viernes, 25 de enero de 2019

El conocimiento de uno mismo

Krishnamurti – El conocimiento de uno mismo




Krishnamurti – El conocimiento de uno mismo

¿Qué buscamos, satisfacción o felicidad?  
Deseamos estar satisfechos, hallar una sensación de plenitud al final de la búsqueda.  
Para ello, es fácil consagrarse a alguna cosa o causa, a alguna idea, pero eso no resuelve el problema, no nos libra del conflicto. 
Debemos descubrir qué queremos, tanto en lo íntimo como en lo externo. 
La dificultad está en aclarar la intención. 
¿Hay que recurrir a alguien para encontrar la claridad? ¿El conocimiento propio nos llega siguiendo a alguien, leyendo libros, etc.? 
Mientras no me entienda a mí mismo no tengo base para el pensamiento y toda búsqueda resulta vana. Puedo refugiarme en las ilusiones, huir, adorar a otro ser, esperar… Pero, mientras sea ignorante de mí mismo, mientras no me de cuenta del proceso total de mí mismo, no tengo base para el pensamiento, para el afecto ni para la acción. 
Pero, conocernos a nosotros mismos es lo último que queremos, y sin embargo, es el único fundamento sobre el que podemos construir. 
Antes de poder hacer algo, condenar o destruir, tenemos que saber lo que somos.
Los gurús, los rituales, la meditación, etc., no sirven para solucionarnos nada. 
Carece de sentido, aunque todas esas prácticas y personas nos digan lo importante que es conocerse a sí mismo.
El mundo es lo que somos nosotros. Si somos mezquinos, celosos, vanos, codiciosos, eso es lo que creamos en torno nuestro, esa es la sociedad en la que vivimos. 
Por tanto, lo primordial es entendernos a nosotros mismos. Porque si no nos entendemos, ¿cómo podremos operar una transformación de la sociedad, en la convivencia, en lo que hagamos? 
¿Habéis intentado estudiaros a vosotros mismos, vigilando toda palabra, todo movimiento del pensar y del sentir, observando nada más, conscientes de vuestras respuestas corporales, de cómo respondéis a la situación mundial? 
¿Habéis ahondado seriamente en esto? 
Sin conoceros a vosotros mismos, sin conocer vuestra propia manera de pensar, porqué pensáis ciertas cosas, el trasfondo de vuestro condicionamiento, porqué tenéis ciertas creencias sobre arte, religión, el país, el mundo, los vecinos, vosotros mismos. 
Sin esto no se puede pensar sobre cosa alguna. 
Si no conocéis vuestro trasfondo, la substancia ni el origen de vuestro pensamiento, todo es inútil y carece de sentido. 
No importa que seáis españoles o americanos, negros o blancos. 
Antes de descubrir el propósito final de la vida, el significado de todo eso: las guerras, los antagonismos nacionales, los conflictos, todo ese barullo, debemos empezar por nosotros mismos. 
Esto suena muy sencillo, pero es extremadamente difícil. 
Para seguirse a uno mismo, ver cómo opera el propio pensamiento, hay que estar muy alerta. 
Ante los enredos del propio pensar, las respuestas y los sentimientos, empieza uno a ser más consciente no solo de sí mismo, sino de las personas con las que se relaciona. 
Conocerse a sí mismo es estudiarse en acción, en la convivencia. Con paciencia, sin correr para llegar a una meta, dándose tiempo para observar, para sentir, para reflexionar sobre nosotros mismos, sin perderse en miles de actividades. 
La responsabilidad depende de uno mismo no de los demás. 
Aunque recorráis toda la tierra, leáis todos los libros, conozcáis todos los sistemas, si sois inconscientes de vosotros mismos, si no conocéis el proceso de vuestro pensar, sentir y actuar, todo es inútil, no sirve para nada. El conocimiento propio no tiene fin. No se alcanza una realización, no se llega a ninguna conclusión, es un río sin fin. A medida que se lo estudia se encuentra la paz. Solo cuando la mente está tranquila mediante el conocimiento propio puede verse la realidad. 
Y solo entonces puede haber paz y acción creadora.
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