jueves, 7 de marzo de 2019

Amor y juego - patriarcado


AMOR Y JUEGO – Fundamentos olvidados de lo humano. 
- Desde el patriarcado a la democracia -
Humberto Maturana y Gerda Verden-Zöller
Investigación sobre el desarrollo de la conciencia individual y social del niño.
(Recopilación realizada por Joaquín Benito Vallejo)




PREFACIO

Este libro es resultado de una investigación sobre el desarrollo de la conciencia individual y social del niño, como prólogo sobre culturalización y cambio cultural.

La existencia humana tiene lugar en el espacio relacional del conversar,  -comportamientos, lenguaje, acciones mutuas, cuyo basamento es siempre la emocionalidad-.
Nuestra condición humana tiene lugar en nuestra manera de relacionarnos unos con otros en el mundo que configuramos en nuestro vivir.

Nuestro vivir cotidiano lo constituye el lenguaje como fenómeno biológico relacional, es un coexistir de interacciones recurrentes, bajo un fluir de coordinaciones y conductas consensuales, lo que denominamos lenguajear.


MATRISTICA
La palabra matrística está usada con el propósito de connotar una situación cultural en la que la mujer tiene presencia mística que implica la coherencia sistémica acogedora y liberadora de lo maternal fuera de lo autoritario y de lo jerárquico.
Es contraria a la palabra matriarcal en cuanto que esta significa lo mismo que patriarcal, en una cultura donde las mujeres tienen el papel dominante. 

La palabra matrística está usada intencionalmente para referirse a una cultura en la cual hombre y mujer pueden participar de un modo de vida centrado en la cooperación no jerárquica, porque la figura femenina representa la conciencia no jerárquica del mundo natural a que pertenecemos los seres humanos, en una relación de participación y confianza, no de control ni autoridad. Y en la cual, la vida cotidiana es vivida en una coherencia no jerárquica en todos los seres vivientes, aún en la relación predador-presa.


EMOCIONAR
Lo que distinguimos como emociones en nosotros y en otros animales son ámbitos de acciones, clases de conductas. En nuestro vivir fluimos de un dominio de acciones a otro en un continuo emocionar que se entrelaza con el lenguajear. A este entrelazamiento de emocionar y lenguajear llamamos conversar. El linaje humano surgió en la historia evolutiva del grupo de primates al que pertenecemos, cuando el convivir en el lenguaje comenzó a mantenerse generación tras generación como el modo de convivir que definió en adelante a dicho linaje.
El vivir en el lenguaje como un convivir en coordinaciones conductuales consensuales surgió entrelazado con el emocionar. Al surgir lo humano lo que surge en el devenir de nuestros ancestros es un vivir en el conversar que se mantiene generación tras generación como modo de vivir. Los seres humanos actuales somos el presente de esa historia.
                                                                                                                                     
Todo lenguaje ocurre sobre un soporte emocional. Emoción y lenguaje se influyen mutuamente y pueden producir cambios uno en otro en su transcurrir. La emoción define la acción. Es la emoción desde la cual se hace una acción, lo que define a la acción. Existimos en el lenguaje, todo ser y hacer se da en el lenguajear entrelazado con el emocionar que es el conversar. Cualquier quehacer humano tiene una red particular de conversaciones que queda definida por el emocionar.

La historia de la humanidad ha seguido y sigue el curso del emocionar, en particular el curso de los deseos, no el curso de las oportunidades materiales, ni de las idas, ni de los valores y símbolos. Para comprender el curso de nuestra historia como seres humanos debemos contemplar el curso del emocionar humano.

El niño y la niña crean su propio espacio psíquico como su espacio relacional, al vivir en la intimidad de su contacto corporal con su madre como simple resultado del convivir en total aceptación y confianza mutua en ese contacto corporal, no porque le sea directamente enseñado. 

En este proceso el niño y la niña aprenden el emocionar y la dinámica relacional que va a constituir el espacio relacional que generará en su vivir, esto es, lo que hará, oirá, olerá, tocará, verá, pensará, temerá, deseará, y rechazará, como aspectos obvios de su vivir individual y social y como miembro de una familia y una cultura. 

El curso que la historia humana sigue generación tras generación es el curso del emocionar adquirido al crecer en relación con sus progenitores, otros adultos, otros niños y niñas y el mundo circundante no humano. 
Para comprender el cambio cultural debemos comprender el cambio del emocionar en relación con el crecimiento de los niños y niñas.

Una cultura es una red cerrada de conversaciones. El cambio cultural surge como un cambio en la red de conversaciones que la comunidad que cambia, vive. 
Y tal cambio surge, se sustenta y se mantiene en el cambio del emocionar de los miembros de la comunidad.

PATRIARCADO
El patriarcado surgió como un cambio en la configuración del emocionar que constituía el fundamento relacional de la cultura matrística preexistente. 
Y a su vez provocó un cambio en el pensar, en el gustar, el oír, ver, temer, desear, en suma, en los valores conservados hasta entonces generación tras generación.
El patriarcado surgió a través de un cambio psíquico que vivían los niños y las niñas en crecimiento.

CAMBIO CULTURAL
Nada ocurre en el devenir biológico porque sea necesario o beneficioso. Es un grave error considerar las consecuencias de un proceso como resultado y justificación de un origen. Como si el futuro fuese causa del pasado. Los procesos históricos no ocurren así. El futuro no surge porque sea necesario o ventajoso. Las diversificaciones de los seres vivos en la historia de la biosfera es el resultado de las diferentes maneras de vivir acaecidas espontáneamente.
La historia de los seres vivos es la historia del mantenimiento de los distintos modos de vida que se conservaron porque los organismos los vivieron y los reprodujeron. 
La historia cultural humana es un fenómeno similar, de ahí la gran diversidad de culturas surgidas de los distintos modos de convivir en el devenir de la humanidad.
La manera de convivir conservada como un cierto modo de vivir queda definida fundamentalmente por el tejido emocional.
Cada vez que se conserva generacionalmente una nueva configuración emocional surge una nueva cultura. Esta no se conserva porque sea más ventajosa, sino solo porque se conserva y persiste. Cambia guiada y acotada por la nueva configuración que se conserva en el aprendizaje de los niños. En la medida en que estos aprenden a vivir en la nueva emocionalidad, crean un nuevo ámbito en el que se criarán posteriormente sus propios hijos. En esta dinámica aparece una nueva cultura. No surge porque sea mejor, sino que se conserva en el devenir y dicha comunidad se hace dependiente de ella.


Según lo anterior, al intentar comprender el origen del patriarcado europeo al que pertenecemos como cultura en el presente, lo que hacemos es ver las circunstancias del vivir que hicieron posible el cambio en el emocionar que al mismo tiempo que le dio origen como un modo de convivir, constituyó la dinámica relacional sistémica que llevó a su conservación generación tras generación con independencia de las consecuencias que tuvo.
Repetimos en esto, que no hablamos de fuerzas, presiones o ventajas usados frecuentemente como argumentos para explicar la direccionalidad del devenir histórico, porque tales nociones no se aplican a la dinámica sistémica y la conservación cultural.
Al hablar del origen del patriarcado mostramos que éste es un modo de emocionar que puede ser vivido de muchas maneras diferentes, y que, si no reconocemos esto, podemos confundirlo con símbolos, ideas, instituciones o conductas particulares, permaneciendo ciegos ante lo que ocurre en la infancia, sin poder ver que es el emocionar que los niños aprenden en su infancia lo que resulta en la conservación del patriarcado como modo de emocionar.

MATERNIDAD
Consideramos que la relación materno-infantil es un fenómeno biológico humano, que involucra a la madre no como mujer, sino como adulto, en una relación de cuidado, para lo cual tanto la mujer como el hombre están biológicamente dotados igual.

La maternidad es una relación de cuidado, no una tarea asociada al sexo.  Consideramos que la sexualidad humana es un aspecto del vivir relacional corporal y espiritual humanos, que surge desde la biología como un elemento fundamental en la armonía amorosa de la convivencia que vivimos en el emocionar común, y en el cual la reproducción es un fenómeno ocasional que puede ser evitado.

En este contexto, las consecuencias fundamentales de la sexualidad humana son lazos de intimidad sensual, visionaria, placer en la convivencia, ternura, cuidado por el otro, y una coexistencia amorosa y estética en un modo de convivir en el que el cuidado por los niños puede surgir como un placer sensual y espiritual, cuando se vive como una elección y no como una obligación.

Para que suceda lo anterior, la relación materno-infantil tiene que vivirse en el juego, en una intimidad corporal fundada en la total confianza y aceptación mutua, no en el control o la exigencia, manera de vivir que abre las compuertas para la extensión de la vida matrística de la infancia a la vida adulta.

Se invita a reflexionar sobre los fundamentos de nuestra historia cultural, con una mirada destinada a expandir la comprensión de lo humano.
Una invitación a la participación responsable en la modulación de esa historia que deseamos vivir, no como pensamos que debería ser.
Es de acuerdo con nuestro emocionar, y en particular con nuestros deseos, y no con nuestro razonar, como vivirán nuestros hijos y el mundo que generaremos ellos y nosotros al transformarnos haciendo la historia de nuestro vivir.

BIOLOGÍA
Nada puede suceder ni sucedernos a los humanos que no sea permitido por nuestra biología. Al mismo tiempo, nuestra biología no determina lo que nos suceda a lo largo del vivir. Para que algo ocurra en un ser vivo ha de haber historia, ha de haber un devenir del ser vivo en un ámbito de interacciones que le es operacionalmente independiente.

Por esto, en un sentido estricto no se puede hablar de determinismo biológico. Somos entes biológicos que existimos en un espacio biológico cultural. Como entidades biológicas, hombres y mujeres somos sexualmente clases distintas de animales. Pero esta diferencia no determina como nos comportamos culturalmente.

GENERO
Como entes biológicos culturales, hombres y mujeres somos igualmente capaces de todo lo humano.
Las diferencias de género -masculino y femenino- son solo formas culturales particulares de vivir, redes particulares de conversaciones y es por esto por lo que los distintos valores que nuestra cultura patriarcal confiere a las diferencias de género no tienen fundamento biológico.

Las diferencias sexuales son biológicas, pero el cómo las vivimos es un fenómeno cultural.
Las diferencias de género masculino-femenino propias de nuestra cultura patriarcal, pertenecen a cómo vivimos culturalmente nuestras diferencias biológicas de hombres y mujeres desde un fundamento de igualdad en nuestro ser biológico cultural.
La igualdad de hombre y mujer en el ser biológico cultural no niega las diferencias biológicas de los sexos masculino y femenino.

Entender esto es fundamental para comprender las consecuencias posibles que los distintos modos de vivir cultural tienen. No debemos ignorar que, así como la historia cultural sigue el camino de la manera de vivir que se conserva, la manera de vivir que se conserva en una cultura guía el curso que la biología sigue en la historia, y cómo se transforma según ese vivir.

La humanidad comenzó hace tres millones de años con la conservación de una manera de vivir que involucraban la colaboración de los dos sexos en el vivir cotidiano, compartiendo alimentos, ternura y sensualidad de hecho, como un aspecto natural de ese vivir.

LA COLABORACIÓN
La colaboración no es obediencia. La colaboración tiene lugar en la realización espontanea de conductas coherentes por dos o más seres vivos.
La colaboración es un fenómeno puramente biológico cuando no involucra un acuerdo previo. Por el contrario, cuando involucra el acuerdo previo es un fenómeno humano.
La colaboración surge en un deseo espontáneo que lleva a una acción que resulta concertada desde el placer.
En la colaboración no hay división del trabajo. 
La emoción involucrada en la división del trabajo es la obediencia.
La mayor parte de la historia de la humanidad debe haber transcurrido en la colaboración de los sexos, no en la división del trabajo que vivimos en nuestra cultura patriarcal como separación sexual de los quehaceres.

Es la emoción bajo la cual hacemos lo que hacemos como hombres y mujeres, lo que hace o no a nuestro quehacer una actividad asociada al genero masculino o femenino de acuerdo con la separación valorativa propia de nuestra cultura patriarcal que niega la colaboración.

EL RESPETO
Lo que sucede en las relaciones materno-infantiles son una actividad independiente del género.

Hablamos aquí de lo que los estudios revelan sobre la biología de la humanización, aunque lo humano sea una condición cultural.
Pero al mismo tiempo, hacemos esto revelando lo que implica llegar a ser un ser humano socialmente integrado como un fenómeno biológico en un vivir social que es cultural.

Revelamos las condiciones biológicas del proceso de humanización en cualquier cultura, dejando ver que el tipo de ser humano que se llega a ser en cada caso es algo propio de la cultura en que se crece.

No estamos biológicamente obligados a ser seres humanos de un tipo u otro.
No podemos predeterminar que un niño crezca como un ser que vive en el respeto por sí mismo y por el otro llegando a ser un adulto socialmente responsable, especificando algunos aspectos del medio que van a controlar su desarrollo al comienzo de su vida y a forzarlo a conducirse así.
Tampoco podemos, restringiendo su conducta de una u otra manera, forzarlo a que llegue a ser un adulto que vive en el respeto propio y el respeto del otro.

El respeto forzado niega el respeto. El niño debe vivir en la dignidad de ser respetado y de respetar al otro para llegar a ser un adulto que se respeta a sí mismo y respeta al otro viviendo como un ser con responsabilidad social, cualquiera sea el tipo de vida que le toque vivir, y sabemos, que para que esto pase debe respetarse la biología de la relación materno-infantil.

El niño y la niña deben crecer en la biología del amor y no en la biología de la exigencia y la obediencia.

MATERNIDAD
Al comprender la relación materno-infantil, debemos comprender también que la mujer no necesita tener hijos para ser mujer y que un hombre no necesita participar en la procreación del hijo para ser hombre.
La maternidad, femenina o masculina, es un fenómeno cultural que puede o no vivirse en coherencia con sus fundamentos biológicos y las consecuencias son diferentes en cada caso. 
Porque la maternidad es un fenómeno cultural, la procreación está abierta a la elección.
Y porque la procreación está abierta a la elección, podemos vivirla o no vivirla según nuestra elección y ser culturalmente responsable con respecto a ella.

SUBORDINACIÓN CULTURAL PATRIARCAL
Lo que define o constituye al patriarcado no es la relación de sometimiento o subordinación de la mujer al hombre. Tal relación no es primaria en el origen del patriarcado.

El origen del patriarcado se encuentra en el emocionar.

En el emocionar que constituye la apropiación: impedir el acceso normal de otro ser a algo que le es naturalmente legítimo.
En el emocionar que constituye el poder y la obediencia: negación de sí mismo y negación del otro a cambio de conservar algo.
En el emocionar de la jerarquía y la autoridad: negación del otro y de sí mismo aceptada ante un argumento trascendental de carácter racional, espiritual o místico.
En el emocionar de la amistad y la enemistad junto con el deseo de control: la negación del otro en la falta de confianza.

Este emocionar debe haberse establecido como un aspecto de la manera cotidiana de vivir antes de que las mujeres hayan podido ser sometidas y esclavizadas en el medio patriarcal de modo que sus hijos hayan podido llegar a ser adultos que aceptaban la esclavización de sus madres como algo natural.

El hacer algo por otro o para otro no constituye subordinación o servidumbre, es la emoción bajo la cual se hace o se recibe lo que se hace, lo que constituye a ese hacer como subordinación no.

Nosotros, europeos u occidentales modernos, pensamos desde la cultura patriarcal en la que vivimos y a la que pertenecemos, pensamos y hablamos desde el espacio psíquico patriarcal y no nos resulta fácil ver otra cultura en sus propios términos.
Por esto, como gente patriarcal no podemos imaginar la separación de las actividades del hombre y de la mujer como algo diferente de aquello que evoca la noción de división del trabajo como noción patriarcal que se usa en general, para justificar la subordinación de la mujer al hombre bajo el argumento de los roles masculino y femenino.
Describimos las actividades masculinas y femeninas de otras culturas con el discurso de la división del trabajo de nuestra cultura patriarcal.
Vivimos las relaciones entre hombres y mujeres de otras culturas como lo hacemos en nuestra cultura patriarcal, cualquiera que sea el emocionar que ellos y ellas vivan allí.

El respeto por sí mismo y por el otro surgen en relaciones de aceptación mutua en el encuentro corporal en el ámbito de una confianza mutua total.

El abuso -uso forzado- y la mutilación del cuerpo de una persona por otra violando esta confianza mutua fundamental, destruye en la persona abusada el respeto por sí misma y su posibilidad de participar en la dinámica del respeto mutuo que constituye a la coexistencia social.

La pérdida del respeto por sí mismo y la pérdida del respeto por el otro involucrado en tales acciones destruyen la identidad social y la dignidad individual de un ser humano como aspectos de su dinámica biológica y surge en él o ella una desolación que solo puede curarse mediante la recuperación del respeto por sí mismo y el otro.

La destrucción del respeto por sí mismo mediante el abuso corporal resulta en la aceptación de una situación de subordinación por el abusado.

Pero para que se de la aceptación de la subordinación como una relación legítima tanto por el abusador como por el abusado, ambos deben vivir en el espacio psíquico de la apropiación.

Tal manera de vivir en nuestra cultura occidental surgió con el patriarcado.

El que las mujeres hayan aceptado el abuso y dominación del hombre en tanto patriarca como una condición legítima de convivencia, y hayan pasado a ser la fuente principal de servidumbre y esclavitud en nuestra cultura es una consecuencia de la expansión del espacio psíquico del patriarcado a través de la apropiación de las mujeres patriarcales y no patriarcales, y su subordinación mediante la sexualidad y el trabajo forzado.

Mediante el emocionar de la apropiación, el patriarcado crea el espacio psíquico que hace posible la destrucción de la colaboración fundamental de hombres y mujeres propia de la vida matrística.  La servidumbre y la esclavitud de la mujer surgen en la expansión del patriarcado en la guerra y en la piratería resultado del crecimiento de la población que trae consigo la valoración de la procreación que ésta implica. La servidumbre y la esclavitud es secundaria al patriarcado y no un factor generador de éste.

CAMBIO CULTURAL
El cambio cultural puede ser rápido o lento, no puede ser especificado, pero solo ocurre en tanto se da el cambio en el emocionar que asegura la nueva red de relaciones que constituye la nueva cultura.
La conservación del nuevo emocionar debe ocurrir a través de los niños de la comunidad.
EL cómo vivimos con nuestros niños es a la vez tanto la fuente y el fundamento del cambio cultural, como el mecanismo que asegura la conservación de la cultura que se vive.

El espacio psíquico, como campo en el que tiene lugar la existencia humana y el modo de relacionarse con otros y consigo mismo que tienen los seres humanos, como seres que existen al conversar, se aprende de hecho al vivir en la multidimensionalidad del vivir humano viviendo como humano.

Al niño y niña no se le enseña el espacio psíquico de su cultura, se hace en él.

El patriarcado es un modo de vivir un espacio psíquico. Si queremos recuperar la igualdad colaborativa de la relación hombre-mujer de la vida matrística, tenemos que generar un espacio psíquico neo-matristico en el que hombres y mujeres surjan como iguales colaboradores en el vivir de hecho, sin esfuerzo, como simple resultado de su crecimiento como niños en ese espacio psíquico, en el que las diferencias de sexo son solo diferencias de sexo.

Debemos vivir como hombres y mujeres que viven como colaboradores iguales a través de una co-inspiración en la que hombres y mujeres co-participan en la creación de una convivencia mutuamente, acogedora y liberadora que se prolonga desde la infancia a la vida adulta.



INTRODUCCION

La vida humana es vivida en el fluir emocional que constituye cada instante el escenario básico desde el que surgen nuestras acciones.
Son nuestras emociones: deseos, preferencias, miedos, ambiciones…, lo que determina en cada momento lo que hacemos, no es nuestra razón la determinante.
Cada vez que afirmamos que nuestra conducta es racional, los argumentos que esgrimimos ocultan los fundamentos emocionales sobre los que se apoya y surge nuestra supuesta conducta racional.
Los miembros de distintas culturas actúan de manera distinta llevados por configuraciones diferentes de su emocionar que determinan en ellos, modos de ver o no ver diferentes significados en lo que hacen o no, distintos contenidos en sus simbolizaciones, distintos cursos en su pensar, como modos distintos de vivir.
Son los distintos modos de emocionar de las distintas culturas lo que las hace distintas.
Si entendemos los fundamentos de nuestra cultura podremos entender mejor lo que hacemos o no como miembros de ella.

CULTURA
Las emociones preexisten al lenguaje en la historia de la humanidad como distintos modos de actuar en las relaciones.
Al hablar de amor, miedo, vergüenza, envidia, enojo, connotamos campos de acciones diferentes y sabemos que en cada uno de ellos solo se pueden realizar ciertas cosas y no otras.
La emoción define la acción. Es la emoción bajo la cual tiene lugar una conducta o gesto lo que define a esa conducta, por ejemplo, como invitación o amenaza. Si queremos saber comprender lo que sucede en una conversación, tenemos que ver la emoción que especifica el campo de acciones. El significado de las palabras cambia con el fluir del emocionar.
Cuando hablamos de cultura nos referimos a una red cerrada de conversaciones -red de coordinaciones de emociones y acciones de entrelazamiento entre la un grupo de gente- que define una manera de convivir humana.
Una cultura es un sistema cerrado que genera a sus miembros en la medida en que estos la realizan a través de su participación que la define.
Ninguna acción ni emoción particular define una cultura, porque no entabla una red de conversaciones con otros miembros.
Diferentes culturas suponen diferentes redes de relaciones y emociones.     
Un cambio cultural es un cambio en la configuración.
Los bordes de una cultura son operacionales y surgen con su establecimiento. La pertenencia a una cultura es una condición operacional, no una condición constitutiva ni intrínseca. Cualquier ser humano puede pertenecer a distintas culturas en diferentes momentos de su vida.
                                                                                                                               
CAMBIO CULTURAL
Una cultura desaparece cuando la configuración de la red de conversaciones deja de conservarse. Para entender el cambio cultural hemos de reconocer el cambio emocional que se produce.

CULTURA MATRÍSTICA Y CULTURA PATRIARCAL
La historia humana ha seguido un curso determinado por las emociones, en particular por los deseos y las preferencias. Estos surgen en nosotros en cada instante en el entrelazamiento de nuestra biología y nuestra cultura, lo que constituye en cada instante nuestra acciones. Siempre actuamos según nuestros deseos. Si no entendemos esto no entendemos nuestro ser cultural.

Los aspectos puramente patriarcales de nuestra manera de vivir se caracterizan por la valoración de la guerra, la competencia, la lucha, las jerarquías, la autoridad, el poder, la procreación, el crecimiento, la apropiación de recursos y la justificación racional del control y de la dominación de los otros a través de la apropiación de la verdad.

Nuestra cultura patriarcal dice: luchar contra la pobreza, luchar contra las injusticias, luchar contra la contaminación… Vivimos como si todos nuestros actos requiriesen la fuerza y la lucha.

Vivimos en la desconfianza de la autonomía de los otros, y buscamos la certidumbre en el control de nosotros, de los demás y del mundo. Continuamente hablamos de controlar nuestra conducta o nuestras emociones. 
Nos apropiamos del derecho a decidir de los demás.

Vivimos en la jerarquía que exige la obediencia, afirmando que la coexistencia requiere la autoridad y la subordinación. Y siempre tratamos las relaciones humanas es estos términos.

Justificamos la competencia, el encuentro en la negación mutua, como la manera de establecer los privilegios, bajo la justificación de promover el progreso social.

No aceptamos los desacuerdos como situaciones legítimas que son los puntos de partida para una acción concertada y un propósito común. Solamente toleramos al diferente si podemos llevarle por nuestro camino o convencerlo de que está equivocado.

Vivimos en la apropiación y creemos legitimo establecer por la fuerza la restricción de los derechos de los demás. Mientras, retenemos para nosotros la libertad de movernos en las áreas que restringimos a los demás, justificándolo con principios y verdades de las que también nos hemos apropiado.
Estamos siempre listos a tratar los desacuerdos como disputas o luchas, a los argumentos con armas.

Según los datos arqueológicos se puede deducir que la cultura matrística se define completamente distinta a la patriarcal. Hace 5000 o 7000 años antes de Cristo los pueblos eran agricultores y recolectores, no fortificaban los poblados, no tenían diferencias jerárquicas ni entre hombre ni entre mujeres. No usaban armas.

Las actividades cúlticas, ceremonias, estaban centradas en lo sagrado, en un mundo penetrado por la armonía.

Los campos de cultivo no eran divididos, ni eran propiedad. Hombres y mujeres vestía de forma similar.

El deseo de dominación reciproca no debía formar parte del vivir cotidiano. El respeto mutuo sería el modo cotidiano de coexistencia. La vida no puede estar centrada en la justificación de las acciones que implican la apropiación.

Debieron ser relaciones de participación, inclusión, colaboración, acuerdo, respeto y co-inspiración

EMOCIONAR
Nuestra cultura tiene sus propias fuentes de conflicto al estar fundada en el fluir de un emocionar contradictorio que nos lleva al sufrimiento o la reflexión.
Mientras entran en el proceso de hacerse humanos y miembros de la cultura de su madre, en un vivir centrado en la biología del amor, l@s niñ@s la viven como una danza gozosa, de coexistencia armónica desde la cooperación y el entendimiento.

La segunda fase de su vida en la cultura patriarcal es vivida como un continuo esfuerzo por la apropiación y el control de los otros, luchando siempre en contra de nevos enemigos, entrando en la negación reciproca de la sensualidad y la ternura.

Entonces se entra en una contradicción emocional que se intenta sobrellevar a través del control o la auto-dominación o transformándola en literatura, escribiendo utopías, como una reflexión o abandonar el mundo refugiándose en la desesperanza, volvernos neuróticos o decidir vivir en una vida matrística en la biología del amor. -p.29-

El niño o la niña que no vive su infancia temprana en una relación de total confianza y aceptación en un encuentro corporal intimo con su madre, no se desarrolla propiamente como un ser social bien integrado.  

La manera en que se vive la infancia y el paso a la vida adulta en cada cultura es lo que diferencia las infancias de las distintas culturas.
En la cultura matrística los niños accedían a la vida adulta en el mismo emocionar de su infancia, en la aceptación mutua, la cooperación, respeto y dignidad consigo mismo y con el otro.

En la cultura matrística ha de haberse vivido un pensamiento sistémico, manejando un mundo en el que nada era en sí por sí mismo, si no que todo era según sus conexiones con los demás.
El niño crecería con nuevas actividades y responsabilidades, siempre en la feliz participación en un mundo presente en el vivir. Los pueblos matrísticos han de haber vivido una vida de responsabilidad en la conciencia y la pertenencia a un mundo natural.

El pensamiento patriarcal es esencialmente lineal, tiene lugar en un trasfondo de apropiación y control y se mueve orientado hacia la obtención de algún resultado particular porque no atiende a las interacciones de la existencia.
Por esto, el pensamiento patriarcal es sistemáticamente irresponsable

El pensamiento matrístico tiene lugar en un trasfondo de conciencia de la interconectividad de toda existencia, por ello, ha de vivirse en el entendimiento implícito de que todas las acciones humanas tienen siempre consecuencias en su totalidad de la existencia.
Por tanto, en la medida en que el niño se hacía adulto en la cultura matrística, tiene que haber vivido la continua expansión de la misma manera de vivir: armonía en el convivir, participación e inclusión en una vida y un mundo que estaban permanentemente bajo su cuidado y responsabilidad.

Las relaciones humanas no eran relaciones de control ni de dominación, sino relaciones de congruencia y cooperación, en un vivir interconectado en el que la estética y la sensualidad eran su expresión normal.

El vivir de esa manera requiere una apertura emocional a la legitimidad de la multidimensionalidad de la existencia que solo la biología del amor proporciona.
La vida matrística estaba centrada en el amor, como el origen mismo de la humanidad, y en ella la agresión y la competencia eran fenómenos ocasionales, no modos cotidianos de vivir.

Origen de nuestra cultura patriarcal
Si la cultura matrística estaba centrada en el amor, ¿Cómo pudo surgir la cultura patriarcal centrada en el dominio y la apropiación?

El patriarcado fue traído por pueblos invasores. El origen de una nueva cultura. Basada en una nueva emocionalidad surge como una variación ocasional en el emocionar cotidiano. Y que comenzó a conservarse generación tras generación como simple resultado del aprendizaje en la infancia.

Los cambios en el emocionar ocurren en el proceso de los cambios en el trabajo, en la situación económica o el ámbito de la mística. Yo creo que no es así sino que ambas cuestiones van juntas.

El 1º paso ha debido ser la operación inconsciente que constituye la apropiación.
En el modo de vida pastoral, al matar al lobo no se hace para comer sino para impedir que se como a la oveja, por ello la vida del lobo es tomada para conservar una posesión. Las emociones son diferentes en estos actos, matar para comer o matar para guardar una posesión. Cuando se caza para comer el animal cazado es un amigo, cuando se mata para poseer el animal cazado es un enemigo.

Con el pastoreo surgió el enemigo. Junto al emocionar de la apropiación surgieron la enemistad, la valorización de la procreación, el control de la sexualidad de las mujeres como procreadoras por el patriarca….


Cultura matrística: experiencia mística vivida como una pertenencia pletórica de gozo en una red amplia de existencia cíclica que engloba todo lo vivo y no vivo en el flujo de nacimiento y muerte. Implica el auto-respeto y dignidad de la confianza y aceptación mutua
Cultura patriarcal: la experiencia mística es vivida como pertenencia a un ámbito cósmico inmenso temible y seductor, de una autoridad arbitraria e invisible, implicando una absoluta negación de sí mismo en la total sumisión al poder, propia al flujo unidireccional de enemistad.

El misticismo matristico invita a la participación y la colaboración en el autorespeto y respeto del otro. Es inevitablemente no exigente, ni profético, ni misionero.
El misticismo patriarcal invita a la autonegación de la sumisión, inevitablemente se vuelve exigente, profético y misionero.

Digresión fisiológica: la forma en que el sistema nervioso de una animal opera es necesariamente siempre función de su particular historia de vida, debido a esto, un sistema nervioso siempre implica la historia de vida individual del animal que integra. Nuestro sistema nervioso necesariamente siempre opera de una manera congruente con la cultura a la que pertenecemos generando una dinámica conductual que hace sentido en ella.

Los valores, las imágenes, los deseos, los temores… que una persona vive, esté despierta o soñando, son los valores de su cultura más las variaciones que haya añadido en su vida particular personal.
Debido a esta relación entre el sistema nervioso y la cultura en la que se vive, la gente de la cultura matrística y la patriarcal, han debido tener experiencias místicas diferentes, cada una con una emocionalidad distinta.

Propongo una reconstrucción de nuestra cultura patriarcal basada en la conciencia de que todas las experiencias ocurren como parte de las relaciones que constituye la cultura y que incorporan a su emocionalidad. Puesto que es la emoción de una cultura lo que define su carácter.

 La cultura patriarcal, su crecimiento, es paralelo al crecimiento de los rebaños, con el abuso de los pastizales y a la expansión territorial, con el conflicto consiguiente con otras comunidades. La guerra, la piratería, la dominación y la esclavitud debieron comenzar entonces eventualmente, produciendo migraciones masivas en busca de más recursos de los que apropiarse.

Bajo estas circunstancias nuestros ancestros llegarían a Europa, en un movimiento de conquista, piratería y dominio.

Si la apropiación se legitima, si la enemistad se hace parte de la emocionalidad de la cultura, si la autoridad, la dominación, y el control se caracterizan en la forma de vivir de una comunidad, entonces se hace natural. Entonces todo queda abierto a la apropiación: hombres, mujeres, animales, cosas, tierras, creencias. Todo puede ser capturado por la fuerza de igual manera que el lobo fue excluido de alimentarse del rebaño.

En la medida en que los pueblos patriarcales invasores llegaron a Europa, trajeron consigo la guerra, pero también un modo de ser emocional diferente. Los pueblos patriarcales fueron dueños de propiedades, defensores de la propiedad, jerárquicos, exigieron obediencia y subordinación, valoraron la procreación y controlaron la sexualidad de las mujeres. La cultura matrística no se parecía en nada a esto. Y hubo de haber intereses por destruirla.

Si se vive centrado en la apropiación vivimos tanto nuestras propiedades como nuestras ideas como si ellas fueran nuestra identidad. Así somos los occidentales, vivimos cualquier amenaza a una propiedad, y a nuestras ideas como un peligro a nuestra existencia.

En la invasión de la cultura patriarcal, las creencias, para defenderse de la amenaza matrística, se convirtieron en religiones.
Una religión es un sistema cerrado de creencias, definido por sus creyentes como único y verdadero.

En el proceso de defender su modo de vivir, los patriarcas crearon una frontera de negación del modo de vivir distinto al suyo.

La apropiación de una verdad mística que se sostiene como verdad universal, es el punto de partida o nacimiento de una religión.
Nuestra cultura patriarcal confunde la religión con la espiritualidad. Esta confusión oculta el hecho de que una religión no puede existir sin la apropiación de ideas y creencias y no permite ver la emocionalidad que la constituye. La llegada del pensamiento religioso mediante la defensa de lo que es verdadero y la negación de lo que es falso, es un proceso que nos ha cegado acerca de las bases emocionales de nuestros actos y por consiguiente, acerca de nuestra responsabilidad en esos actos, y ha obstruido la posibilidad de entender que la historia humana sigue el camino de la emocionalidad y no un curso guiado por posibilidades materiales o recursos naturales, debido a que oscurece nuestra visión de que son nuestros deseos y preferencias lo que determina qué vivimos como verdad, qué vivimos como una necesidad, qué vivimos como una ventaja, qué vivimos como un hecho.

COMPARACIONES

Cultura patriarcal

-          Apropiación
-          La fertilidad surge como noción que valora la procreación, en un proceso de crecimiento.
-          La sexualidad de las mujeres se asocia a la procreación y queda bajo control del patriarca.
-          Se valora la procreación y se abomina de cualquier control de la natalidad, y de la regulación del crecimiento de la población.
-          La guerra y la competencia surgen como modos naturales de convivencia y como valores y virtudes.
-          Lo místico se vive relacionado a la subordinación, a una autoridad cósmica que requiere obediencia y sumisión.
-          Los dioses surgen como autoridades normativas arbitrarias que exigen total sumisión y obediencia.
-          El pensamiento es lineal y se vive en a exigencia de la sumisión a la autoridad en la negación de lo diferente.
-          Las relaciones interpersonales surgen basadas en la autoridad, la obediencia y el control.
-           
-          No aparece una oposición intrínseca entre hombres y mujeres pero subordina la mujer al hombre desde la apropiación de la procreación como un valor.

Cultura matrística

-          Participación.
-          La fertilidad surge como visión de la abundancia armoniosa de las cosas vivas en una red coherente de ciclos de nacimiento y muerte.
-          La sexualidad de las mujeres y los hombres surge como un acto asociado a la sensualidad y la ternura.
-          En la procreación se aceptan acciones de control y regulación de la natalidad y del crecimiento de la población.
-          Valorización de la cooperación y el compañerismo como modos naturales de convivencia.
-          Lo místico surge como participación consciente en la realización y conservación de la armonía de la existencia en un ciclo coherente de vida y muerte.
-          Las diosas surgen como relaciones de evocación de la generación y conservación de la armonía.
-          El pensamiento es sistémico y se vive en la invitación a la reflexión frente a lo diferente.
-          Las relaciones interpersonales surgen basadas en el acuerdo, la cooperación y la coinspiración.
-          No aparece una oposición entre hombres y mujeres ni subordinación de uno al otro.


El hombre patriarcal como poseedor de la madre llegó a ser para el niño el padre, una autoridad que negaba el amor al mismo tiempo que lo exigía, un ser cercano y distante que era a la vez amigo y enemigo, que igualaba la hombría con la fuerza y la dominación, y la femineidad con la debilidad y la emoción.
Las mujeres encontraron que su único refugio ante la imposibilidad de escapar al control posesivo de los hombres era conservar su cultura matrística en relación con sus hijos e hijas, sobre todo respecto a sus hijas, que no tenían un futuro de autonomía en la vida adulta como sus hijos.
Los hijos vivieron una contradicción en cuanto crecían en una comunidad matrística por unos años, para entrar en la patriarcal en la vida adulta.
Esta contradicción sigue presente como una fuente de sufrimiento, aunque no la reconocemos. Podemos verla a través de los mitos y los cuentos, ya sea como una lucha entre el niño y el padre en la competencia por el amor de la madre, o como expresión de una disarmonía biológica entre lo masculino y lo femenino.




-          -  continuará….. - 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La educación sin amor no es posible

LA EDUCACIÓN SIN  AMOR NO ES POSIBLE El amor es el pre-requisito básico, esencial e imprescindible para que pueda darse la educación...