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miércoles, 17 de abril de 2019

DESEDUCATE


DES-EDUCATE / Propuesta para vivir y convivír mejor.
Eva Bach y Pere Darder
(Recopilación de Joaquín Benito Vallejo)





Los seres humanos tenemos que educar nuestras emociones a lo largo de toda la vida y debemos tenerlas en cuenta en cualquier ámbito de nuestra existencia.

Cuanto menos tiempo tengamos para adentrarnos en el propio mundo interior, menos probable será que cuestionemos el sistema.

Hay que ser capaces de asumir las frustraciones como algo natural e inevitable, hacernos cargo de las propias acciones y emociones y asumir nuestra responsabilidad individual en la sociedad.

Somos manipulados de diversas maneras y a la vez se nos hace pensar que somos libres, porque podemos comprar una cosa o la otra, votar a unos u otros o no votar. Y se nos advierte que no podemos quejarnos porque vivimos en una democracia.

No reconocer nuestras necesidades profundas nos deshumaniza.
Tenemos que dejar de reproducir formas de vida que pretenden instalarnos en la comodidad a costa de renunciar a la plenitud humana.

Des-educarnos significa dejar de educarnos en los principios y maneras desencaminadas que imperan actualmente. 

La educación está desencaminada en cuanto no contribuye a formar personas felices, autónomas, responsables y solidarias. 

      La compartimentación de la persona y del conocimiento es un aspecto de la cultura que tenemos que deseducar. No podemos permitir que nos condicionen hasta lanzarnos a formas malsanas de vida y de relación, que nos llevan desde la angustia al pesimismo, el egoísmo y la violencia. Tenemos que desprendernos de muchísimas cosas. No podemos permitir que las directrices externas ejerzan una influencia sobre nuestras vidas como consecuencia del desconocimiento de nosotros mismos y de falta de criterio personal.

La desconexión de nuestro ser auténtico genera una ruptura entre nuestra parte biológica y nuestra parte social o ética. Hemos de reconocer que lo que da sentido a nuestra vida es el amor, que necesitamos al otro. La felicidad consiste en lo que soy capaz de sentir, valorar, ofrecer y compartir.


La educación no puede agotarse en la individualidad, tiene que conducir a la persona hacia la conciencia y el compromiso social.


La convivencia debe sostenerse sobre la solidaridad, valor fundamental para la vida colectiva, que no nace de las convenciones, sino de un sentimiento personal profundo de identificación con los otros. El ser humano tiene que ser capaz de utilizar su inteligencia para ir más allá de su dimensión biológica y hacer una aportación ética que contribuya a la convivencia. No me puedo preocupar únicamente de qué mundo quiero, sino, además, de qué mundo estoy construyendo para los demás, con mis actos y mis actitudes. 

¿Estoy dispuesto a escuchar y aprender de los demás? ¿Me preocupa cómo les afecta lo que hago? ¿Vivo centrado en mí mismo, y no me cuestiono ser más amable, atento, a las necesidades y sentimientos de los demás? Es imperdonable que no me ocupe de los problemas del mundo.

Tener un coeficiente intelectual elevado no es garantía de madurez. No garantiza la capacidad necesaria para relacionarse, amar, o implicarse en la construcción adecuada del entorno. La educación debe contemplar necesariamente esta premisa.

Las emociones superan ampliamente el ámbito personal, alcanzan las propias estructuras sociales y políticas. La educación emocional ha sido desatendida por las ideologías, desde el patriotismo a los ideales románticos o las religiones.

La emoción que ha de incorporarse a la educación es personal, interpersonal, social y ética.

Tenemos que conjugar pensamiento y emociones y traducirlo en acciones concretas que respondan a actitudes más evolucionadas.

Conocer para ser capaces de sentir y sentir para conocer y construir un mundo mejor con los otros.

La inteligencia emocional constituye la base de todas las demás y tiene que ser la base de la educación.

La convivencia hay que construirla sobre la solidaridad y ésta sobre la igualdad. Que tiene en cuenta las diferencias, pero no puede admitir determinadas jerarquías. En circunstancias diferentes somos iguales en dignidad, responsabilidad, debilidad, humanidad. Y somos interdependientes. Nos necesitamos mutuamente.
Igualdad, porque ambos somos capaces de convivir, sin situarnos uno por encima del otro, sin necesitar someter ni anular, asumiendo que hemos de hacer compatibles las diferencias.
Solidaridad como sentimiento de igualdad, que implica reconocerse a uno mismo en el otro, tan necesitado de atención y consideración. Sentirse parte del otro. Sin lo cual es difícil disfrutar, compadecer, participar, amar. Sentimiento que debe ser mutuo.

La educación ha de favorecer este sentimiento de comunidad para hacer posible la convivencia.

La cohesión ha de basarse en lo que se comparte, no en lo que nos diferencia. Ser catalán, católico, periodista, etc., no es lo importarte, sino reconocerse como personas.

Des-educarnos significa desprendernos de todo aquello que nos impide reencontrarnos: miedos, prejuicios, dogmatismos, apariencias.

La solidaridad es un valor. Para educar en valores conviene crear situaciones que faciliten la toma de consciencia, el intercambio, la creatividad, incluso la transgresión, que promuevan la integración del pensamiento, la emoción y la acción. No se trata solo de adquirir un vocabulario y aprender técnicas, la finalidad es partir de la propia humanidad para llegar al sentimiento de comunidad.
Para educar en valores hay que empezar por las propias emociones. La vida emocional es la base de la vida moral. Los criterios morales no pueden establecerse al margen de las emociones. El valor se asume plenamente cuando es comprendido y sentido.

Educar para la convivencia exige aprender a sentir, comprender, sufrir, disfrutar y a aprender expresar los afectos.
Educar para la paz es hacer crecer dentro de la persona el deseo y la responsabilidad de la paz.
Sentir el goce de la paz y la indignidad de la violencia latente o manifiesta. Y responder de forma no violenta ante las acciones de los demás.

Existen diferentes tipos de violencia: el insulto, el chismorreo, la agresión, el maltrato, y también, la violencia política, ideológica, económica, étnica, ecológica que son de suma gravedad.

Tenemos que des-educarnos porque muchas de nuestras creencias y maneras de actuar son erróneas y nos han conducido a la anestesia, a la infelicidad, a la confrontación. Los hábitos asentados actúan como barrera que nos impiden conectar con las emociones profundas que más nos pueden humanizar. 

Nuestros mecanismos de respuesta, estructuras mentales y formas de vida están marcados desde el comienzo por las reglas de la cultura dominante. Por ello, nuestras decisiones no son muchas veces nuestras, sino las que nos vienen marcadas desde fuera.

Deseducar implica en primera instancia tomar distancia de ciertas rutinas y tópicos y empezar a diferenciar lo que soy de aquello en lo que me he convertido por imperativos externos, separar lo que hago de lo pienso, las emociones que son mías de las que me han sido inculcadas.


Tenemos que deseducarnos para reencontrarnos. 





sábado, 21 de abril de 2018

EMOCIONES y AMOR


EMOCIONES  y AMOR 



El desarrollo de la vida se basa en la comunicación. 
Esta,  además de ser la base primordial de la vida, lo es también de todo lo que ella significa en sus diversas manifestaciones y facetas y en su evolución hasta llegar al hombre.
La comunicación existente dentro de las células, en sus microscópicos elementos internos en relación con sus funciones, y  de todo el organismo vivo, en su interior y en su interrelación con el exterior del cual depende para vivir. 

La comunicación que dio lugar a la vida y ha dado lugar a la convivencia, a la sociabilidad, a la colaboración, a la repartición de tareas,  al cuidado y protección de las crías, al altruismo del grupo, a la empatía, es el prerrequisito de lo que es el amor, la emoción primordial de la vida, de la organización y del orden biológico, que nos ha llevado a la convivencia humana.

Las emociones son improntas, marcas o señales, que el ser vivo ha desarrollado en su interrelación con el entorno para conducirle por el camino de la vida. 

Las emociones nos señalan lo qué es bueno o malo para vivir, en estrecha relación con lo que nos causa placer o displacer, dolor. Para avisarnos de ello, para que huyamos o rechacemos lo que nos causa dolor y pongamos remedio a ello, para que vayamos por el camino de lo que es bueno y nos causa placer. 

Las necesidades se organizan en torno a lo que es bueno y nos causa placer. El amor es considerado la emoción primordial –según dice Maturana- la principal causante del placer de vivir y de las relaciones que se establecen con los demás, porque ella es el culmen de las adquisiciones en la sociabilidad del placer de vivir en la convivencia.  

El amor es además el mayor sostenimiento de nuestras otras necesidades primarias: La alimentación, la salud, el deseo de vivir, el cuidado, la protección, la seguridad, la confianza, la atención, el ser tenido en cuenta, el desarrollo, la integridad personal.

El más alto paradigma del amor es el de la madre por el hijo –amor biológico y social- en el que ella lo da todo a cambio de nada, a cambio de ver florecer al hijo. 
-Pero este amor podría convertirse en despótico si no le deja florecer libremente, lo que significa procurarle vivir independientemente, sin ataduras-. 

El amor desinteresado se lo ha proporcionado a la madre el propio desarrollo de la vida. El amor es biológico porque sin el amor de la madre no podríamos vivir. Necesitamos a la madre con sus cuidados para vivir, necesitamos a los otros para desarrollar nuestras capacidades.
Y el amor es social porque sin los otros no lo podríamos satisfacer. La vida ha ido dotando a los seres vivos de la necesidad de los otros. Para ello ha ido elaborando tramas de relaciones, formas de enlazarse unos con otros en dependencia mutua. Así, las crías necesitan a sus padres para poder vivir en los primeros momentos de la vida. 

A medida que las especies han ido evolucionando, estos lazos se hacen mayores, los seres son más dependientes de sus padres, pero para hacerse con ello, más independientes. 
El ser humano es el más dependiente en su nacimiento y paradójicamente,  para ser el más independiente en su madurez, ya que hasta pasados varios años desde su nacimiento no puede vivir solo, sin embargo luego llega a ser el de mayor independencia y autonomía, mientras que los otros seres vivos que nos preceden, pueden llegar a vivir con una cierta autonomía desde que nacen, pero no adquieren una independencia mayor con su desarrollo.

Pero todos, ellos y nosotros nacemos con una serie de improntas, de huellas, de marcas, de conductas para estar ligados a los de nuestra especie, ser reconocidos y con ello tener un seguro de vida. Así pues, las madres reconocen a sus crías y están disponibles para ellas, sabiendo cómo las tienen que cuidar y proteger. Y las crías gozan de conductas para demandar a sus madres sus necesidades si a estas se las olvidara. Así, el niño, llora, patalea, se incomoda, llama la atención...

Crecemos en nuestra interrelación con los otros. Los otros son el espejo, la motivación, el estímulo, los otros son el riego que nos alimenta, el sol que nos alumbra, la atención que nos tiene en cuenta. 
El amor es el resultado de la sociabilidad, de la convivencia, del altruismo, de la empatía, de ser reconocidos como seres. Todas esas condiciones fraguadas y desarrolladas en el complejo proceso de la vida y de la evolución de las especies que nos han precedido.

Por todo ello, nos dice Maturana: “Nosotros, los seres humanos, somos seres biológicamente amorosos como un rasgo este de nuestra historia evolutiva. 
Esto significa dos cosas: la primera es que el amor ha sido la emoción central conservada en la historia evolutiva que nos dio origen desde hace unos cinco a seis millones de años atrás; la segunda es que enfermamos cuando se nos priva de amor como emoción fundamental en la cual transcurre nuestra existencia relacional con otros y con nosotros mismos.”

Al considerar el amor como el reconocimiento de nuestro ser por los otros, de nuestra idiosincrasia, aquello que nos hace únicos, y lo que ello conlleva: ser tenidos en cuenta, ser respetados en nuestra singularidad, su fractura, su falta, nos enferma no solo a un nivel psíquico, con depresiones, neurosis, patologías, o enfermedades mentales diversas, las sociopatías, la maldad, el desarraigo, etc.,  etc., sino físicamente también, puesto que la unidad entre el cuerpo físico y los estados mentales es obvia y reconocida, y su influencia es diversa también, desde un malestar respiratorio, una urticaria, un cáncer, o cualquier otra enfermedad. Cuando la integridad del ser se rompe su manifestación es la enfermedad.

Por ello dice Maturana que enfermamos cuando se nos priva de amor. Visto de otro modo, en psicología se sabe que todas las neurosis son el resultado de problemas de amor, -entendido el amor como lo hemos descrito-, produciendo a su vez, diversas manifestaciones somáticas. Y aún más, los niños del hospicio descritos por Spitz sufrían retrasos psicomotores graves, como resultado de la falta de amor. Son muchos los casos que podemos describir, -la pérdida de un ser querido, nuestro propio desamor manifestado como infravaloración, etc., pero ahora sigamos escuchando a Maturana:

“El amor es un fenómeno relacional biológico, consistente en la clase de conductas a través de las cuales el otro surge como un legítimo otro en la cercanía de la convivencia. Si no hay amor no hay socialización genuina. Una sociedad en la que se acaba el amor entre sus miembros, se desintegra.” “Los seres vivos tienen dos dimensiones de existencia. Una es su fisiología, anatomía y estructura, la otra, sus relaciones con otros seres, su existencia como totalidad, lo que nos constituye como humanos es este dominio relacional donde se configura nuestro ser. Todo lo espiritual, los valores, la historia, la  filosofía  pertenecen al ámbito de las relaciones. El organismo existe en una armonía interna que se pierde cuando sus relaciones e interacciones dejan de ser congruentes. La negación del amor rompe esta congruencia y da origen a alteraciones fisiológicas que hacen posible alteraciones en todos los procesos homeostáticos. La mayor parte del sufrimiento humano y de las enfermedades, tienen su origen en la negación del amor.” “El amor es la aceptación del otro junto a uno en la convivencia.  Es el fundamento biológico del fenómeno social. Sin amor, sin aceptación del otro junto a uno no hay socialización y sin socialización no hay humanidad. Cualquier cosa que limite o destruya la aceptación del otro junto a uno, destruye el fenómeno social”

lunes, 26 de febrero de 2018

VIVIR Y EDUCAR LAS EMOCIONES


SEDUCETE PARA SEDUCIR
-Vivir y educar las emociones-
Eva Bach y Pere Darder / Ed. Paidos Contextos
Recopilación realizada por Joaquín Benito Vallejo



















Se  trata de empezar a tener un proyecto vital y a partir de este,
desembocar en el proyecto compartido, que va más allá de las
necesidades individuales y que integra a la persona en el colectivo
 social y la compromete con él.

A quien debemos gustar ante todo es a nosotros mismos. 
Para sentirnos con fuerzas para emprender  iniciativas comunes de transformación social con las personas que nos rodean.

Gustarse a pesar de las limitaciones, las carencias y las 
equivocaciones.

Desarrollar la capacidad de disfrutar del camino. 
Fijarse unas metas a las que llegar, pero a la vez vivir intensamente el momento presente. 
El simple hecho de caminar ya debería ser seductor por sí solo,
porque en el camino iremos descubriendo todo lo singular que hay en nosotros.

Quien vive con profundidad emocional y desarrolla un estilo afectivo
propio atrae a los demás y es capaz de despertar en ellos emociones
transformadoras.


El proceso de desarrollo personal no acaba nunca. 
Necesitamos estructurar continuamente todas nuestras 
dimensiones.

Educarnos toda la vida, convertir nuestras vivencias en
conocimiento, aprender nuevas maneras de relacionarnos que
establezcan lazos de afectos con los demás y realizar proyectos comunes.

Debemos adoptar una actitud responsable y voluntaria para convertir nuestra vida en formación.

Debemos educar-nos emocionalmente. 
Una acción que coordine lo que pensamos y lo que sentimos. 
Crear un clima emocional humano propicio.

La educación no es solo para los niños, es para todos. 
Desarrollar nuestras capacidades toda la vida, siempre en crecimiento.

Igualdad de oportunidades significa ayudar a cada ser humano a
confiar en sí mismo y en los otros y a vencer las resistencias que 
ponen límites a una experiencia profunda.

Es necesario crear un clima afectivo rico en estímulos para que cada uno pueda crear la oportunidad para alcanzar el máximo desarrollo y bienestar respetando el ritmo y estilo personal.

Vivir y educar las emociones nos puede acercar a un modelo mejor de persona y sociedad.

Las emociones condicionan nuestras decisiones e influyen en nuestros pensamientos. 
Son una fuente de autoconocimiento y un estímulo transformador.
Nos dicen cómo somos y nos indican lo que necesitamos. 
Todas las emociones pueden ser positivas, constructivas y adaptativas.

El miedo es una emoción básica. 
Se relaciona con la pervivencia de las especies. 
Alerta del posible peligro y nos provoca la reacción para la defensa o la huida. 
Es un mecanismo biológico de  protección fundamental. 
El miedo nos acompaña durante toda la vida e interviene en nuestra actividad y relaciones. 
Por miedo dejamos de hacer cosas que nos favorecerían, hacemos otras que no deseamos y que considerábamos impensables. 
Para sentirnos seguros nos dejamos arrastrar por el miedo, y vamos renunciando a lo que nos gustaría. 
EL miedo nos dificulta las relaciones con los demás. 
Nos inmoviliza para pasar desapercibidos, para no intervenir o dejar que pase el chaparrón.
Ahorra problemas no afrontar las dificultades por impedir el compromiso o el error. 
Atacar al otro también es una manera de defenderse uno mismo.

Actuar muestra la medida de uno mismo y nos presenta como un ser con proyectos y expectativas, que cuenta con los riesgos. 
A través de la acción uno se hace así mismo, evolucióna y se consolida. 
El miedo paraliza el progreso y mina la satisfacción personal. 
Provoca excesivas renuncias a lo que uno es y quisiera ser. 
Genera impotencia, incapacidad y reduce la participación. 
Nos hace eludir la responsabilidad encerrándonos en nosotros mismos. 
Cansancio, desmotivación, ansiedad son los indicadores de una situación no resuelta que nos hace sentir mal con nosotros y con los demás. 
Miedo a aparecer como se es ante los demás, hacerse próximo y asequible, modificar procedimientos para adaptarse a las necesidades, hacerse cargo de las  dificultades, pedir ayuda, compartir vivencias, establecer vínculos que nos ayudan a crecer. 

Miedo a favorecer el intercambio, aportar soluciones, fomentar la innovación, crear ilusión, colaborar…

El miedo paraliza el progreso personal y social, hace que las relaciones sean un lastre, que predomine el descontento, el individualismo, el inmovilismo, la huida.
 
El miedo paraliza el progreso personal y social, hace que las relaciones sean un lastre, que predomine el descontento, el individualismo, el inmovilismo, la huida.


LA COMPLEJIDAD DE LA VIDA

Las personas y la realidad social tienen una gran complejidad. En cada persona aparecen todas las situaciones posibles y cada hecho es fruto de un número ilimitado de elementos. 
Nos cerramos el camino para una vivencia y comprensión de los demás y del entorno.


APUESTA POR LA CREATIVIDAD

Hay que evitar la construcción de prototipos que conduzcan al pensamiento único e impiden la pluralidad de alternativas. 
Se debe fomentar el pensamiento divergente, la investigación, la experimentación, la innovación. 
Educar para la discrepancia, estimular la imaginación, propiciar el espíritu crítico. Enseñar a tener sueños sin las barreras que nos limitan. 
La utopía es necesaria, el realismo es indispensable.  
La creatividad es el puente entre la realidad y la utopía.


SEGUNDAS PARTE PUEDEN SER BUENAS

Hay proyectos que no se deben abandonar nunca, sobre todo, los que están relacionados con el afecto y las emociones. 
En el arte de amar y tejer relaciones estrechas y duraderas con los otros conviene no darse nunca por vencido.


ADMITIR LA NECESIDAD DE AFECTO

Necesitamos conocer el mundo que nos rodea y necesitamos estímulos que nos lleven a ello.  
Necesitamos sentirnos reconocidos y aceptados. 
La necesidad humana esencial es el afecto. 
Todo proceso de conocimiento de uno mismo y de los demás debe partir de esa necesidad primordial. 
Pero a la vez, es la que más nos cuesta admitir, porque implica el reconocimiento del otro. 
Para crecer física y psíquicamente sanos, tenemos que sentirnos amados por el otro y a la vez tenemos que aprender a amarlo.

Vivir y educar las emociones nos debe llevar a la sintonía mutua y al horizonte ético, tomar conciencia de que soy el otro para el otro, y que juntos hemos de emprender proyectos comunes que promuevan la dignidad conjunta.

Hay que ser autónomos y aprender a darse cuenta del afecto que necesitamos y que podemos proporcionarnos nosotros mismos. 
Pero para encontrar el equilibrio hay que caminar hacia la interdependencia, lo que significa compartir lo que somos, ser capaces de dar y recibir afecto y también de pedirlo cuando se necesita. 
La necesidad del otro no la debemos vivir como debilidad sino como la más rica en posibilidades de todas las necesidades humanas. 

LA MAYOR RIQUEZA ES EL OTRO

El valor más grande no es lo que sé, lo que hago o lo que tengo, ni tan solo lo que soy. Es lo que soy capaz de compartir. Mi mayor riqueza es el otro.

La interacción y el intercambio que se establecen en la interrelación me permiten descubrir lo que puedo ser y compartir, ampliar y aceptar lo que soy. El otro actúa como estímulo, reflejo y soporte. Acerca y ensancha mi mundo emocional y me abre un universo extraordinariamente rico de posibilidades que no podría descubrir ni recorrer nunca solo.

Pero a veces ejerce también de obstáculo, me pone en contacto con mis limitaciones y me obliga a revisarme, a superarme y a aceptarme.

La identidad personal la vamos confirmando a través de todos los demás que dejamos entrar en nosotros.  
Por eso es que: sin ti no soy nadie.

Cada relación nos hace ser algo que nunca hubiésemos sido sin  ella. Pero la relación con el otro representa a menudo una fuente de conflictos. Es inevitable. 
El conflicto no debe conducir necesariamente al trastorno emocional o a la ruptura. 
Puede ser enriquecedor e incluso agradecido si aprendemos a afrontarlo con actitud responsable. 
La construcción de la identidad personal  no acaba nunca y no es posible sin la intervención del otro.


EL  CALOR DEL CONTACTO

La emoción no se puede vivir desvinculada del cuerpo. 
El bienestar emocional se relaciona con el bienestar corporal. 
El bienestar se incrementa con la calidez del contacto afectuoso con los demás, y más si hay una sensación táctil. 
Cuando somos acariciados con frecuencia brillamos por dentro y por fuera. 
Cuando acariciamos también. 
Hoy día, la mayoría desconocemos las posibilidades de nuestro cuerpo como vehículo de comunicación afectiva. 
El cuerpo continúa siendo tabú, la incomodidad que nos produce tocar o ser tocados nos impide educarnos en el contacto y gozar con ello. 
Aprender el lenguaje del cuerpo para aumentar la capacidad de sentir y expresar afecto es necesario y tonificante. 
Una caricia física, verbal, gestual, simbólica puede ser ruborizante al principio, pero será agradecida cuando la integremos en nuestra manera de ser.

Los programas de desarrollo emocional deberían plantearse como un objetivo prioritario la educación del cuerpo como fuente y receptáculo de emociones y vehículo de comunicación afectiva.


CONSTRUIR UN PROYECTO VITAL

Construir, idear y realizar proyectos en un sentido dinámico. 
Mantener un proyecto vital a lo largo de toda la vida y revisado constantemente. 
Que no se convierta en un muro donde quedarnos encerrados.  Hacer planes de futuro en función del presente.

El proyecto vital: ¿Qué quiero hacer con  mi vida? ¿Cómo puedo realizar mis aspiraciones? Y ¿cómo contribuyo a la mejora de los demás y del entorno? 
Asumo la responsabilidad de mi vida, la afronto viviendo intensamente, contribuyendo a su mejora, transformando las dificultades en retos y oportunidades de superación.  
Ayudo en el cumplimiento de los proyectos colectivos para hacer la vida más humana y creativa.

El realismo orientado está en la base del proyecto. Aporta el punto de partida de lo que siento que soy, de lo que puedo o deseo ser. También me instala en la utopía necesaria que refuerza el realismo y lo proyecta al futuro. Me proyecta más allá de lo concreto sin desconectarme de él.

La forma como vivo, siento y entiendo la realidad y la colaboración –mi singularidad- es lo que especifica el proyecto.

La formación de la persona es lo que orienta y da coherencia al conjunto de aprendizajes. 
El proyecto vital es la expresión de un compromiso con uno mismo y con la colectividad. 
Es la definición del compromiso ético.


SINGULARIDAD Y SOCIALIZACIÓN

Las emociones nos dan la valoración de lo que pasa en nuestro entorno. 
Por medio de ellas la realidad se hace significativa y la vivo de una forma personal, diferente a los demás. 
Pero también nos dan un contenido social. 
El aprendizaje ha de suponer un proceso de crecimiento de la singularidad a la vez que, de socialización y adaptación básica a la vida con los demás. 
El progreso de la sociedad depende de las aportaciones individuales de sus miembros.


ACTITUD RESPONSABLE ANTE EL CONFLICTO

Adoptar una actitud responsable es hacerse cargo de los propios desaciertos y tener en cuenta las repercusiones que pueda tener sobre el otro.

El conflicto ha de resolverse de manera que las partes implicadas se sientan satisfechas. 
No vale actuar como si no ha pasado nada, ni optar por el silencio o por la huida. 
Tampoco sirve el lamento, el derrotismo, la culpabilización, las excusas y justificaciones. 
Ni la recriminación ni la agresividad, ni dejar pasar el tiempo.

Cuando hay discrepancias, para encontrar una solución óptima hay que tener el deseo profundo de encontrarla. 
Compartida con las partes en conflicto, apoyada en un afecto sincero y en una voluntad persistente.  
Dejar transcurrir el tiempo puede ser necesario para que se calmen los ánimos, pero si se prolonga más de la cuenta acaba denotando desinterés. 
Los problemas que no se afrontan en el momento van creciendo en la sombra y puede que exploten complicando la situación.

Afrontar los problemas significa acordar conjuntamente una solución. 
Una de las peores cosas que puede pasar  es que una de las partes se niegue a buscar soluciones. 
Quedarse sin alternativas puede ser vivido como una agresión a  la dignidad.

 
CIENCIA Y HUMANISMO


La educación de las emociones reúne los requisitos para convertirse en un nexo entre ciencia y humanismo. 
Nunca la ciencia ha estado tan cerca de la felicidad y las cuestiones y materias que se relacionan con ella, como la filosofía, la psicología, la pedagogía y las ciencias humanas.

Ciencia y humanismo han de encontrar su punto de fusión y la primera ha de ponerse al servicio del segundo.  

Una educación de las emociones con fundamentos biológicos y planteamientos éticos puede ser válida a partir de una profunda conexión entre lo que el ser humano es y desea. 
El objetivo último es que a base de generaciones queden incorporados al código genético de la especie y deparen al conjunto de la humanidad un salto cualitativo en su evolución. 
En el caso de la neurobiología los límites están relacionados con la singularidad y con la socialización. 
La singularidad –expresión individual del fenómeno colectivo- se sustenta en la ciencia.


RECUPERACIÓN DEL DIALOGO CON LA NATURALEZA Y EL ARTE          

La naturaleza y el arte son dos fuentes poderosas complementarias e inagotables de emociones no solo estéticas.

Las formas, los colores, la luz…, nos condicionan y repercuten en nuestro estado de ánimo.

Debemos recuperar el dialogo con la naturaleza porque  hay una conexión estrecha entre ella y nosotros. 
Formamos una unidad. Puede favorecer la sintonía con nuestras emociones y las de los demás.

Mediante la contemplación y el conocimiento del entorno entramos en contacto con lo que sentimos. 
Si profundizamos en las formas del reino animal y vegetal debemos darnos cuenta de que formamos parte de un  delicado equilibrio que entre todos hemos de sostener.  
La plenitud del ser humano exige un dialogo entre el yo, el otro y el universo.

 El arte tiene una importante componente terapéutica destacando su potencial para conectar con nuestras emociones.


COMPROMETIDOS CON LA DIGNIDAD

La dignidad es un principio fundamental que implica respeto y admiración por la vida, consideración y afecto por todos los seres vivos. 
La humillación y menosprecio del otro –ni de sí mismo- no tiene ninguna justificación.

Es un barómetro de nuestra capacidad de amar y un radar que nos alerta ante actitudes que pueden suponer desaire para el otro. 
El compromiso de cada persona con la dignidad de la vida humana es uno de los valores éticos hacia el que debemos encaminar la vivencia y la educación de las emociones.

Este compromiso debe nacer de una estrecha simbiosis entre emoción y reflexión.

La dignidad no se aprende en una clase de ética. 
El mero hecho de pensar que es buena y necesaria tampoco lo garantiza. 
Su importancia hay que sentirla muy dentro de nosotros. 
Requiere una capacidad de experimentar sentimientos auténticos y diferenciados de tristeza, dolor, entusiasmo y afecto  que nos despierten su anhelo. 
Los valores humanos se adquieren a través de un proceso  de identificación y de construcción personal. 
Todo valor humano tiene más fuerza si es sentido además de pensado.

Solo la persona que reconoce y sufre sus propias carencias, y a pesar de ello está dispuesta a aceptarlas  y a convivir con ellas, es permeable al sufrimiento del otro y acepta sus equivocaciones sin desacreditarlo.

Comprometernos con la dignidad supone desarrollar un sentimiento de solidaridad hacia cualquier forma de vida –humana o no- a partir de un sentimiento de igualdad que no permite que nadie se sienta por encima ni por debajo de otro

La actitud emocionalmente responsable y madura es incompatible con la creencia en grupos que se definen por su oposición o enfrentamiento a otros grupos  diferentes. 
Al madurar, la gente deja de creer en bandos. 
Todos deberíamos estar del mismo lado: el de las personas que, a pesar de su condición humana imperfecta o inacabada, reconocen en sí mismas y en el otro la voluntad de aprender y la capacidad de hacerlo cada vez un poco mejor y se ofrecen las oportunidades necesarias para conseguirlo.


UNA NUEVA RENOVACIÓN PEDAGOGICA

La educación es un factor indispensable para que la humanidad pueda alcanzar los ideales de paz, libertad y justicia social, y desempeña un papel fundamental en el desarrollo de las personas y las sociedades.

El sistema educativo actual genera angustia, estrés, frustración y muchas otras insatisfacciones en las personas que lo sufren. 
Es necesario modificar la realidad académica. 
No podemos seguir hablando de personas que fracasan. Cuando esto ocurre, quien fracasa es el sistema.

La educación debe atender todas las capacidades del individuo. 
Las debe desarrollar al máximo para que la persona llegue a su madurez y de esta forma contribuya al progreso y al bienestar social.
Es tan indispensable aprender a conocer y aprender a hacer como aprender a convivir y aprender a ser.  
Razón y emociones deben recibir la misma atención formativa y debe estar presente en todas las adquisiciones que realiza la persona, desde la reflexión ética hasta la preparación para la profesión y la vida social y política.





 
 
 
 



piedra y nube: EL PUEBLO

piedra y nube: EL PUEBLO :           Un punto invisible en el mapa del mundo. Un lugar sin nombre, mudo y ciego para el resto del planeta....