sábado, 5 de mayo de 2018

LA ASERTIVIDAD


La asertividad para gente extraordinaria - 
Eva Bach y Anna Forés - 
Plataforma editorial Barcelona
Rcopilado por Joaquín Benito Vallejo


LA ASERTIVIDAD

La asertividad es como una flor: 
requiere cuidados y atenciones especiales; 
emana belleza y delicadeza pero tiene algunas espinas; 
requiere cultivarse, aprender unas técnicas y el desarrollo de un arte personal; 

LA ASERTIVIDAD Es para gente extraordinaria: 
Personas que estén dispuestas a aprender y crecer a lo largo de toda la vida; Personas que quieren hacer el bien;  
que son humildes; 
que asumen que se equivocan; 
que no ponen toda la responsabilidad de lo que les ocurre en los otros; 
que reconocen sus propias dificultades; 
que están dispuestas a poner algo de su parte para aumentar su propio bienestar y el de quienes le rodean;  
que se miran a sí mismas y admiten sus propias limitaciones; 
que quieren ser felices, se alegran de que los otros lo sean y contribuyen a ello en la medida de sus posibilidades;  
Que creen en la fuerza de las relaciones interpersonales, que quieran unir sus manos a otras manos para sembrar, recoger y compartir.

Es para quien tiene presente que vive y convive con otros y quiere cultivar lo exquisito. Tiene que ver con la necesidad de cuidarnos y protegernos unos a otros, generar confianza y proximidad. Contribuir al bien común a partir de la mejora propia. Actitud muy necesaria para el buen funcionamiento de las relaciones.

Implica generosidad, empatía y consideración al otro. 
Escuchar, conocer y considerar los sentimientos que los otros desencadenan en nosotros y los que nosotros desencadenamos en ellos.

Es un recurso para comunicar de un modo respetuoso lo que yo siento y acoger con el mismo respeto lo que sienten los otros.  Aprender  a contener y canalizar adecuadamente determinadas emociones. 

Solo tiene algo extraordinario cuando la acompañamos de un sentimiento profundamente ético y estético de la vida y de las relaciones. Lo más difícil no es su aprendizaje ni su práctica, sino la comprensión profunda de la delicadeza, la nobleza de corazón, la honestidad, la humildad, la responsabilidad, la voluntad de mejora y la consideración hacia los otros que en el fondo implica.

La asertividad es un medio y un recurso para un encuentro más respetuoso, honesto y humano. Favorecer el placer de comunicarnos, el reconocimiento mutuo, el afecto en las relaciones, la asunción de la propia responsabilidad.

No sirve para afirmarse uno mismo, contraviniendo los derechos del otro, encaminándose al cultivo del propio ego y al sometimiento del otro. No vale orientarla para fines exclusivamente personales y utilizarla para salirnos con la nuestra. 

Aplicándola como una mera técnica es un triste baile a solas. De ese modo no contempla la empatía ni la escucha ni sintoniza con lo que requiere la relación. Tiene que sustentarse en un sentimiento auténtico de empatía y de unos valores.

Asertividad – empatía – resiliencia – serendipidad, ...   
Son habilidades para la vida las relaciones interpersonales. 

Resiliencia y serendipidad tienen que ver con la capacidad del ser humano de crecer, madurar y transformarse con las dificultades, extrayendo algo positivo de lo desfavorable y negativo. 

Empatía y asertividad se relacionan con una idea tan buena, poderosa y llena de sentido como el descubrimiento de que no hay magia mayor que lo que suscita en nuestras vidas unas relaciones de calidad.

CONCEPTOS
Empatía = capacidad de percibir, sintonizar, comprender las emociones y sentimientos de los demás.
Asertividad = competencia para expresarnos de un modo honesto, claro y respetuoso, para abrir nuestros corazones y establecer relaciones más sanas, cálidas y próximas.
Resiliencia = capacidad que tenemos para afrontar las adversidades y salir airosos y transformados positivamente.
Serendipidad = Hace referencia a los descubrimientos imprevistos. Es el don de la sagacidad, la sabiduría de convertir un hecho inesperado o adverso en buena suerte. Dar respuesta a la pregunta: ¿Qué hay de bueno en todo esto?


La felicidad depende en cierta medida de los vínculos afectivos que establecemos con los otros. 
Las características principales de las personas consideradas felices 
es que gozan de una buena red de relaciones estables.

Esto tiene una base neurocientífica. Las interacciones sociales afectuosas, cordiales y positivas estimulan la secreción de oxitocina -hormona del amor- y se convierten en fuente de salud y bienestar. Las buenas relaciones se convierten en aliados biológicos. (Goleman)

La felicidad es el prólogo de la vida significativa: emplear las fuerzas y virtudes apropiadas al servicio de algo que trasciende nuestra persona. (Seligman)

La asertividad es una de las claves de las relaciones armoniosas y las relaciones armoniosas son una de las claves de la felicidad.

Nuestra felicidad depende de la calidad de nuestras relaciones y la calidad de nuestras relaciones dependen del grado de asertividad, afecto y empatía que seamos capaces de desarrollar.

La asertividad exige y presupone respeto hacia uno mismo y hacia los otros. Respeto significa consideración. (Terricabras)


La asertividad es el arte de la exquisitez interpersonal. 
Como todo arte requiere un cierto conocimiento de unas técnicas y el desarrollo de un estilo propio. Y lo más importante, el deseo de ser asertivo, la firme voluntad de aprender a expresarse asertivamente, de una manera delicada y considerada.

La asertividad es un derecho: -todos debemos ser bien tratados-, y a la vez es un deber: -todos tenemos que tratar bien a los demás-.

A veces, la asertividad es un eufemismo que utilizamos para suavizar cosas gordas que pensamos de los otros. En este uso hay implícita una trampa. Si lo utilizamos para endulzar algo amargo quiere decir que previamente hemos hecho un dictamen y juicio sobre el otro y lo único que pretendemos es disimularlo.

Lazarus, concreta la conducta asertiva en cuatro habilidades sociales:
·       Capacidad de decir que no.
·       Capacidad de pedir favores y hacer peticiones.
·       Capacidad de expresar sentimientos positivos y negativos.
·       Capacidad de iniciar, mantener y cerrar conversaciones.

Se necesita para dar las gracias, para pedir disculpas, para presentarse uno mismo, hacer una pregunta, efectuar o aceptar una crítica, dar o aceptar un elogio, negociar, etc.

La asertividad es algo más que una suma de conductas. Está compuesta de muchos lenguajes, verbales y no verbales basados en la sinceridad, no en el enmascaramiento para manipular y dominar al otro. Requiere la humildad de ver a los demás como iguales. Lo primero es el respeto por el otro y por mí.

Todo ser humano tiene ciertos derechos. Y también implica otra serie de deberes.


La asertividad no es una conducta o estado temporal, sino una cualidad permanente de la persona.

Tiene que ver más con el SER que con el ESTAR.

Como diría Erich Fromm, este SER implica entre otras cosas:
  
·       Sentir la alegría que causa dar y compartir en lugar de acumular y explotar.
·       Hacer del pleno desarrollo de sí mismo y del prójimo, la meta suprema de la vida.
·       Saber que para alcanzar esta meta, es necesaria la disciplina y respetar la realidad.



La asertividad es una herramienta que te ayuda a SER tú mismo, a no tener miedo ni vergüenza de tus propias convicciones, a defenderlas con entusiasmo sin menospreciar ni mostrarte agresivo con quienes no las comparten.

Se basa en la autoestima, se apoya en el respeto a las propias convicciones sin pretender imponerlas a los demás.

Su práctica aumenta la confianza en ti mismo y la soltura con la que puedes hacer frente a cualquier situación.  (Eric Schuler)

La asertividad es tener la humildad y el coraje de SER y al mismo tiempo de DEJAR SER.


Nadie puede ser asertivo cien por cien.
¿Quién en algún momento no ha hablado de más?
¿Quién en alguna ocasión no ha levantado la voz más de la cuenta?
¿Quién no ha invadido el espacio del otro?
¿Quién alguna vez no ha callado cuando convenía hablar?

Ya sea por temor, inseguridad, prudencia, falta de habilidad… no siempre decimos lo que tenemos que decir, ni callamos lo que tenemos que callar.

Se distinguen tres estilos: asertivo, pasivo, agresivo. Y también el pasivo – agresivo que tiene al menos dos lecturas: el de la agresividad encubierta, o el de la pasividad que va acumulando tensiones y cuando llega al límite, estalla y acaba en agresividad. Puede haber otro estilo: no asertivo.

 La asertividad es un punto medio equidistante entre la pasividad y la agresividad. Nadie se sitúa nunca en el punto justo de equilibrio. Hay cierta oscilación hacia uno y otro extremo, dependiendo de la personalidad, de las circunstancias o del contexto. 
De lo que se trata es de no ser siempre pasivo o agresivo en extremo. Incluso la asertividad es desaconsejable por sistema. Hay que ser primordialmente asertivo, pero en algunas circunstancias no es recomendable, porque puede poner en evidencia las limitaciones o la incompetencia social de otras personas.

Plantearse el hecho de si debemos hablar o callarnos ante una situación conflictiva, ya conlleva cierto grado de asertividad. 
Si se habla puede resultar agresivo, por el contrario, si se opta por disimular, pasivo. Pero se puede decir algo consumo tacto y respeto: asertivo. Ningún concepto puede ser tomado de una manera rígida. 
Depende de cómo se hable puede no ser agresivo y a veces la pasividad es lo más inteligente. Tampoco se puede ir por la vida aleccionando a los demás, causa un gran desgaste, nos puede meter en líos y a veces tampoco nos corresponde.

Ninguna expresión es claramente agresiva, pasiva o asertiva. Depende de sus intenciones y efectos. Una conducta asertiva -o pasiva- pueden ser interpretadas como agresivas. Etc. La misma conducta puede tener diversas interpretaciones según la persona y el contexto. Depende de la adecuada combinación de diversos factores como son las emociones y los sentimientos. El veneno no está tanto en las palabras, como en el sentimiento, que se expresa por el tono, la intención, el gesto y otros elementos.

El silencio puede ser también asertivo, pasivo o agresivo.  
Podemos callar para no dañar, para no meter la pata, para darnos tiempo, para dejar espacio al otro. En todos estos casos el silencio tiene un fondo asertivo.
Pero también, podemos callar por no creernos con derecho a hablar, por miedo, por sometimiento, por sentirnos inferiores. En estos casos el silencio obedece a una actitud pasiva.
Y también, podemos callar para castigar al otro, para confundirle, incomodarle, vengarnos, manipularlo, tener poder sobre él. Aquí, es un silencio agresivo.
Los significados del silencio a veces son evidentes y otras veces no. Cuando no lo son podemos llevarnos a confusión. Explicar su significado es una buena manera de evitar malentendidos. Cuando tenemos que interpretar algo sin tener los datos suficientes, nos podemos montar una película particular llena de carga emocional que es difícil cambiar después.


Cuando hables, procura que tus palabras sean mejor que el silencio. 
Pero cuando tu silencio pueda confundir o molestar, debes hablar.

Lo asertivo, lo pasivo y lo agresivo se confunden a veces. Hacer un juicio de valor gratuito, no solo tergiversa, sino que sitúa en un plano de superioridad.
Hay una frontera que hemos de aprender a distinguir. Una cosa es sentirnos mal y otra perder los estribos y atacar al otro. Distinguir lo que pertenece al sentimiento y lo que entra en el terreno de la acción. Toda emoción esta permitida, toda conducta no. También, a menudo lo que nos enoja es causa de nuestra interpretación. Hay que distinguir entonces que lo que dice el otro no es lo que yo entiendo. La asertividad consiste en ser capaz de discernir ambos aspectos. 
Cuando uno entra al trapo puede no ser por maldad, sino por torpeza o incompetencia.

La ira hay que poder expresarla, pero hay que lograr reconducirla hacia el amor. Aunque resulte paradójico, la asertividad resulta útil entre otras cosas para aprender a enfadarnos “amorosamente”. 
El verdadero arte de las emociones consiste en aprender a conjugar y armonizar sentimientos contradictorios. 
La apuesta sincera por la asertividad revierte en nuestra competencia emocional y amplía nuestra madurez. Nos lleva a desarrollar estrategias para esquivar el secuestro emocional. A ser capaces de ver en las respuestas desafortunadas del otro y las nuestras, las limitaciones que todos tenemos en lugar de ver por sistema una provocación o una ofensa. A identificar más claramente de donde surgen nuestras emociones y a ser más libres frente a ellas.

Nuestras generaciones tienen una gran tarea que resolver: Utilizar un nuevo nivel de percepción introspectiva y dominio de uno mismo para romper la cadena de violencia personal, familiar y cultural, tanto a nivel mental, como de palabra y de cuerpo. No podemos traer la paz que necesita el mundo y las nuevas generaciones, si no nos liberamos a nosotros mismos de la esclavitud a la que nos somete nuestra ira heredada y la violencia. (Robert A. F. Thurman)

Es necesario romper la cadena de resentimiento, de rabia y dolor acumulados a lo largo de generaciones, heredado de nuestros grupos de origen: familia, nación cultura…, a las que pertenecemos. 
Provienen de situaciones emocionales traumáticas de nuestro pasado individual, familiar o colectivo, que quedaron sin resolver y que nos siguen influyendo de un modo latente o inconsciente, porque la verdadera trama del problema permanece oculta.



Podemos ser muy tolerantes, prudentes y amables, pero también debemos atender a nuestra dignidad para saber cómo una situación nos puede afectar. La clave está en ver si nos sentimos libres realizándola. Si hemos sido coaccionados, o temer ser despedidos del trabajo, por ejemplo, o perder otra cosa, entonces podemos acceder a una exigencia a costa de la libertad y de la dignidad personal. Una de las premisas de la asertividad es la libertad, tanto de pensamiento como de acción. Cuando nos sentimos libres y a la vez dignos, se incrementa nuestra satisfacción.

La asertividad no es posible sin el otro. ¿Pero qué sucede cuando yo y los otros tenemos diferente grado de asertividad?

1.    Si nos juntamos 2 personas agresivas. Somos como dos gallos de pelea. Ambos queremos tener razón. Lucha entre egos: cada uno pretende ser el más fuerte, el que mas sabe, el que tiene el poder, etc., sin importarle el otro. Es difícil la solución.

2.    Si yo soy asertivo y el otro agresivo. Tengamos calma e intentemos dialogar. Hemos de invitarle a ver las cosas de otra manera y quizá también a que cambie su actitud.

3.    Si yo soy pasivo y el otro agresivo. Tenemos que trabajar para desarmar a la persona agresiva a partir del ingenio y esquivando o dejando pasar sus ataques.

4.    Si yo soy agresivo y asertivo el otro. Es necesario un acto de humildad por mi parte. Reconocer nuestra falta de asertividad nos hará sensibles y mejorar la convivencia.

5.    Cuando ambos somos asertivos. Nos vamos a respetar y entender mutuamente.

6.    Si soy una persona pasiva ante una asertiva. Quizá tenga interés por aprender y confiar en que la otra persona me va a ayudar y favorecer mi asertividad.

7.    Si soy agresivo y el otro pasivo. Mi gran YO está servido. No se puede ir por la vida mirándose el ombligo, sin ver a nadie más, y manipulado o sometiendo al otro. Hay que ceder el protagonismo y dar un lugar al otro. El otro, por ser pasivo no tiene que ser despreciado, infravalorado, o atropellado con frases o entonaciones despóticas.

8.    Si soy asertivo y el otro pasivo. Le puedo regalar una caricia de reconocimiento y autoestima, para que pueda seguir creciendo.

9.    Si somos ambos pasivos. Uno por el otro, por no ofender, por temor, pierdan muchas oportunidades de crecimiento y comunicación.  Alguien deberá decidirse a dar el paso.


Corderos y lobos

Seguro que hemos conocido a alguna persona con apariencia “feroz”, pero por debajo hay una persona tierna y amable. Y al contrario, conoceremos también a una persona con apariencia tierna y amable que puede tener tendencias perversas.

Hemos crecido etiquetando el mundo entre buenos y malos, pero después vamos encontrando matices: los lobos pueden ser animales cariñosos; Caperucita no es tan inocente ni la bruja tan malvada; los piratas pueden ser honrados.

Deberíamos observar bien a las persona y evitar prejuicios de categorización. Cuando dividimos el mundo en dos, solemos hacer una distinción entre nosotros -los corderos- poseedores de inteligencia, bondad, integridad moral, etc., y los otros -los lobos- encarnadores de la maldad, la hipocresía, la estupidez, la falsedad.

Lo más grave no son los estereotipos, sino los sentimientos que los acompañan. Cuando cambian las emociones cambian las conductas. La clave para cambiar las emociones es conectar consigo mismo y acercarse al otro abriendo los corazones.
El reto al que nos enfrentamos es: aumentar el círculo del “nosotros” a la vez que disminuimos el del “ellos”.

¿Somos lobos con piel de corderos? Encontramos peros a cualquier cosa; nunca estamos satisfechos del todo; vemos más lo negativo que lo positivo; somos incapaces de felicitar sin soltar a continuación una crítica; regalamos consejos sin que nadie nos los pida….

Aunque seamos aparentemente agresivos, no buscamos dañar al otro, sino, simplemente reafirmarnos nosotros. Al aleccionar o rebajar al otro tapamos nuestras frustraciones e inseguridades y nos crecemos un poco. Nuestras críticas a los demás no son más que pequemos apaños o consuelos para nuestra propia autoestima. El problema es cuando se conecta con una herida o carencia del otro, o con una baja autoestima. Entonces puede vivirse como una autentico ofensa o agresión y ver a los otros como auténticos depredadores.

Ante críticas que no corresponden, está bien no prestarles demasiada atención. No se puede ir por la vida aleccionando a todos. Resulta inoportuno, es agresivo y no sirve para nada.

Dar consejos es desaconsejable. Para que sean bien recibidos han de ser dados por la persona idónea. Que tiene autoridad, credibilidad y permiso para ello, para darlos en el momento oportuno, cuando se está receptivo, cuando se pide o se necesita abiertamente.
No dar consejos es asertivo, supone que somos capaces de aceptar lo que no nos gusta y que renunciamos a tenerlo todo bajo control.





jueves, 26 de abril de 2018

Ambiente, emoción y ética


Ambiente, emoción y ética 
-La cultura de la sostenibilidad- Ramon Folch 
RBA Libros S.A. 2012
Recopilación por Joaquín Benito Vallejo



La idea de que el hombre es un animal racional suplanta el principio de que los hombres son simplemente inteligentes. 

Es lo bastante inteligente para concebir armas nucleares y lo bastante irracional como para fabricarlas.


El humano pertenece a una especie biológica, pero se cree que todo incluso el universo está organizado para él, de ese modo,  utiliza y se sirve de todas las demás especies y de todos los recursos planetarios en su propio beneficio actual. 

Somos una especie que incide sobre la globalidad a partir de ciertas destrezas culturales que no corresponden a un pensamiento biológico.

En realidad nos comportamos como una plaga, 
una especie oportunista y resistente a los mecanismos de defensa de las demás especies, 
a cuya costa crecemos  de forma rápida e incontrolada.

El problema de las plagas es que cavan su propia fosa. Al expandirse a expensas de todo acaban diezmadas a pequeños stoks residuales. Y acaban con otras especies a la vez, necesarias para mantener el ecosistema.

No nos percatamos de nada. Creemos que gobernamos el sistema, cuando es el sistema el que nos gobierna. 

Hay que frenar el boom demográfico, contener la demanda de energía fósil y redistribuir los recursos económicos.

Nuestro imperfecto pensamiento nos hace ecológicamente muy agresivos. 
Somos una plaga menos inteligente de lo que creemos, las leyes de la ecología nos pararán los pies, no sin dolor ni sufrimiento.

La tierra no peligra, ella se regenerará. Los  únicos que peligramos somos las especies vivas  y quienes más los humanos. Quien necesita la atmósfera, el clima, y las demás especies, somos nosotros.

Más de la mitad de las especies de vertebrados ibéricos desaparecerá en este siglo. Las mariposas y otros insectos ya lo están haciendo. No creamos que no son necesarias, cumplen papeles fundamentales en la biosfera.

No tenemos ni siquiera vergüenza para reconocer nuestra brutalidad y autodestrucción.

sábado, 21 de abril de 2018

EMOCIONES y AMOR


EMOCIONES  y AMOR 



El desarrollo de la vida se basa en la comunicación. 
Esta,  además de ser la base primordial de la vida, lo es también de todo lo que ella significa en sus diversas manifestaciones y facetas y en su evolución hasta llegar al hombre.
La comunicación existente dentro de las células, en sus microscópicos elementos internos en relación con sus funciones, y  de todo el organismo vivo, en su interior y en su interrelación con el exterior del cual depende para vivir. 

La comunicación que dio lugar a la vida y ha dado lugar a la convivencia, a la sociabilidad, a la colaboración, a la repartición de tareas,  al cuidado y protección de las crías, al altruismo del grupo, a la empatía, es el prerrequisito de lo que es el amor, la emoción primordial de la vida, de la organización y del orden biológico, que nos ha llevado a la convivencia humana.

Las emociones son improntas, marcas o señales, que el ser vivo ha desarrollado en su interrelación con el entorno para conducirle por el camino de la vida. 

Las emociones nos señalan lo qué es bueno o malo para vivir, en estrecha relación con lo que nos causa placer o displacer, dolor. Para avisarnos de ello, para que huyamos o rechacemos lo que nos causa dolor y pongamos remedio a ello, para que vayamos por el camino de lo que es bueno y nos causa placer. 

Las necesidades se organizan en torno a lo que es bueno y nos causa placer. El amor es considerado la emoción primordial –según dice Maturana- la principal causante del placer de vivir y de las relaciones que se establecen con los demás, porque ella es el culmen de las adquisiciones en la sociabilidad del placer de vivir en la convivencia.  

El amor es además el mayor sostenimiento de nuestras otras necesidades primarias: La alimentación, la salud, el deseo de vivir, el cuidado, la protección, la seguridad, la confianza, la atención, el ser tenido en cuenta, el desarrollo, la integridad personal.

El más alto paradigma del amor es el de la madre por el hijo –amor biológico y social- en el que ella lo da todo a cambio de nada, a cambio de ver florecer al hijo. 
-Pero este amor podría convertirse en despótico si no le deja florecer libremente, lo que significa procurarle vivir independientemente, sin ataduras-. 

El amor desinteresado se lo ha proporcionado a la madre el propio desarrollo de la vida. El amor es biológico porque sin el amor de la madre no podríamos vivir. Necesitamos a la madre con sus cuidados para vivir, necesitamos a los otros para desarrollar nuestras capacidades.
Y el amor es social porque sin los otros no lo podríamos satisfacer. La vida ha ido dotando a los seres vivos de la necesidad de los otros. Para ello ha ido elaborando tramas de relaciones, formas de enlazarse unos con otros en dependencia mutua. Así, las crías necesitan a sus padres para poder vivir en los primeros momentos de la vida. 

A medida que las especies han ido evolucionando, estos lazos se hacen mayores, los seres son más dependientes de sus padres, pero para hacerse con ello, más independientes. 
El ser humano es el más dependiente en su nacimiento y paradójicamente,  para ser el más independiente en su madurez, ya que hasta pasados varios años desde su nacimiento no puede vivir solo, sin embargo luego llega a ser el de mayor independencia y autonomía, mientras que los otros seres vivos que nos preceden, pueden llegar a vivir con una cierta autonomía desde que nacen, pero no adquieren una independencia mayor con su desarrollo.

Pero todos, ellos y nosotros nacemos con una serie de improntas, de huellas, de marcas, de conductas para estar ligados a los de nuestra especie, ser reconocidos y con ello tener un seguro de vida. Así pues, las madres reconocen a sus crías y están disponibles para ellas, sabiendo cómo las tienen que cuidar y proteger. Y las crías gozan de conductas para demandar a sus madres sus necesidades si a estas se las olvidara. Así, el niño, llora, patalea, se incomoda, llama la atención...

Crecemos en nuestra interrelación con los otros. Los otros son el espejo, la motivación, el estímulo, los otros son el riego que nos alimenta, el sol que nos alumbra, la atención que nos tiene en cuenta. 
El amor es el resultado de la sociabilidad, de la convivencia, del altruismo, de la empatía, de ser reconocidos como seres. Todas esas condiciones fraguadas y desarrolladas en el complejo proceso de la vida y de la evolución de las especies que nos han precedido.

Por todo ello, nos dice Maturana: “Nosotros, los seres humanos, somos seres biológicamente amorosos como un rasgo este de nuestra historia evolutiva. 
Esto significa dos cosas: la primera es que el amor ha sido la emoción central conservada en la historia evolutiva que nos dio origen desde hace unos cinco a seis millones de años atrás; la segunda es que enfermamos cuando se nos priva de amor como emoción fundamental en la cual transcurre nuestra existencia relacional con otros y con nosotros mismos.”

Al considerar el amor como el reconocimiento de nuestro ser por los otros, de nuestra idiosincrasia, aquello que nos hace únicos, y lo que ello conlleva: ser tenidos en cuenta, ser respetados en nuestra singularidad, su fractura, su falta, nos enferma no solo a un nivel psíquico, con depresiones, neurosis, patologías, o enfermedades mentales diversas, las sociopatías, la maldad, el desarraigo, etc.,  etc., sino físicamente también, puesto que la unidad entre el cuerpo físico y los estados mentales es obvia y reconocida, y su influencia es diversa también, desde un malestar respiratorio, una urticaria, un cáncer, o cualquier otra enfermedad. Cuando la integridad del ser se rompe su manifestación es la enfermedad.

Por ello dice Maturana que enfermamos cuando se nos priva de amor. Visto de otro modo, en psicología se sabe que todas las neurosis son el resultado de problemas de amor, -entendido el amor como lo hemos descrito-, produciendo a su vez, diversas manifestaciones somáticas. Y aún más, los niños del hospicio descritos por Spitz sufrían retrasos psicomotores graves, como resultado de la falta de amor. Son muchos los casos que podemos describir, -la pérdida de un ser querido, nuestro propio desamor manifestado como infravaloración, etc., pero ahora sigamos escuchando a Maturana:

“El amor es un fenómeno relacional biológico, consistente en la clase de conductas a través de las cuales el otro surge como un legítimo otro en la cercanía de la convivencia. Si no hay amor no hay socialización genuina. Una sociedad en la que se acaba el amor entre sus miembros, se desintegra.” “Los seres vivos tienen dos dimensiones de existencia. Una es su fisiología, anatomía y estructura, la otra, sus relaciones con otros seres, su existencia como totalidad, lo que nos constituye como humanos es este dominio relacional donde se configura nuestro ser. Todo lo espiritual, los valores, la historia, la  filosofía  pertenecen al ámbito de las relaciones. El organismo existe en una armonía interna que se pierde cuando sus relaciones e interacciones dejan de ser congruentes. La negación del amor rompe esta congruencia y da origen a alteraciones fisiológicas que hacen posible alteraciones en todos los procesos homeostáticos. La mayor parte del sufrimiento humano y de las enfermedades, tienen su origen en la negación del amor.” “El amor es la aceptación del otro junto a uno en la convivencia.  Es el fundamento biológico del fenómeno social. Sin amor, sin aceptación del otro junto a uno no hay socialización y sin socialización no hay humanidad. Cualquier cosa que limite o destruya la aceptación del otro junto a uno, destruye el fenómeno social”

Lo que No es amor


 Lo que NO es amor 
- el enamoramiento o "amor romántico"-
Joaquín Benito Vallejo

(De la colección "arboles heridos")


No es amor lo que habitualmente se nos muestra como amor, el llamado amor romántico, eso con lo que se cocinan los sueños y las fantasías.
No es amor lo que está presente en nuestra vida cotidiana y es el caldo de cultivo con que se aliñan las películas, las novelas, las canciones, etc., etc., y nos alimentan a diario con ellas. Todo eso es mentira.

Nos engañan y nos hacen caer en la trampa porque lo estamos deseando. Y lo deseamos porque carecemos de ello.

Ese falso amor llamado amor romántico que deseamos, se basa en todas o en alguna de nuestras carencias.
No somos nosotros, no estamos realizados, estamos solos, somos inseguros, nos falta lo esencial: nuestra propia vida, nuestro propio ser, nuestra realización personal, sino todo, si algunas o bastantes de las causas que configuran esa realización.
Y entonces, por esa razón, creemos, como compensación, como proyección, creemos que lo que nos falta está en el otro.

Y caemos locos por buscar la llamada media naranja, el príncipe azul, o la princesa donde creemos que yacen todos los sueños, todo lo que nuestra imaginación sedienta llama felicidad, ese personaje idílico, abstracto, indefinido, bello, perfecto que encarna nuestros  deseos, nuestra  realización, nuestros sueños, nuestro mundo feliz, una entidad abstracta desde luego, pero que es concretizada en una persona, la que creemos nos va a proporcionar lo más alto que podamos imaginar, la felicidad y tantas otras múltiples utopías irreales y fantásticas.

Lo descrito hasta aquí, son considerados en general, amores patológicos, neuróticos o narcisistas, frutos de nuestras carencias y por lo tanto de nuestros deseos, a través de los cuales intentamos buscar nuestra propia realización en los demás.

Mezclado o camuflado como sexo, pero mucho más que eso, e incluso algo distinto y más profundo, casi vital, e inconsciente por supuesto. En definitiva, buscamos en el otro lo que nos falta en nuestra raíz personal, aquello quizá que nos llegue a definir como seres humanos. Por ello es un impulso tan grande que rige nuestros anhelos y deseos y lo confundimos con amor y creemos que está en el otro.

Eso que nos falta y que buscamos en el otro no está en el otro, es una carencia vital que yace en el fondo de nosotros.

El hecho de que nos enamoremos de otra persona en sueños o en la vida real, caminando por la calle o en otro lugar idóneo, simplemente porque nos ha sonreído, nos ha mirado, o hemos interpretado un gesto dirigido hacia nosotros, es un equívoco, producto de otro equívoco, una fábula, un engaño, una tergiversación, la manifestación de unas carencias internas profundas, y por lo tanto, proyectamos en el otro aquello que nos falta como si el otro fuera portador de ello.
Buscamos en el otro lo que nos falta, por ello, cuando nos mira o sonríe, vemos en ello su reconocimiento y admiración. Creemos en ello que el otro nos admira y ama. 

En realidad, salimos a la calle buscando que alguien nos mire, y como hay muchos que salen a la calle deseando que los miren, no es difícil que dos miradas que buscan, se encuentren, y entonces creamos que estamos predestinados, y que veamos en el otro, eso que estamos buscando sin descanso, eso que tanto nos falta y tanto anhelamos.
Y el otro que está buscando lo mismo por sus propias carencias también se lo cree, con lo cual se establece una locura a dos, un “amour fou”. 

En realidad, lo que buscamos es la admiración, el reconocimiento, el aplauso, buscamos que nos admiren, nos quieran, nos adulen, seamos reconocidos como alguien,  y entonces, caemos perdidos en la equivocación.

Cuando dos personas caen en esto al mismo tiempo es que ambos necesitan la admiración y el reconocimiento del otro porque ambos carecen de ello.

Y porque carecen de ello lo buscan por doquier, desesperadamente, está presente en ellos como la necesidad vital que es.

Por ello ambos caen subyugados uno en el otro.
Y entonces creen, que ambos estaban predestinados el uno para el otro. Que el otro es el agua que le sacia y le colma la sed.

A continuación, entran en un periodo de locura, en el que solo ven por los ojos del otro, y no pueden estar solos sin el otro. Se le necesita de una manera vital. No pueden vivir sin él.
Pero, necesitar al otro no es amarle, es que él nos ame como una madre a su hijo del alma.
Entonces decimos -y podemos hacer- tonterías: - me muero sin ti, - no puedo vivir sin ti, - si me dejas me mato -o te mato-.

Todo es una necesidad del otro, de su admiración, no de amor. Estos son también mecanismos, autoengaños, para seducir al otro para que no nos deje, para que nos de todo. Hasta que nos cansemos y busquemos a otro.

Creemos ilusos que nuestra realización está en el otro. Pero lo único que se busca es la admiración, el aprecio, el reconocimiento, de la persona y del ser.

En definitiva, buscamos al otro para que nos de la vida que no tenemos.  Para que nos de todo lo que nos falta.

No puede amar quien le falta su realización personal.
Amar es dar.
 A quien le falta algo lo que hace es pedir, no dar, no puede dar, y si parece que da, es solo una simulación, para engañar al otro, para que el otro le dé eso que tanto le falta.
Eso es lo contrario del amor, es narcisismo, egoísmo en los casos más pronunciados, pero no es amor.



Alberoni: “Enamoramiento y amor” – Nadie se enamora si está satisfecho al menos en parte, de lo que tiene y de lo que es.” “La predisposición al enamoramiento es el sentido profundo de no ser o de no tener nada que valga, es el sentido de la nulidad. La inseguridad, la desvalorización, la fetichizacción
.
El que nuestra vida cotidiana, y todas las historias contadas, las novelas, la literatura, la canción, etc., se basen en los amores románticos, muestran y explotan nuestras carencias de amor y realización.






jueves, 19 de abril de 2018

Impedimentos para SER


Amar es estar con el otro - permitirle ser - ayudarle - protegerle - 
construir las condiciones para su desarrollo personal

¿Cuáles son las condiciones para que se dé el amor?
Que el ser humano haya alcanzado su madurez psíquica.
Que sea un ser íntegro, auto realizado, sin ataduras.

¿Cuáles son los impedimentos para ello?
La sociedad en la que vivimos, que nos impide SER simple y llanamente. 
Desde el primer momento nos ata de diversas maneras, a nivel emocional, que es la primera premisa para que se establezcan otras; la segunda, impidiendo  desarrollar todas nuestras potencialidades; la tercera, inculcándonos en su lugar formas de ser, softwars, programas de comportamiento, imitaciones, roles; cuarta, convirtiéndonos en mercancías, cosas, objetos.


La sociedad capitalista

La sociedad en la que vivimos se llama CAPITALISTA, pongamos nombres a las cosas – no nos engañemos  - no nos dejemos engañar – porque entonces nos traicionamos a nosotros mismos en nuestra raíz.

¿Se puede cambiar todo esto?

Cambiar la sociedad implica cambiarnos a nosotros mismos a la vez que a la sociedad – no puede hacerse una cosa sin la otra, van unidas.

Hay que luchar por dentro y por fuera, en nosotros mismos  y en los demás,  en las personas y en las instituciones que son las que nos impiden ser personas.
En las leyes, en las costumbres, en la cultura; en los credos y las creencias; en las ideologías; en el tuétano de nuestros huesos, en nuestras formas de ser, y en las formas de actuar, en lo establecido y en los establecimientos...

La educación
En el carácter inculcado impreso en nuestra carne, en el carácter impreso por la educación,  -más bien llamada domesticación–, en los softwars implantados en nuestro cerebro…
En nuestra realización personal  -lo que implica no solo desarrollar todas nuestras potencialidades cercenadas, castradas en la cuna-.
Sino, des-educarnos – des-acostumbrarnos – des-culturizarnos – porque ellas son las sogas que llevamos al cuello.

Re-volvernos – de rebelarnos y de volvernos a hacer – de re-volvernos las entrañas para nacer de nuevo…

Conocernos – intentar des-hacer los traumas, las ataduras, los falsos apegos, las idealizaciones, las idolatrías…
Y si no podemos porque ya están demasiado cristalizadas y quizá resulte imposible romperlas, al menos ser conscientes de ello y no transmitirlas, y no convertirnos en tiranos como fueron con nosotros, y no ser los transmisores  de sus intereses…

Para ser conscientes hemos de estar en conexión con nosotros mismos, con los demás y con la sociedad donde vivimos.

Conexión = Contacto corporal
Para darnos cuenta que cojeamos
Que nos equivocamos
Que nos engañamos
Que nos refugiamos

Para estar más seguros
Ser inconsciente es vivir en la seguridad, cómodos, ausentes, autómatas

¿¿Nos convierten en autómatas o somos nosotros quienes preferimos ser autómatas. ???  Para sentirnos más cómodos
Se renuncia a SER plenamente con los miedos, las dudas, las incertidumbres, los demonios, pero a la vez renunciamos  a los placeres que son mayores, a ser auténticos, a ser dioses…. –maldita palabra-

Estar en conexión con nosotros mismos es la base para estar en conexión con los demás  y a la inversa, porque no podemos estar con nosotros sin estar con los demás
Y esa es la base del amor 

El cuidado
Nos impiden ser y para ello nos impiden cuidarnos y cultivarnos. 
No nos dan tiempo ni herramientas ni recursos para ello.
El trabajo y el automatismo lo ocupa todo. 
Esa es la excusa para no poder hacer otra cosa.
Para no dedicar el tiempo a nosotros. 
A SERNOS, a hacernos, a con-movernos - movernos y emocionarnos con los demás.
Estamos vendidos por un cacho de pan, somos animales rumiantes, vacas, cerdos, pollos, encerrados en granjas cebándonos con golosinas y mentiras para matarnos en su beneficio. 
Mientras tanto no nos cuidamos, que es cultivarnos, que es convertirnos en seres propicios, en semillas fructíferas. 
Nos impiden ser, realizarnos, que esa es la función del cuidado, y lógicamente, impiden que dejemos realizarse a nuestros hijos, que los cuidemos, que no tengamos tiempo para ello, con lo cual carecen del vínculo primario y necesario. 
Los encerramos en guarderías porque no tenemos tiempo de estar con ellos. Y lo mismo hacemos con nuestros padres ancianos, tampoco tenemos tiempo para ellos, cuando más lo necesitan y también los encerramos en residencias para que se mueran lentamente inmensamente tristes, para que se mueran de tristeza, des-cuidados, des-atendidos,  des-amados.
Esta es nuestra creciente sociedad y así es nuestro progreso.


lunes, 9 de abril de 2018

Educación afectiva, integral, libre, cogestionada.


Educación afectiva, integral, libre, cogestionada.

1- El amor o afecto es la primera pauta o vínculo de la relación entre padres e hijos.  El afecto ha de ser segurizante, confirmante, referencial, respetuoso con el ser y la personalidad del niño, reafirmándole y apoyándole como SER antes que ningún otro objetivo.

2- Integral significa que desarrolla todas sus capacidades innatas y naturales como ser humano. Que no busca únicamente el desarrollo de parcelas aisladas del ser. Que no impone restricciones. Que no desarrolla solo aquellas materias que le interesan a la sociedad, a la economía o más concretamente a los padres.


3. Libre quiere decir que no está sometida a ideologías, ni a coacciones o seducciones que impiden el desarrollo de sus impulsos naturales y potencialidades. Que al niño ha de dársele todas las posibilidades, experiencias y vivencias, para que él pueda elegir qué hacer y ser.


4- Cogestionada, que ha de ser gestionada en las relaciones de igualdad y respeto con los demás -padres, educadores, otros niños, entorno- y es dentro de esas relaciones de igualdad, donde se marcan las normas de convivencia.





piedra y nube: EL PUEBLO

piedra y nube: EL PUEBLO :           Un punto invisible en el mapa del mundo. Un lugar sin nombre, mudo y ciego para el resto del planeta....