado encargado de la cocina salió vociferando, insultándonos por no haber cerrado la puerta. Yo me quedé atónito, pasmado, pero mi amigo se volvió y se volcó en perdones, a la vez que se dirigía hacia la puerta para cerrarla. Entonces la reacción del soldado vociferante ¿cuál fue? Pedir perdón él. 


Además de desarrollar y practicar la bondad empezaremos por analizarnos a nosotros mismos si lo que hacemos diariamente se ajusta a esa definición, lo cual puede ser muy difícil, pero que se va haciendo cada vez más fácil a medida que lo practicamos, es tomar consciencia de todos nuestros actos, descubrir en que nos hemos equivocado, y tratar de ponerlo en práctica que es aún más difícil. 

Escuchemos a los demás. Ellos son el espejo en el que tenemos que mirarnos. 

Cuando hacemos o decimos algo, preguntemos a los demás qué han visto. No creamos que lo hemos hecho bien, preguntemos a los demás su opinión. Quizá nos encontremos con la sorpresa de que lo que nosotros creíamos una obra maestra, a los otros les parezca una infamia. 

Tampoco tenemos que dar la razón a los otros en lo que digan, pero al menos nos sirve para meditar y para adoptar otro comportamiento entre lo que decimos o hacemos y lo que el otro interpreta, intentando que sea acorde una cosa con la otra. 

 

Cuando nos sugieren o nos dicen directamente que nos hemos portado mal con ellos. Cuando creemos que los otros tienen la culpa de lo que pasa, demos la vuelta a nuestro comportamiento, hagámoslo de otra manera, pensemos cómo hacerlo para que el otro no se sienta herido, para que no responda agresivamente o a la defensiva. 

Cambiemos nuestra forma de relacionarnos. 

 

(Lo primordial es entendernos a nosotros mismos. Si somos mezquinos, celosos, vanos, codiciosos, eso es lo que creamos en torno nuestro. Ese es nuestro estilo de vida, lo que generamos, lo que sembramos, lo que producimos. - Krishnamurti – El conocimiento de uno mismo)

 

 

Generalmente no escuchamos al otro. Antes de responder ya le estamos preguntando o cuestionando otra cosa. O queremos que nos responda lo que nosotros tenemos concebido previamente. Y si no es como nosotros queremos le echamos la culpa.


O, le interrumpimos y le contamos nuestra pena o preocupación. O nos enredamos en contarle otras cosas que no vienen a cuento. Es decir, nos salimos del tema inicial y nos vamos por otras veredas, que no importan. 

¿le estamos dando la paliza al vecino o al amigo con chismes que al otro no le interesan, siempre estamos proyectando nuestro ego o nuestros temores sobre los demás? 

¿Para sentirnos importantes, para llamar la atención, porque necesitamos que nos escuchen, qué más? 

Damos nuestra opinión, a veces nuestro veredicto, para sentirnos importantes, para demostrar al otro lo que sabemos, de lo que somos capaces, que no somos tontos, que no nos dejamos engañar, que somos más listo que los demás, que los otros son unos maleducados, que no nos tienen respeto… 

Demos la vuelta a todos estos comportamientos. Hablemos lo imprescindible, lo necesario, contestemos a las preguntas sin dar veredictos. 

No creamos necesario dar nuestra opinión, ni mostrar nuestra sapiencia. 

A los demás no les interesa para nada ni les aporta nada. 

Todo es producto del egoísmo, del individualismo competitivo y narcisista, en definitiva, de nuestra propia frustración, de la falta de realización personal.

Y de que, nos sentimos malheridos desde nuestra infancia.

 

 

(Soñamos con una sociedad mundializada, la gran casa común, la Tierra, en la que los valores estructurantes se construirán en torno al cuidado de las personas, sobre todo de las diferentes, de las que la naturaleza o la historia han tratado mal, los desposeídos, los excluidos, los niños, los ancianos, las plantas, los animales, los paisajes, con nuestra madre Tierra. 

L. Boff – El cuidado esencial-)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 26 de enero de 2018

educar-nos para la ternura-grupos de trabajo

“Educar-nos para la ternura –El tacto y el contacto corporal en las relaciones humanas” 
Joaquín Benito Vallejo - Ed. Corona Borealis

Grupos de trabajo




El libro es fruto, fundamentalmente, de mis clases de Movimiento Orgánico con diferentes grupos.-
- 3ª edad / Déficits neurológicos / Talleres permanentes de movimiento / Cursos de formación; Técnicas corporales aplicadas - Movimiento Orgánico / Gerocultoras / Educadores infantiles / Relajación 

En 1º lugar con 3ª edad, en los Centros de Día de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid durante + de 25 años, con una media de 5 grupos diarios de 24 personas.

2º- con PARTICULARES - personas con déficits neurológicos -como distrofia y esclerosis.

3º- En talleres permanentes con personas de diferentes edades y condiciones.

4º Cursos de Formación, tanto (1) de Movimiento Orgánico , como (2) de Técnicas Corporales Aplicadas a 3ª edad y Educación Especial.

5º En Cursos de Formación, por un lado, con gerocultoras –personas encargadas del cuidado de los ancianos- y por otro lado, con educadores de escuelas infantiles.

En todos los grupos los objetivos eran diferentes en cada caso, a la vez que había objetivos comunes que pueden sintetizarse -de una manera abstracta- en el desarrollo personal y en las relaciones con los demás. Ya explicaremos más esto.

De estas últimas -las educadoras infantiles- nació el título de los cursos que impartía y que posteriormente apliqué al título del libro –EDUCAR-NOS PARA LA TERNURA- Que quiere decir de una forma simple: Educar-nos a nosotros mismos –antes que a los demás- para ser más tiernos y afectivos, atentos, respetuosos, disponibles con los demás..

Todo eso significa que hemos de educar en nosotros mismos unas ciertas cualidades –de las que hablaré más tarde- para poder desarrollar esa función afectiva con los demás.

domingo, 31 de diciembre de 2017

preguntas sobre educar-nos para la ternura

A propósito del libro: 
“Educar-nos para la ternura – Joaquín Benito Vallejo – Ed. Corona Borealis”

queremos empezar haciéndonos una serie de preguntas para que sus respuestas nos aporten clarificaciones a todos.

¿Qué es la ternura? ¿Qué significa educar-nos para la ternura? ¿Para qué educar-nos? / ¿Para quién tenemos que educarnos y dar ternura? / ¿Por qué, cual es esa razón, qué necesidad hay o qué beneficios reporta? ¿Quién puede darla? ¿Cómo nos podemos educar para practicar la ternura? 





Vamos a intentar responder a esas preguntas. 


0 - ¿Qué es la ternura?Ternura es sinónimo de delicadeza, de dulzura, de suavidad, de entrañable, de interno y profundo, de cuidado, de esmero, de atención, de respeto, de un buen trato no invasivo. En este caso, la ternura se refiere especialmente además al contacto corporal, respetuoso y profundo, que toca el alma, que con su tacto delicado llegue a lo más profundo del ser.

1 – ¿para qué? – ¿para qué educar-nos? – Del mismo título, de cómo está escrito, con ese guion entre educar y nos, ya se deduce su significado: educar-nos a nosotros mismos en primer lugar; y segundo, con el objetivo de dar ternura. A lo dicho en el primer punto añadimos ahora que; educar-nos para la ternura es educarnos para hacernos más amables, más comprensivos, más empáticos, más sensibles, más receptivos, más disponibles a las demandas de los demás, más respetuosos, más afectivos…

2 – ¿para quién? ¿para quién hay que educar-nos? Para todos en general, pero especialmente para atender a los niños, los enfermos, los ancianos, los moribundos, las  personas con necesidades especiales, para aquellos que necesitan cuidados especiales para su salud, su crecimiento, su desarrollo personal… En general, para el apoyo y el reconocimiento de todo ser distinto a nosotros.

3 – ¿por qué? ¿por qué hay que educar-nos para la ternura? – Porque la ternura es uno de los comportamientos más importantes para relacionarnos con el otro. Porque ese comportamiento es la clave para sentirse respetado, reconocido como ser humano con sus propias características, capacidades y potencialidades distintas a las de uno mismo, acogido, tratado de la mejor manera. En caso contrario la persona se siente mal, frustrada, rechazada, desatendida. La ternura y todo lo que conlleva es esencial para la salud integral de la persona a nivel psíco – socio – físico – anímico – ontológico, a nivel de lo que es su propio SER. Ser humano íntegro, autónomo, independiente, libre, -la necesidad más esencial y básica- de la que se deriva EL AMOR, el cual es fruto del desarrollo filogenético de las especies – que es darse al otro sin pedir nada a cambio – favorecer el desarrollo de las potencialidades del otro sin imposiciones, sin chantajes, sin seducciones, sin engaños.


4 – ¿Quién¿Quién puede ejercer la labor de dar ternura y amor? – Lo podemos hacer todos y cada uno de nosotros. Algunos tienen esa cualidad innata, son capaces de atender al otro de un modo amable sin problemas. Quizá porque han sido educados en ello de niños. Ejerciendo el buen trato, la amabilidad y el cuidado en él mismo y con los otros. Sin embargo, otros tenemos que aprenderla y cultivarla. En general, la persona que ha sido bien atendida en su niñez, y que ha superado el narcisismo primario, que se ha hecho independiente, ejerce de modo natural la atención y el afecto por el otro. No así, quien es una persona neurótica, egoísta y dependiente.
Por tanto, puede dar ternura la persona preparada, madura, realizada o en proceso consciente de realización y de la superación de sus trabas y dependencias psico-afectivas infantiles. – La persona que ha conseguido la superación del ego. –  La persona que es madura. Que está en contacto y conexión consciente consigo mismo, con los demás, con el entorno social y medio ambiental. También pueden y deben ejercer la ternura aquellas personas cuya profesión está dirigida al trato con los demás especialmente en lo que se refiere a la salud, la educación, la terapia, el cuidado, etc. El buen trato a las personas, por tanto, implica especialmente a los profesionales de la salud, a madres y padres, a los educadores infantiles, a los cuidadores...  Expresando en su cuidado y atención, la afectividad, el reconocimiento y el respeto por el otro.  

5 - ¿cómo?¿Cómo podemos educar-nos para la ternura? – Educándonos y cultivándonos para ello, para atender y estar con el otro. Dedicando una atención y un cuidado especial en las relaciones – atender, cuidar, acompañar, proteger, estimular, dar afecto, seguridad, tranquilidad... 




miércoles, 7 de junio de 2017

Educar-nos para la ternura - el libro


UNA VISIÓN TRASCENDENTAL DEL SER HUMANO Y SUS RELACIONES DESDE EL NACIMIENTO A LA MUERTE
Educar-nos para la ternura -El libro- "Educación del tacto y del contacto corporal en las relaciones humanas" / Joaquín Benito Vallejo / 214 pag. / 52 fotos / - 18 € en librerías -En Alfa Institut lo ofrecemos a 16 € enviados a domicilio particular sin gastos de envío- / 52 fotos / 65 ejercicios para desarrollar el tacto y el contacto corporal consciente / .
Educar-nos para la ternura
-El cuidado corporal con afecto y respeto para favorecer la integridad psico corporal de las personas-Educación del tato y del contacto corporal en las relaciones humanas-.


TEMAS RELACIONADOS
Haptonomía, Eutonía, Mindfulness, Taoismo, Técnicas corporales, cuidado, educación, terapia

PALABRAS CLAVE
/ afecto / acoplamiento / adaptación / amor / apego /armonía / atención / autopoiesis / biología / colaboración / comunicación / comprensión / conexión / consciencia corporal / contacto corporal / cuidados / cultivo / cultura / diálogo tónico / disponibilidad / educación / emociones / empatía / equilibrio / estrés / ética / etología / eutonía / haptonomía / homeostasis / integridad psicocorporal /mente / mindfulness / percibir / psiquismo / relajación / respeto / salud / sentir / sistema neurovegetativo  / sociabilidad / tacto / tao / ternura / terapia / tonicidad / vínculo afectivo /

INDICE
Prólogo / ¿Sabéis que el afecto –el amor- es lo más importante para vivir? / ¿Qué es el afecto? ¿Qué es el amor? / Aportaciones: Haptonomía, Eutonía, Mindfulness, Tao,  / Armonía entre el organismo y el, , entorno / Historia  de la necesidad de contacto corporal y de afecto /  Educación del tacto más allá del mero sentido de tocar / Ejercicios prácticos sobre el tacto / Educación del contacto corporal consciente / Consciencia de sí mismo, del espacio, de los otros / Ejercicios prácticos sobre el contacto corporal / Contacto consciente consigo mismo / Con contacto corporal con diferentes zonas / Sin contacto corporal directo / Moviéndose / Caminando / Contacto con objetos / Contacto con otra persona mediante el objeto / Similares ejercicios con una pelota, con un aro, etc. / Contacto directo con otras personas sin objetos / Ejemplos de trabajo  individual / Protocolo y preliminares para el trabajo en parejas / Ejercicios / Roles  activos y pasivos diferentes / Diversos levantamientos en la posición acostada / Sentirse con el otro sin contacto corporal directo / Dar y recibir / Cuidarse, cultivarse, culturizarse / Bibliografía  / Anexos: Artículos en blogs y vídeos

lunes, 15 de mayo de 2017

tacto y contacto en las relaciones


“Educar-nos para la ternura 
–El tacto y el contacto corporal en las relaciones humanas” 
Joaquín Benito Vallejo -
Ed. Corona Borealis



(Del libro: EDUCAR-NOS PARA LA TERNURA
El tacto y el contacto corporal en las relaciones humanas:
Una visión trascendental - Cuidado, atención, respeto, afecto.
-Joaquín Benito Vallejo)-

La principal función de los seres humanos  es compartir nuestra  vida con los demás.
Compartir es dar-nos mutuamente, de manera afectiva y reafirmante para ambas partes.
Ello implica nuestra conexión con los otros  y con el entorno que nos rodea.
Nexo = unión = vínculo.
Estar en conexión con nosotros significa sentirnos plenamente en el momento presente, premisa ineludible para poder estar conectados con los demás –para sentirlos igualmente-, dentro del medio entorno que compartimos.
El nexo nos posibilita la comprensión, la empatía y la colaboración.
El contacto corporal es la forma más primigenia y profunda de estar en esa múltiple conexión: nosotros, el entorno, los demás.
Compartir es cuidarnos, protegernos, amarnos. 
Estar unidos en el bienestar y en el dolor, en los miedos y en los sueños, en la realidad y en la utopía.
Cuidarnos, cultivarnos, sembrarnos, recoger los frutos y entregarlos a las tiernas semillas  venideras.

piedra y nube: LA IGNORANCIA -1- ¿Por qué el esclavo ama al amo?

piedra y nube: LA IGNORANCIA -1- ¿Por qué el esclavo ama al amo? : ¿Por qué la gente vota a quién le explota? ¿Por qué el esclavo ama ...