domingo, 1 de julio de 2018

CUIDADO ESENCIAL - Concepción de salud


EL CUIDADO ESENCIAL - -LEONARDO BOFF- 
ÉTICA DE LO HUMANO, COMPASION POR LA TIERRA
Editorial Trotta


-          El cuidado de nuestro cuerpo en la salud y en la enfermedad. Concepción de la salud.


       Más que de cuerpo, hablamos aquí de corporeidad para dar un significado más amplio al término, concibiéndolo como un todo vivo y orgánico, designando las dimensiones totales de lo humano. 


Dejando atrás el dualismo cuerpo-alma y abriendo una visión más globalizadora.  Entre la materia y el espíritu está la vida, que es la interacción de la materia que se ha vuelto compleja, se interioriza y se autoorganiza.

El cuerpo está siempre animado. / De ánima –alma- procede la palabra animal, materia animada, con ánimo, con dinamismo, que siente y responde /

Cuidar del cuerpo de alguien es prestar atención al soplo que lo anima. El cuerpo es aquella porción del universo que animamos, informamos, concienciamos, personalizamos.

Está formado por el cuerpo cósmico que circula en el espacio interestelar. Un polvo posiblemente anterior al sistema solar. El hierro que corre por nuestras venas, el fósforo y el calcio de nuestros huesos y nuestros nervios,  nuestro 18 % de carbono y 65% de oxígeno  e hidrógeno muestran que somos cósmicos.

El cuerpo es un ecosistema vivo que se articula con otros sistemas más amplios.  Pertenecemos a la especie Homo, que pertenece al sistema Tierra, que pertenece al sistema solar, que pertenece a la Via Láctea, que pertenece al Universo.

En él funciona un sistema interno de regulación de frio y de calor, de sueño y de vigilia, de órganos y funciones, digestión, respiración, circulación, etc.

El cuerpo vivo es además subjetivo, siente por sí mismo, con diversidad a los demás. 

El cuerpo forma nuestra memoria más arcaica, ya que en su conjunto y en cada una de sus partes guarda la información del largo proceso evolutivo de la vida. / En él está inscrita toda la historia viviente desde la 1ª célula. Y en él se reproduce ese proceso. La ontogénesis es una recopilación de la filogénesis. / 

Junto con la vida del cuerpo se desarrollan los distintos niveles de conciencia: la originaria, la oral, la autónoma, la social, la trascendental; en los que estas memorias se expresan y se enriquecen interactuando con el medio.

El cuerpo es mortal, va perdiendo su capacidad energética, sus equilibrios homeostáticos, enferma y muere.  La muerte está presente desde el primer momento.  La aceptación de la mortalidad nos hace entender de forma diferente la salud y la enfermedad.

La enfermedad supone un daño a la totalidad de la existencia. No es una parte del cuerpo la que duele, es la persona en su totalidad existencial la que sufre. No es una parte la que está enferma, sino la vida de ese cuerpo en sus diversas dimensiones: en relación consigo mismo –experimentamos los límites y deficiencias de la vida-; con respecto a la sociedad –nos aísla, dejamos de trabajar, nos tienen que atender en un Centro de salud-; en relación con el sentido global de la vida –crisis de confianza con la vida.

La enfermedad remite a la salud. Toda cura debe reintegrar las dimensiones de la vida sana en un plano tanto personal como social y en lo fundamental que nos lleva al sentido supremo de la existencia y del universo. Hay que reforzar la dimensión de salud para que cure la dimensión de la enfermedad.

Para reforzar la “dimensión de salud” debemos enriquecer nuestra comprensión acerca de la salud. No podemos entenderla del mismo modo que la  ideología dominante  con sus técnicas sofisticadas  y sus cócteles de vitaminas. 
No se puede concebir como si fuera un fin en sí misma. Hay que preguntarse: ¿qué hago en la vida con mi salud? No es posible una existencia sin dolor y sin muerte. Es inhumano también porque la vida es mortal. Hay que concebir dentro de sí a la muerte con sus achaques, debilidades, enfermedades, agonía y despedida final.
 
La salud no es un estado sino un proceso permanente de búsqueda de equilibrio de todos los factores que componen la vida humana.

Todos esos factores están al servicio de la persona para que tenga la fuerza de ser persona autónoma, libre, abierta y creativa en las diferentes situaciones que tenga que afrontar.

La fuerza de ser persona significa la capacidad de acoger a la vida tal como es, con sus posibilidades y su entusiasmo intrínseco pero también con su finitud y su condición mortal. La fuerza de ser persona traduce la capacidad de crecer, de humanizarse y de convivir con estas dimensiones de vida, de enfermedad y de muerte.

Salud y curación designan un proceso de adaptación y de integración de las más diversas situaciones en las cuales se producen la salud, la enfermedad, el sufrimiento, la recuperación, el envejecimiento y el tranquilo caminar hacia el gran paso de la muerte.

La salud no es un estado ni un acto existencial sino una actitud frente a las diversas situaciones que pueden ser de salud o de enfermedad. 


Ser persona no consiste simplemente en tener salud, sino en saber afrontar “saludablemente” la enfermedad y la salud. Estar sano significa  tener un sentido de la vida que englobe la salud, la enfermedad y la muerte. Alguien puede tener una enfermedad mortal y  a la vez estar sano porque con esa situación de muerte crece, se humaniza y sabe dar sentido a lo que padece.

La salud no es la ausencia de enfermedad sino la fuerza de vivir con esa enfermedad. La salud es acoger y amar la vida tal como se presenta, alegra y laboriosa, saludable y enfermiza, limitada y abierta a lo ilimitado.

Según lo dicho, ¿qué significa entonces cuidar de nuestro cuerpo? Tarea perenne, que dura toda la vida.

Implica cuidar de la vida que lo anima y cuidar del conjunto de las relaciones con la realidad circundante. Relaciones que pasan por la higiene, la alimentación, el aire que respiramos, la forma de vestir, la organización de la casa, y la integración en un determinado espacio ecológico.

Ese cuidado refuerza nuestra identidad como seres “nudo-de-relaciones” en todas las direcciones. Cuidar del cuerpo significa la búsqueda de asimilación creativa de todo lo que nos puede ocurrir en la vida, compromisos y trabajos, encuentros significativos y crisis existenciales, éxitos y fracasos, salud y sufrimiento. Solo así nos convertimos cada vez más en personas maduras, autónomas, sabias, y plenamente libres. 



EL TAMAGOCHI Y EL CUIDADO

La sociedad contemporánea, llamada sociedad del conocimiento y de la comunicación, está produciendo cada vez más incomunicación y soledad. Internet nos puede conectar con millones de personas sin verlas. Se pueden realizar todo tipo de acciones sin hablar realmente con nadie. Visitamos países sin salir de casa. La relación con la realidad concreta es solo una imagen virtual. No tocamos, no olemos, no pisamos… El mundo virtual es un encapsulamiento en uno mismo, sin tacto ni contacto humano.

Es una anti-realidad que afecta a la vida humana en lo más fundamental: el cuidado y la com-pasión.  

Tengamos en cuenta que la esencia humana no se asienta en la inteligencia, sino en el cuidado. Este es realmente el soporte de la inteligencia y de la libertad. En el cuidado se encuentra el “ethos”. Identificándolo con los principios, los valores, y las actitudes que convierten la vida en un bien vivir y un bien actuar.

El tipo de sociedad producido últimamente amenaza la esencia humana. Se ha descartado a las personas concretas, con los rasgos de sus caras, con sus biografías de sacrificios y luchas. Ha difamado el cuidado, la sensibilidad y la ternura, cualidades sin las que nadie puede vivir, como obstáculo para el conocimiento. La tecnología y los bienes materiales han producido mayor empobrecimiento y exclusión.

Son necesarios caminos para rescatar la esencia humana, y todos ellos pasan por el cuidado.

¿Dónde aparece el cuidado en nuestra sociedad? En algo tan ridículo como el tamagochi. Un juguete inventado para que le cuides y te preocupes por él, a falta de ejercer un cuidado real. Esto denuncia la soledad en que viven los hombres y mujeres de esta sociedad. Sirve de crítica a nuestra sociedad agonizante y también de principio inspirador de un nuevo paradigma de convivencia.

Soñamos con un mundo futuro en el que no se necesiten aparatos ni seres virtuales para superar nuestra soledad. Soñamos con una sociedad mundializada, la gran casa común, la Tierra, en la que los valores estructurantes se construirán en torno al cuidado de las personas, sobre todo de las diferentes, de las que la naturaleza o la historia han tratado mal, los desposeídos, los excluidos, los niños, los ancianos, las plantas, los animales, los paisajes, con nuestra madre Tierra.


LA FALTA DE CUIDADO: ESTIGMA DE NUESTRO TIEMPO

Por todas partes aparecen síntomas que señalan grandes destrucciones de la Tierra y de la humanidad. El crecimiento ilimitado sacrifica a dos tercios de la humanidad, agota los recursos y compromete el futuro de las generaciones. ¿Cuál es límite que podemos soportar? ¿Nos estamos dirigiendo hacia el caos?

Hay posibilidad de salvación. Pero, para ello debemos recorrer un largo camino de conversión de nuestros hábitos cotidianos, políticos, privados y públicos, culturales y espirituales. La degeneración creciente de nuestra casa Tierra, denuncia nuestra crisis adolescente. Tenemos que entrar en la madurez y mostrar signos de sabiduría.
Estamos presenciando el fin de un tipo de mundo. Necesitamos un nuevo paradigma de convivencia que funde una relación más cuidadosa con la tierra y abra un pacto social entre los pueblos de espeto por todo lo existente.

Hay un difuso malestar en la civilización. Aparece bajo el fenómeno del descuido, de la indiferencia y del abandono:

Por los niños utilizados como combustible. Entre 1 y 3 de cada niño en África, Asia y América latina trabajan. Esclavos a quienes se les niega la infancia y la posibilidad de ser.
Por los pobres y marginados, castigados por el hambre, sobreviviendo a miles de enfermedades.
Por los desempleados y jubilados, excluidos de la sociedad, considerados sin valor.
Por el abandono de la generosidad, ahogada por el capitalismo neoliberal, el individualismo y la propiedad privada. Despreciando la solidaridad, los ideales de libertad y dignidad.
Por el abandono y el descuido de la condición social de las ciudades, donde la mayoría se siente desarraigada y alienada, predominando la sociedad del espectáculo, del simulacro y del entretenimiento.
Por el descuido de la dimensión espiritual del ser humano, la delicadez que cultiva la ternura. Por la emocionalidad y salud psíquica. Se muestra todo tipo de violencia sin pudor ni escrúpulo.
Por el descuido de lo público. La inversión en vivienda, alimentación, salud, educación son insuficientes.
Por el abandono vergonzoso del nivel de moral pública, marcada por la corrupción y por el juego entre grupos que se disputan el poder revolcándose en el lodazal de los intereses particulares.
Por el abandono para cuidar de la vida en general. Pronto habrán desaparecido más de la mitad de las especies animales y vegetales.
Por el descuido en la protección de la casa común la Tierra. Envenenando los suelos, contaminando el aire y el agua, diezmando los bosques, exterminando especies. Se encuentra activo el principio de autodestrucción de acabar con el equilibrio físico-químico del planeta, arruinar la biosfera, y arriesgando la supervivencia de la especie Homo Sapiens-Demens.
Por el descuido en la organización de la vivienda.  Pensada para familias minúsculas obligadas a vivir en aposentos insalubres. 
La manera de vestir de la juventud muestra la decadencia del gusto. Se recurre a la violencia para resolver conflictos interpersonales e institucionales, superables por el diálogo.
Por la saturación de aparatos tecnológicos, vivimos tiempos de crueldad. Sufrimos una regresión a la barbarie más atroz.


Frente a esta situación muchos se rebelan. Pero solos, se sienten impotentes a la hora de ofrecer una solución liberadora. Han perdido la esperanza.
Otros han perdido la fe en la capacidad de regeneración del ser humano. Ven más la dimensión de demencia que la de sabiduría. Se han resignado en medio de la amargura. ¿Hay algo peor para la vida que ésta pierda su brillo?

Otros tienen fe y esperanza, pero proponen remedios inadecuados para los síntomas de una enfermedad colectiva. No van a la causa real de los males.


Algunos creen que el malestar viene del abandono de la religión.
Por otra parte, al hombre moderno, le ha entrado un complejo de Dios. Se comporta como si fuera Dios.
Lo decisivo no son las religiones, sino la espiritualidad, que une, religa y entrega.
Otros opinan que hay que reforzar la moral. Esto puede degenerar en un moralismo fastidioso y farisaico. Una ética nueva presupone una óptica nueva.
Otros piensan que es necesaria más educación, más formación y más información. Efectivamente. Es importante socializar los conocimientos. El saber es imprescindible.  Hace falta una filosofía del ser y una reflexión que nos hable del sentido y que sepa organizar la convivencia humana, la sinergia, la cooperación, la solidaridad cósmica.
Pero todas estas preguntas no van a la raíz de la cuestión esencial. Hay que examinar los cimientos del edificio.

La materia no es simplemente materia, está llena de interacciones complejas. Materia, viene de mater y es la madre de todas las cosas incluida la vida, que es la auto-organización de la materia. Lo visible encierra la invisible.
La física cuántica ha demostrado la interconexión existente de todo con todo y el vínculo entre la realidad y el observador.

La nueva filosofía se presenta como holística, ecológica y espiritual, con capacidad de devolver al ser humano el sentimiento de pertenencia a la humanidad, a la tierra, al universo, y a lo sagrado.

Así se supera la falta más grave que se esconde detrás de la falta de cuidado: la falta de conexión con el Todo.

Hemos de construir un nuevo estado de consciencia, para engendrar una actitud de madurez y de sabiduría para buscar otros caminos: una espiritualidad sencilla y sólida basada en la percepción del misterio del universo y de lo humano, en la ética de la responsabilidad, de la solidaridad y de la compasión, basada en el cuidado, en el valor intrínseco de cada cosa, en lo bien hecho, en la honradez.

Es importante buscar respuestas para el planeta y para la humanidad.
Las personas que intentan realizar prácticas significativas en todos los lugares y situaciones están ya formulando respuestas concretas. No hay un sujeto único, son muchos. 

Se orientan por un nuevo sentido de vivir y de actuar, por una nueva percepción, por una nueva experiencia. Emergen de un camino colectivo que se hace al andar.

Estamos estrenando una nueva ternura para con la vida y el sentimiento auténtico de pertenencia amorosa a la Madre Tierra como un todo vivo y orgánico.

Aumenta el sentido de solidaridad con las poblaciones diezmadas, por los derechos de los animales, y por los derechos humanos sociales y culturales, por la superación del patriarcalismo, por la dimensión espiritual, por el apoyo a las minorías -que son mayorías-, y a los discriminados

Es urgente una nueva ética civilizacional que nos permita dar un salto cualitativo hacia formas más cooperativas de convivencia. Una nueva alianza con las demás especies y con la tierra. 

Ética en el sentido primigenio designa tanto la madriguera como la casa, ese lugar que reservamos para organizar, cuidar, construir nuestro hábitat. 

Tenemos que reconstruir la casa común -la tierra- para que quepamos todos en ella, en igualdad de derechos, sin discriminación y para que sea sostenible. 

La casa humana no es el estado nación, la patria, sino la Tierra, como "matria" común, que estaba en el exilio dividida en estados-naciones, aislada por culturas regionales, limitada por diferentes lenguas. Es hora de que vuelva y se encuentre en su lugar unificado, el planeta tierra, escribiendo una sola historia, perteneciente a toda la humanidad, desde la conciencia de un mismo destino y un origen común.

Esa ética, modelo de la casa humana, adquirirá cuerpo en morales concretas -valores, actitudes, comportamientos-. A pesar de ser diversas alimentarán el mismo propósito: salvaguardar el planeta y garantizar las condiciones de desarrollo, con formas más colectivas, más espiritualizadas de realización de la esencia humana.


La nueva ética debe surgir de la naturaleza profunda del ser humano.


EL “CUIDADO”, ETHOS DE LO HUMANO

El cuidado es contrario al desinterés y la indiferencia. Cuidar es más que un acto, es una actitud. Abarca más que un momento de atención. Representa una actitud de ocupación, de preocupación, de responsabilización y de compromiso afectivo con el otro.
La actitud es una fuente, genera actos que expresan la disposición de fondo. Cuidar de la casa, por ejemplo, significa muchas cosas, preocuparse de las personas que viven en ella, prestarles atención, garantizarles provisiones, interesarse por el bienestar general. Cuidar cada habitación, acogimiento a los huéspedes, relaciones con los vecinos.

El cuidado como “modo de ser” esencial.

El cuidado es más aún que un acto y una actitud, lo dijo Heidegger en “El ser y el tiempo”: El cuidado es esencialmente anterior toda posición y conducta. El cuidado se encuentra en la raíz primera del ser humano antes de que haga nada, y todo cuanto haga irá siempre acompañado de cuidado e impregnado de cuidado. El cuidado implica ser un modo de vida esencial. Una dimensión originaria y ontológica imposible de desvirtuar.

Un modo de ser no es un nuevo ser. Es el modo en que un ser se estructura y se da a conocer. Forma parte de la naturaleza y constitución del ser humano. El cuidado como modo de ser revela la forma concreta como es el ser humano.
Sin cuidado dejo de ser humano.


Si no recibe cuidado desde el nacimiento hasta la muerte el ser humano se desestructura, se marchita, pierde sentido, se muere. 
Si a lo largo de la vida no se hace con cuidado todo lo que se hace, acaba por perjudicarse a sí mismo y por destruir todo lo que le rodea. 
El cuidado forma parte de la esencia humana. 
El cuidado ha de estar presente en todo. 
Heidegger: el cuidado es un fenómeno ontológico existencial. 
Posibilita la existencia humana, la hace humana.

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